Lacras de los políticos cancerizan al país

Lacras de los políticos cancerizan al país

FABIO R. HERRERA-MINIÑO
En los pasados días, el país se ha enterado de cómo muchas instituciones internacionales nos califican en nuestro quehacer cotidiano, con sus enormes deficiencias y precariedades de servicios; en todos esos análisis se destaca la enorme corrupción imperante, afectando a todos e impidiendo un desarrollo normal de las actividades típicas de la sociedad ordenada y civilizada.

El peso mayor, para entorpecer la vida y ser el blanco de los más diversos cuestionamientos internacionales, la tiene el lastre que significa la clase política, que obnubilada por sus ambiciones y asalto descarado a los recursos públicos y privados, por aquello del engrase que se necesita para agilizar los trámites burocráticos, nos colocan en una delicada situación que se agrava cada día al ver de cómo hay más voracidades para buscarle más dinero a los políticos para atender las excusas que se esgrimen en nombre de la estabilidad democrática de la nación.

La clase política se ha convertido en un cáncer maligno, que amenaza destruirnos a todos, sino ocurre algo similar a lo que ya ha pasado en otros países latinoamericanos, en donde las masas populares han repudiado a sus políticos y partidos tradicionales y se han entregado en manos de Mesías políticos que se han aprovechado de la desesperación cívica para hacer más daño a la estabilidad democrática, que cuando surgieron como adalides para tranquilidad de la fe de la ciudadanía, que aspiraba ver que los recursos iban a ser administrados correctamente, sin acciones de corrupción desmedida.

Por todos lados vemos el contagio de organismos nacionales que antes se creían la reserva moral de la nación. Ahora todos se apretujan exigiendo más dinero del Presupuesto para sus gastos, ya que con el botín presupuestario del 2008 en los límites de los RD$300 mil millones, el apetito se ha aumentado y todos creen que pueden repartirse el dinero de los ingresos fiscales para despilfarrarlo a su mejor albedrío. Jueces, síndicos, maestros, médicos, militares y policías para sus juguetes de guerra y la seguridad ciudadana y los políticos como funcionarios para satisfacer a sus seguidores, quieren más dinero, sin garantizar que la ciudadanía recibirá un mejor servicio del Estado.

Hay un cáncer del latrocinio de los recursos públicos que no se oculta pese a tantos mensajes que reciben los políticos del repudio que brota en la ciudadanía, prefieren continuar tan campantes como el whisky aquel, dando muestras de una piel con una coraza peor a la de un cocodrilo; no se dan por enterados cuando en otros países ocurren repudios masivos a ellos y se exigen gobiernos responsables, en que los políticos comprendan sus obligaciones cívicas para con sus comunidades.

Ya los políticos dominicanos actúan descaradamente sin importarle lo que piensen los demás. Parece que hay una indolencia colectiva muy lamentable, en que nadie le importa que roben lo que pertenece a todos. Esa creencia en la indolencia popular, es que induce la intrepidez de los políticos para robar, vaya en aumento y los lleve a ignorar que están cavando sus tumbas, ya que tarde o temprano deberá ocurrir un sacudimiento que despierte a todos de su letargo de manera que resurjan los valores perdidos del civismo nacional para frenar el colapso que como nación se avecina a pasos agigantados.

El tránsito democrático del país está en peligro. La codicia de los políticos, como ese repudiable barrilito legislativo, está llevando a la nación hacia un derrotero de imprevisibles consecuencias. Todo el mundo está ciego de esa eventualidad, donde no se le pone caso, ya que hay una reacción nacional de que cada quien procura satisfacer sus necesidades de más ingresos. De ahí que el lavado de dinero y el narcotráfico sean tan populares. Los grupos se aglutinan para satisfacer sus ambiciones de más poder económico o político y no importa de cómo se logra.

El hecho de que nos han dado a conocer tantos informes relacionados a la situación cívica, moral y económica del país con un enjambre de políticos con las manos en los recursos del Estado, es para revelar su descaro para buscar la forma de cometer más actos de corrupción, descarnados e impunes; así nos colocan en un sendero muy delicado donde se necesitarán medidas heroicas para evitar que destruyan todo nuestro progreso y desarrollo. Entonces sería necesario la catarsis de sumergirnos en la pobreza, increíble después de habernos desarrollado, para que en ese estado de degradación moral se fragüen las generaciones que serán responsables de sostener en alto la dominicanidad, amenazada, no solo por la corrupción de los políticos, sino por una masa extranjera que cada día nos ahoga lenta y tenazmente para lograr sus propósitos de la isla una e indivisible.