La otra cara de la diáspora

La otra cara de la diáspora

LUIS SCHEKER ORTIZ
Las malas noticias, las degradantes, las que nos llenan de estupor y de indignidad, las que nos hacen renegar a veces de nuestra nacionalidad, esconder el pasaporte con sonrojo, ayer rojo, hoy azul y voltear la cara, esas que duelen, llueven y se esparcen con velocidad vertiginosa de boca en boca, en las reuniones sociales y en el círculo familiar, las que comentan los diarios locales donde se destacan sin reservas las penurias y miserias de los inmigrantes y las agencias noticiosas extranjeras empeñadas en mostrar el lado oscuro de la luna.

Esos actos que reproducen y muchas veces se exageran y son distorsionados sin indagar sus causas últimas, como ocurre permanentemente con el caso de inmigrantes haitianos, sin que pretendamos negar nuestras grandes manchas y enormes culpas que parecen multiplicarse a medida que la vida se complica sin encontrar fin ni remedio, son el pan nuestro de cada día, que en nada contribuyen a mejorar la imagen de nuestro pueblo atrapado en su indefensión.

No insistiremos en ello. La profilaxis que necesitamos en estos tiempos de crisis multi facética para superar de raíz este estado de cosas, desborda estas líneas o lo que digan los que gobiernan o dejen de decir quienes comentan la noticia del día. Lo que nos proponemos modestamente aquí demostrar para los incrédulos que existe del otro lado del mar, al igual que aquí, otra cara que apenas se resalta y que me resulta nueva y aleccionadora a resultas de una intensa experiencia vivida en Nueva York como integrante de una delegación de Participación Ciudadana. Algo que nos hizo ver lo que florece al lado de aquella dolorosa y dramática realidad, como flor de loto que cubre las riveras de ríos contaminados, para que nuestras miradas se asomen a la belleza de lo posible. Como estrella luminosa, esperanzadora, que nos habla de triunfos, de reconocimientos, de laboriosidad, de sacrificios y esfuerzos extraordinarios, de seres nacidos aquí o allá, de padres dominicanos radicados en otros suelos y que arrastran sus raíces con legítimo orgullo, venciendo todo tipo de dificultades y obstáculos, muy propios del inmigrante, o del hijo de inmigrante, legal o ilegal, que llega con su pesado fardo de marginalidad, con promisoria visión de futuro para abrirse paso explorando nuevas alternativas de vida en tierras extrañas, de otra cultura que no es la propia para adaptarse y sobresalir, no solo sobrevivir, creando fama y nuevos espacios.

En esa otra realidad, el inmigrante se transforma en un agente vital y transforma el entorno y autentica con su presencia la diáspora dominicana. En el caso de New York, que no es esencialmente distinto a la residencia en otras localidades donde el dominicano surca nuevos senderos lo que pasa casi desapercibido para los que permanecen en esta parte de la isla, como ellos les llaman, no obstante sus grandes aportes culturales, económicos, financieros, comerciales, empresariales, académicos y políticos haciéndose sentir en defensa de los intereses de su comunidad donde se mueven con seguridad y se expanden con osadía, impulsados por la ambición sana de crecer, exhibiendo con modestia los logros obtenidos a fuerza de su admirable tesón y su capacidad competitiva.

Ellos permanecen semi ocultos para una gran mayoría a las que sirven sin causar revuelo, serenamente, conscientes de su papel de precursores, pautando el camino que otros han de venir para culminar la labor iniciada, la de las buenas noticias, esas agradables y estimulantes que habrán de abrir nuevas fronteras. Sus hechos, sus realizaciones, su trabajo constante y firme no son vendidas al pregón ni se promueven como las hazañas de los grandes héroes deportivas o los éxitos de mega producciones artísticas, debidamente promocionadas por grandes empresas. Esa diáspora, recordada apenas por políticos en campañas que prometen y pocas veces cumplen y de los cuales siempre se espera mayor generosidad, motiva mi sensibilidad y entusiasmo. La patria no termina en nuestras naturales fronteras. Se extiende en una notable población que la lleva a cuesta. Que no laolvida. Que lucha incansable con su trabajo cotidiano para hacerla mejor.

Participación Ciudadana estuvo en la ciudad de New York y en Washington, la semana del 1 al 5 de noviembre. Fuimos a cumplir un extenso programa de contactos con fundaciones filantrópicas interesadas en programas sociales y de fortalecimiento democrático en países en desarrollo como parte de un plan estratégico pautado por SYNERGOS, una firma consultora prestigiosa especializada en estos menesteres, y fuimos también a conocer más íntimamente y relacionarnos con ese espíritu superior de la diáspora dominicana, para saber de sus inquietudes, propósitos y experiencias y mostrarle las nuestras dentro de un denominador común, orientado a desarrollar ideas, iniciativas y planes que contribuyan a un mayor bienestar y unión de nuestros dos pueblos, el de aquí y el de allá, cada uno con sus propios problemas, cada uno con problemas comunes.

Hubo numerosas visitas, tanteos y contactos valiosos que culminó en una gran reunión, animada y muy representativa. Expusimos y respondieron, cuestionaron y respondimos, en un cruce caudaloso de información transmitida en un lenguaje común y abierto, de gente que quiere entenderse y colaborar mutuamente. Según el periodista Disrael Guillén, era la primera vez que una organización de la sociedad civil, del prestigio de Participación Ciudadana, celebraba un encuentro de ese tipo con esa comunidad. Sin exigir nada a cambio, sin ofrecer imposibles, y en ese contexto y ambiente fraterno surgieron las propuestas desinteresadas, el compromiso de estrechar nexos y de mantener viva la llama encendida.

Son muchas las personas a quienes la delegación de PC quiere agradecer y reconocer su buena disposición y voluntad de integración. Con el temor de omitir nombres, siempre penoso, no dejo de saludar desde aquí al Asambleísta Don Adriano Espaillat, al Consejero financista Carlos Sosa, a Don Guillermo Linares, Presidente de la Cámara de Comercio Dominico Americana, al distinguido Concejal Don Miguel Martínez, a Don Moisés Pérez Martínez, de la Alianza Dominicana, al Dr. Rafael A. Lantigua, MD, Profesor de Columbia University, a la Socióloga y dilecta amiga Ramona Hernández, Directora de Estudios Dominicanos del Centro Universitario de NY (CUNY), al carismático Licdo. José Ramón Bello del BPD, a Máximo Padilla, Presidente del Comité de Dominicanos en el Exterior, a Oscar Herasme, Presidente de la Alianza Profesional, a Víctor Capellán, Sara Vidal, Néstor Montilla, Siddharta Sánchez, y todos los que asumiendo un compromiso contribuyen con su ejemplo a hacer de la unidad nacional una cercana realidad.