La nueva economía

La nueva economía

POR JOSÉ LUIS ALEMÁN, S.J.
En esta presentación arranco con una árida exposición de qué entiendo por «Nueva Economía» tal como se desarrolló en su país de origen, los Estados Unidos. A continuación expondré muy brevemente cómo de hecho el éxito de una Nueva Economía en otros países nos obliga a aceptar varias sendas «nuevas» de desarrollo.

La Nueva Economía

La llamada Nueva Economía recibió este nombre por la opinión frecuente a fines de los noventa de que la unión de información y de técnicas de telecomunicación y computación con la gerencia y administración abría el camino para un continuo aumento de la productividad asegurando que actividades tradicionales lograrían un aumento sostenido de crecimiento al ajustar más estrechamente la producción con las variaciones de la demanda. De esta manera se lograría disminuir, quizás hasta eliminar, el avance de la economía en ciclos de expansión ocasionada por radicales innovaciones tecnológicas con efecto general sobre las economías y de recesiòn al agotarse paulatinamente el campo de aplicación de sus posibilidades.

En efecto las nuevas técnicas de información aceleran la rapidez con que se generaliza el conocimiento de innovaciones epocales que surgen o por mejora tecnológica del capital físico, la primera revolución industrial, o por descubrimientos científicos, bioquímica, o como solución sobre la marcha de dificultades prácticas, «learning by doing», disminuye el costo de aprendizaje de nuevas técnicas y aumenta la cantidad y calidad de información de que dispone la administración, tanto desde el punto de vista de la tecnología en proceso, como de nuevos sistemas administrativos y de variaciones del mercado y de la competencia.

El punto flaco de esta argumentación está en cierta confusión entre información y conocimiento. La administración corporativa está hoy en día inundada por un cúmulo tal de información que para procesarla en orden a poder tomar decisiones ha tenido que renunciar a divisiones internas encargadas de la investigación y del estudio de los mercados de productos y de finanzas creando redes económicas mediante contratación con nuevas empresas especializadas que a su vez subcontratan servicios superespecilizados. Por su naturaleza funcional y no gerencial estas redes no obedecen sólo a los intereses y posibilidades «culturales» y tecnológicas de las grandes corporaciones que le dieron origen, como si fueran parte de un sistema empresarial que gira alrededor de un sol, sino que crean subsistemas excéntricos que sirven también a intereses de varios clientes a veces en competencia entre sí. La toma de decisiones se ha hecho paradójicamente más difícil: la existencia misma de más alternativas informativas implica costos de oportunidad mucho más altos si la empresa quiere explorarlos todos o al menos los más prometedores o mayor incertidumbre si prescinde sin criterio de mucha información recibida.

La calidad técnica de los canales de información y de los mismos datos y tendencias ofrecidas en ellos requieren un esquema de análisis que permita convertir información en conocimiento apto para diseñar estrategias limitadas por las peculiaridades de cada empresa. El Saint-Gobain Centre for Economic Studies ha publicado bajo su Editor el Premio Nobel Robert Solow una serie de fascinantes estudios sobre los determinantes del innegable éxito de la Nueva Economía en los Estados Unidos y en un grupo de países de cultura económica sajona (Australia, Canadá, Nueva Zelandia). Los trabajos de Boyer y de Touttfut se dejan resumir en los siguientes resultados:

1. Sin duda alguna la revolución informática nació de la aplicación por empresas de alta tecnología bélica de Silicon Valley a usos civiles, paradójicamente posibilitada por el abandono del proyecto Star Wars a consecuencia del colapso de la Unión Soviética.

2. Económicamente hablando esta aplicación no se limitó a la producción de hardware de computadoras y de bienes «nómadas» (los que se mueven con el usuario como el laptop, el celular, sistemas de audio y de fotografía digital) para el consumo sino se generalizó como instrumento de producción en prácticamente todos los sectores de la economía creando algo así como un nuevo modo de producción tecnológico.

3. Sorprendentemente los mercados financieros confiados en las expectativas de un futuro promisorio abandonaron la práctica de evaluar acciones informáticas por sus resultados y se mostraron dispuestos a financiar el período de fundación y expansión de nuevas empresas aun ignorando resultados contables provisionales deficitarios, necesarios para recuperar la inversión. Schumpeter diría que se creó así «dinero nuevo»una de las condiciones indispensables para romper el flujo circular estacionario de la economía y para dinamizar su desarrollo.

4. En el período 1995-2000 época dorada de la Nueva Economía y aun en el 2001-2003 de recesiòn moderada la productividad de la mano de obra aumentó a un ritmo superior al históricamente observado. La amplitud del ciclo recesivo fue menor que la conocida en tiempos pasados. La inflación norteamericana estuvo contenida a pesar de la alta tasa de empleo, superior a la famosa NAIRU (Non Accelerating Inflaction Rate of Unemployment). Estos hechos fueron interpretados como consecuencia de la revolución informática ICT y dieron base a la esperanza de una nueva economía sin ciclos, desempleo ni inflación.

