La sociología del graffiti y la publicidad reeleccionista del Presidente Leonel Fernández

La sociología del graffiti y la publicidad reeleccionista del Presidente Leonel Fernández

POR MAYRA GUZMÁN DE LOS SANTOS
Recibimos con considerable asombro la publicidad, tanto en vallas como por los medios audivisuales del país, el uso del  graffiti como medio de expresión en referencia a la campaña reeleccionista del Presidente  Leonel Fernández Reyna.

Nos preguntamos, ¿por qué el graffiti?  ¿A qué publico objetivo va dirigido esta modalidad de transmisión de mensaje?

El nombre graffiti proviene del griego graphos = rayar. Sus orígenes se remontan desde los inicios de la humanidad. El diccionario Larousse lo define como la  «inscripción o dibujo realizado en la pared». Se establece que son «inscripciones o signos anónimos dibujados o pintados en paredes de edificios, muros o vagones de metro, cuyo objetivo principal es testificar la presencia de su autor en un lugar determinado». Es muy común el uso del spray, usualmente negro, aunque no exclusivamente.

A fines de la década de 1960, comienzan a desarrollarse probablemente los graffiti más representativos, los del metro de Nueva York, realizados por jóvenes denominados writers (escritores) procedentes de etnias y ambientes sociales marginales.

Los «writers» representan una subcultura de la calle, espontánea y underground, conectada con la música rap y el break dance. Es una forma callejera de transmitir los sentimientos, de marcar territorio o presencia. Es una forma además de manifestar la rabia por la injusticia social, vinculado a una juventud rebelde o con problemas de adaptación. El «tag» es una de sus características, que consiste en la firma del escritor con un seudónimo incógnito entre la gente común, pero conocido entre los escritores, pues la clandestinidad, la ilegalidad, la nocturnidad es parte de su esencia.

Desde finales de la década de 1970, el fenómeno del graffiti se eleva en Nueva York a la categoría de arte mediante el apoyo de ciertos críticos y galerías que comienzan a exponer las obras de algunos «writers» convertidos en artistas, tales como Jean-Michel Basquiat, Keith Haring y Kenny Scharf, quienes realizan en sus obras una mezcla de signos e imágenes tomadas de la cultura de la calle con otras procedentes de la historia del arte o de la cultura del graffiti.

Sobre los citados artistas apuntamos que Jean-Michel Basquiat nació en Brooklyn en el año 1960, se inició como un dibujante de graffiti en las calles de Manhatan y Brooklyn. Firma sus graffities con el seudónimo de «samo» siglas en inglés para decir «same old shit» (en español «la misma «m» de siempre»). Muere a los 27 años de edad  a consecuencia de una sobredosis de heroína. A los 23 años ya era mundialmente famoso.

El graffiti ha sido considerado como sinónimo de vagancia, de gente viciosa, inadaptada, que se revelan contra la sociedad, aunque hay una inclinación, sobre todo vinculada a los estudiantes de la carrera de Diseño Gráfico, interesados en cambiar esta imagen negativa, ya que lo consideran un arte, arte urbano,  y por tanto, procuran rescatar su valores y aprender sus técnicas. 

El graffiti de un pueblo o de una ciudad muestra mucho sobre su realidad social. Muestra las preocupaciones, opiniones, problemas y gustos de cada «artista» y de esta manera se reflejan los de la región. Conduce a encontrar y entender unos significados más profundos de lo que a primera vista son  apreciables – un mensaje a o de la sociedad.

El graffiti también ha sido manejado como un método de propagación y difusión de las ideas políticas.

El graffiti político por décadas ha estado presente en nuestra realidad, pero más bien vinculado o los grupos de izquierda, o a los grupos sociales más agresivos.

Usar el graffiti desde el seno del poder mismo nunca se ha visto, pues históricamente contra éste, por lógica, es que se «han o se»  enfilan los cañones, para denunciar, incriminar, reclamar, montar presión, protestar, sobre determinada demanda, causa o lucha social, de abajo hacia arriba, dirigida hacia, y básicamente en contra del poder gobernarte.

A todos los latinoamericanos nos resulta familiar recordar proclamas en reclamo de la liberación de presos políticos, el procesamiento de los criminales de la dictadura, el «fuera» los gringos o los yankees o el imperialimo, fulano de tal «asesino» «x Vive!»,  en fin, la lista sería interminable.

El graffiti «permitido» (eso pensamos) por el señor Presidente en la publicidad reeleccionista, lo vemos fuera de contexto en todos los sentidos.

Nuestro Presidente no tiene necesidad de recurrir a estrategias publicitarias con un tema de graffiti, pues él no tiene que surgir de la oscuridad para establecer opinión pública o política, o bien crear debate, primero porque está en el poder y no tiene quien le censure el derecho a reelegirse, pues independientemente de cualquier otra cosa, u opiniones encontradas, legítimamente está autorizado a ello.

 En segundo lugar, él no esta relacionado con movimientos subversivos o clandestinos. El es un personaje de la luz que entendemos no le conviene relacionarse con las tinieblas, o con la ilegitimidad, ni relacionarse con el sucio a las paredes, muros o monumentos de la ciudad, llevados a cabo por un joven que se manifiesta en la oscuridad de la noche, para evitar ser identificado, aún sea de manera simbólica.

No es a costa de la «publicidad» de nuestro señor Presidente que el graffiti debe ser rescatado como expresión popular o artística en base al concepto de arte urbano, «urban art». Es el pueblo mismo quien lo ha de retomar si las condiciones políticas o sociales así lo provocan, lo cual oramos, que no sea así, pues sería un retroceso.

Nuestro presidente está muy por encima de éstas luchas, pues en su posición, es un camino ya recorrido y rebasado con creces, y que para ascender al poder no tuvo que recurrir a éstos métodos. Su investidura nacional e internacional lo obligan a tomar otro perfil.

Con la debida humildad, sin ánimos de dañar,  aspirando sólo a que se replantee este proyecto publicitario, en atención  a que el precio de llamar la atención (valga la redundancia) no disminuya el nivel de aceptación y respeto, ni que se lleve un mensaje confuso de la persona y de la imagen, bien ganada, de nuestro Presidente Constitucional, el Dr. Leonel Fernández Reina.