Laila Alí, tras los pasos de su padre

Laila Alí, tras los pasos de su padre

Laila Alí, de 28 años, acaba de ganar a la sueca Asa Sandell, de 38 años, en el cuadrilátero del estadio Max Schmeling Hall en Berlín, Alemania.

Esta joven boxeadora debutó en 1999 y desde entonces sólo ha cosechado éxitos. Su palmarés consta de 22 victorias, de ellas 19 por KO y ni una sola derrota.

Muy atento, Mohamed Alí, de 63 años, cada vez más debilitado por la enfermedad de Parkison que le obliga a reducir sus apariciones públicas, asistió al combate de su hija en la ciudad alemana, y subió al ring para abrazarla bajo los aplausos de los diez mil espectadores que abarrotaban el polideportivo.

Laila, de 1,77 metros de estatura y 76 kilos de peso, que defendió su título y derrotó a la sueca en el quinto asalto por «nocaut técnico», lleva seis años de carrera y ha sido bautizada como la «Madame Butterfly» del boxeo femenino.

La joven hija del legendario boxeador y de su tercera esposa, Verónica Kennedy, antes de subir al «ring» probó suerte como modelo en Los Ángeles y dio sus primeros pasos profesionales como peluquera, pero por sus venas corría el boxeo.

Empezó a entrenar bajo la supervisión de los entrenadores Dub Huntly y de su entonces novio, Johnny McClain, ex campeón mundial de peso medio.

«Mi padre prefería que hiciese otra cosa, no me quería ver sufrir, pero este deporte me gustaba mucho», explica la boxeadora.

Tras los rumores que circulaban sobre su separación debido a su homosexualidad, Laila Alí ha declarado que «sí que es verdad que he puesto en marcha mi divorcio, pero en ningún caso hay detrás de esto una cuestión de homosexualidad».

Gran amor por su padre

El tres veces campeón de pesos completos, Mohamed Alí, sigue perdiendo la batalla contra la enfermedad de Parkinson, de acuerdo con las declaraciones que hizo su hija, la boxeadora Laila Alí, al diario Los Ángeles Times.

Alí ha luchado durante años contra esta enfermedad, pero recientemente este mal «ha progresado notoriamente», dijo Laila.

«Las cosas empiezan a cambiar cuando la persona que sufre de esa enfermedad envejece. He notado varios cambios en mi padre, que están relacionados con el mal que padece», dijo la campeona mundial.

La boxeadora reconoció al diario que «es doloroso reconocerlo, porque me gustaría sentarme y conversar con él sobre como era cuando tenía mi edad, de sus triunfos y esas cosas, pero es algo que no puedo hacer, son conversaciones que no puedo compartir con él, debido a su enfermedad».

Hay quienes dicen que el problema de Alí se debe en parte a la cantidad de golpes que recibió durante sus años como boxeador.

«Mi padre casi ya no habla y menos de boxeo, porque le cuesta mucho elaborar las frases. En ocasiones, cuando lo intenta, no se entiende bien», expresó Laila.

«Mi padre sabe exactamente lo que está pasando y dice que se siente como alguien que está atrapado en su cuerpo. Pero él puede pensar y estoy segura que tiene cosas que decir, pero sus labios no se mueven», concluyó.

EFE/REPORTAJE