La soberbia: ¿un estilo de vida?

La soberbia: ¿un estilo de vida?

MARLENE LLUBERES
En un mundo de competencia, de afán desmedido por ocupar primeras posiciones y poseer mayores riquezas, la humanidad se ha visto dominada por sus propios intereses.

Trazando planes futuros, se jacta del día de mañana, actuando con altivez, soberbia y arrogancia, sin mostrar consideración alguna por quienes le rodean, manifestando una marcada necesidad de vencer en toda circunstancia.

La insensibilidad ante el dolor del prójimo es ya una característica indiscutible de la sociedad actual; nos comportamos en forma despreciativa, sintiéndonos superiores, lo que nos lleva a aplastar a los demás con nuestro irascible comportamiento.

El mundo ha instituido la soberbia y el orgullo como un estilo de vida que pauta todo su pensamiento, lo que ha provocado en la humanidad constantes manifestaciones de inconformidad, resentimiento, competencia desleal, envidia, falta de armonía y amargura.

Conscientes de las graves consecuencias que estas erradas actitudes han producido y si existe en nosotros un interés genuino de transformación, debemos tomar en cuenta que la Palabra de Dios claramente muestra que nuestro Creador no se agrada con aquellos que viven presos de la soberbia, por el contrario, derrama de su gracia a quienes actúan con humildad y consideran al otro más importante que a sí mismos y sin reaccionar con vanagloria o egoísmo, no devuelven mal por mal o insulto por insulto, sino que más bien bendicen teniendo la certeza de que todo el que se ensalce será humillado y el que se humille será ensalzado.

Jesús siendo Dios mismo no se aferró a su condición divina, nació en un humilde pesebre, participó de nuestros sufrimientos humanos, tocó a los leprosos y se acercó a los despreciados. Después de morir en la cruz, Dios lo exaltó hasta lo sumo y le dio un nombre que es sobre todo nombre.

Entonces…¿Quién es el hombre para actuar en soberbia y altivez? Únicamente Dios puede humillar al árbol elevado y elevar al árbol humilde, secar al árbol verde y reverdecer al seco, por lo que nos es necesario vivir con toda mansedumbre y paciencia, soportándonos los unos a los otros, humillándonos bajo la poderosa mano de Dios, sabiendo que El nos exaltará a su debido tiempo.

El hombre se ha alejado de Dios, no se detiene a escucharlo, se cree autosuficiente y capaz de salir airoso de toda circunstancia, sin embargo, es imposible para el hombre igualarse a Dios, El es Dios y tiene un plan para nuestras vidas con el objetivo de que seamos transformados y logremos ser quienes El dispuso que fuéramos.

No nos coronemos de la soberbia que nos impide ver al Creador, sino despojémonos de nuestro orgullo que ofende a Dios y nos hace creer que merecemos más que los demás, ocupando los lugares de honor y reconocimiento, buscando la aprobación y el halago, complaciéndonos más en ser servidos que en servir.

Por la gracia que nos es dada a cada cual no tengamos más alto concepto de nosotros mismos que el que debemos tener.

Entendamos que somos criaturas de Dios, que todo lo que poseemos únicamente de El viene y, al hacerlo, indefectiblemente nos alejaremos de la soberbia y de todas las consecuencias negativas que trae a nuestras vidas y a la de quienes nos rodean.

Llegará el día en que la altivez del hombre será abatida y la soberbia de los hombres será humillada y sólo Dios será exaltado porque Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes.