La última esperanza

La última esperanza

FERNANDO I. FERRÁN
Luego de la adhesión de República Dominicana al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Centroamérica, conocido por las siglas DR-CAFTA, en agosto de 2004, he empleado algunas horas indagando sobre el futuro agrícola dominicano en ese contexto. Durante mis indagaciones he conversado con un número relativamente alto de funcionarios de este y del pasado gobierno conscientes de datos reveladores. Por ejemplo, en la actualidad el 84% de las exportaciones agrícolas dominicanas a Estados Unidos gozan de una tarifa preferencial, gracias a la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, y un 14% tiene libre acceso a ese mercado.

De esos y otros datos análogos concluyo que las posibilidades de expansión de las exportaciones a corto plazo no son mayores que las ya existentes. En otras palabras, si el país quiere beneficiarse de dicho Acuerdo de Libre Comercio, debe concentrarse cuanto antes en cuatro ejes fundamentales de política: obtención de nuevas inversiones, explotación de nuevos nichos de mercados, eficiencia productiva, incluyendo mejoras tecnológicas y de calidad, y expansión de las exportaciones.

En otro orden de cosas, especialistas en la materia me explicaron que las cuotas de importación ‘negociadas» para productos sensibles como el arroz y las habichuelas comienzan con una base muy baja y van aumentando paulatinamente a lo largo de un período de 10 a 20 años. Cumplido ese tiempo, las cuotas serán abolidas y por ello concluyen taxativamente: “El efecto del DR-CAFTA en los productos agrícolas producidos y consumidos en el país será inicialmente muy limitado”. Tan limitado, me argumentó un funcionario de la Cancillería, como el impacto doméstico en el precio de los productos agrícolas, puesto que el costo de los artículos no cubiertos por el ajuste técnico de la OMC ya está muy próximo a los de la competencia internacional.

A todas luces, esa interpretación del Acuerdo es benigna y está en franca contradicción con la expectativa generalizada en el sector.

Según dicha expectativa, a mi entender bien documentada y muy probable, al finalizar el período de transición de 20 años los productores agrícolas de Centroamérica y del país no tendrán mayor posibilidad de permanecer en el negocio cuando bienes producidos en Estados Unidos como leche, arroz, carne, frijoles, maíz, papa y otros, compitan en un mercado, falazmente libre, porque uno solo de los competidores recibe grandes subsidios y cuentan con el aval de una tecnología más avanzada. Consecuentemente, en ese entonces predominará un nuevo modelo económico en el país y en la región centroamericana dependiente, exclusivamente, de los servicios y de las remesas.

Así los pronósticos, la preocupación fundamental y válida para el sector agrícola dominicano sigue siendo si República Dominicana se prepara para hacerle frente al desafío del libre comercio por medio de reformas de política fiscal, comercial, institucional y tecnológica. Por ahora, la respuesta es negativa.

A decir de un ex ‘negociador’ del Tratado, debemos hacer lo imposible para que en la transición hacia una agricultura más competitiva el papel estelar recaiga en el sector privado y el gobierno sea un actor de reparto. Sólo que, lo advierto de paso, ese actor de reparto, constreñido hoy día por una muy difícil situación financiera, y en vísperas de ver cómo se reducen sus ingresos aduanales, difícilmente podrá cumplir promesas recientes en el sentido de hacer concesiones fiscales a industriales y productores nacionales. 

Para finalizar, la única cuestión sobre la cuál no se aventuró ninguno de mis interlocutores fue la relativa a la ratificación final del DR-CAFTA. No ya en el Congreso nacional, cosa que no se pone en duda, por más que prudentemente se dilate la decisión, sino en el estadounidense.

La administración del presidente Bush está haciendo un último intento por la ratificación del Tratado en su Congreso. Si no consigue los votos necesarios, entonces, durante el segundo semestre del año, pasará la hoja y centrará su atención en otros temas de su interés, ajenos todos ellos al fallido intento del DR-CAFTA. De ahí el nerviosismo de quienes entre nosotros ponen en ese acuerdo comercial la tabla de salvación de sus negocios. Y de allí también la última esperanza de quienes han hecho de la agricultura y sus actividades derivadas el sostén de sus vidas.

fferran1@yahoo.com