La verdadera injerencia de James Brewster

La verdadera injerencia de James Brewster

Las etiquetas, absurdas, le sobran. Entre ellas hay dos que destacan sobre las demás: injerente e inmoral, dos palabras que buscan ofender a alguien que sólo ha pretendido ayudar a quienes jamás han tenido voz en una sociedad que -de tan machista- quiere ocultar cualquier realidad que no sea la “moralmente apropiada”.
Cuando se piensa en James Brewster o en Wally vienen a la memoria los más terribles epítetos. Y todo, tristemente, se basa en algo que a nadie debería importarle: su sexualidad. ¿Hasta cuándo nos va a “lastimar” lo que hagan los otros en la cama? ¿Por qué nos importa tanto que tenga un esposo si no somos nosotros los que nos acostamos con él?
No, no me mencionen a Dios. El Dios que yo conozco ama a todo el mundo por igual: poco le importa qué hagas en la cama; tu corazón, y lo que salga de él, es lo único que le interesa a Dios. Por tanto, al sentir algo negativo contra él, estás cometiendo un gran pecado. ¿Olvidas que estás llamado a amar a todos tus hermanos?
Eso es, entre muchas otras cosas, lo que busca Wally con su misión en RD: que nadie sea discriminado por su orientación sexual. Por ello promueve eso que han llamado como agenda LGTB, lo que no es más que promover la igualdad.
Pero Wally está detrás de mucho más: es la cara oculta detrás del gran 911, del Sistema Automatizado de Identificación de Huellas Dactilares, del programa Alerta Joven y otros tantos proyectos en áreas de salud, educación, justicia, seguridad… ¿por qué nada de eso molesta? ¿Acaso no es injerencia también? Digo, creo yo.