Los estudios del Centro de Saint Gobain han aclarado, sin embargo, que en Estados Unidos la revolución informática estuvo acompañada por otros factores sin los cuales la conclusión sería diferente. Toutfut los resume así:

a. Un componente inicial del éxito norteamericano estuvo en la cercanía, existente desde fines del siglo XIX cuando los Colleges estatales fueron diseñados para mejorar la productividad del campo, entre el sector educación y el mundo de los negocios y muy particularmente en la vinculación entre la investigación universitaria, fundamental y aplicada, y la investigación de la industria. Esta proximidad entre investigación y negocios ha dado tal prestigio a los Estados Unidos que ellos atraen a muchos de los mejores estudiantes del mundo. Esta vencidad abrevia el período de tiempo que se requiere para la explotación comercial de la investigación. La localización geográfica de compañías de software, información y biotecnología se da en el Oeste norteamericano por la cooperación entre la Universidad de Standford y el Silicon Valley y en el Este por las Universidades de Harvard y MIT y las empresas de los suburbios de Boston.

b. Otra fuente tradicional de crecimiento económico ha estado en la dotación de recursos naturales y la estructura de la demanda dada por el tamaño del mercado, por la ausencia de fronteras y de diversidades lingüísticas.

c. Existe también un estilo de política económica norteamericana que aunque fundada en el laissez faire está íntimamente dirigida al éxito tecnológico de empresas que compiten entre sí. El Instituto Nacional de Salud (National Institute of Health) financia parte apreciable de la investigación biomédica que tanta repercusión tiene en la industria farmacéutica; el Departamento de Defensa promovió activamente la investigación en semiconductores, computación, software e Internet. En general la política industrial norteamericana en las universidades se basa en la competencia de solicitudes hechas por ellas en proyectos dirigidos por los investigadores y no por el Gobierno y donde existen incentivos financieros a los mejores especialistas que los separan de una paga universal igual a profesores manteniendo una «meritocracia investigativa».

d. El sistema financiero norteamericano experimentó cambios legales que permitieron a los fondos de pensión invertir en capital de riesgo (compañías por acciones). Siendo relativamente pequeños los requerimientos de fondos por parte de nuevas inversiones en ICT y apreciable el rendimiento de empresas de Internet y de software abundó el financiamiento de la industria ignorando las relaciones entre la eficiencia financiera, la naturaleza del progreso técnico y el nivel de desarrollo de las empresas.

e. Una expansión de la economía nacional conlleva la tendencia a aumentar las importaciones. Lo mismo sucede en el aumento de la riqueza de los hogares cuando la propiedad accionaria es bastante general si los precios de las acciones suben: la tendencia es a aumentar el consumo y bajar el ahorro agravando el déficit comercial. El déficit a su vez tiende a corregir la situación encareciendo las importaciones. El carácter de reserva internacional de dólar restó poder correctivo al déficit comercial.

f. La política monetaria norteamericana se ha apoyado en la relativamente poca importancia del déficit comercial excepto para disfrutar de una válvula de escape a la posibilidad de inflación para seguir una política de arbitraje entre inflación y crecimiento económico. Los bancos centrales de los demás países, en cambio, han tenido que centrar su política monetaria en controlar la inflación dejando a un lado la posibilidad de buscar una senda de crecimiento confiando en que la estabilidad de precios y de tipo de cambio cree un ambiente de expectativas favorables para el crecimiento sin intentar influir sobre éste.

g. Finalmente un análisis más profundo sobre el aumento de la productividad en el período indicado en los Estados Unidos mostró que se originaba enteramente en el sector de producción de bienes ICT mientras «que en otros sectores que también se beneficiaron de la existencia de ICT, no se observó ningún aumento de productividad. En otras palabras no se ve cómo el aumento de productividad de los Estados Unidos como un todo, al menos macroeconómicamente hablando, pueda atribuirse al uso de ICT (Touffut, p. 250).

La productividad por trabajador en los Estados Unidos aumentó considerablemente pero no es fácil discernir si su origen está en la tecnología ICT. Una mejora tecnológica requiere examinar primero y a la vez si ha habido cambio en el número de horas trabajadas, en el aumento de bienes de capital (sin incorporación de mejoras tecnológicas) y en el uso de otros recursos como la energía o las importaciones. En estos casos el aumento del producto por trabajador puede no exigir para su explicación adelantos tecnológicos como supondría la incorporación de bienes ICT. El índice de la productividad total de factores medido como diferencia entre el aumento del producto y la suma del incremento de todos los otros factores (al menos del trabajo y del capital) sí puede decirnos algo sobre el factor de tecnología de producción o de administración. En República Dominicana, por ejemplo, el aumento de la productividad total de factores así medida dio por resultado que ella explicó de promedio el 36% del aumento del producto (la participación del capital fue del 47% y la del trabajo 17%) en el período 1992-1998.

En conclusión parece que la Nueva Economía no se puede definir solamente por el uso extensivo e intensivo de ICT, al menos en los Estados Unidos. El éxito y las esperanzas cifradas en los medios informàticos en el tiempo de bonanza de los medios electrónicos de información, computación y telecomunicaciones de la Nueva Economía dependió fundamentalmente no sólo de su producción y uso en otros sectores sino de las modificaciones de varias instituciones en el mercado de productos (desregulación), de trabajo (desregulación), de finanzas (autorización de los fondos de pensión para invertir en instrumentos de riesgo), de educación (integración de instituciones públicas de investigación dirigidas a la defensa con nuevas empresas especializadas en la aplicación de la milo electrónica a usos civiles) y de políticas monetarias (objetivos duales de estabilización de precios y crecimiento económicos) despreocupadas de déficits comerciales.

De hecho este enfoque es el normal de la Economía del Desarrollo hoy en día para explicar la multidimensionalidad, la explícita negación del monocausalismo, de fenómenos económicos tan complejos como la presentación de un nuevo paradigma explicativo de las etapas del desarrollo global de la economía. No niego, sin embargo, legitimación metodológica a una teoría más general que abstraiga de algunos de los factores enumerados para escoger uno de ellos como principal. Simplemente creo que a toda teoría más general debe anteceder un análisis en mayor detalle de lo que deseamos estudiar teniendo en cuenta sus canales de transmisión que son las instituciones de una sociedad. Resumiendo y muy esquemáticamente la «nueva economía» de los Estados Unidos de finales de los noventa puede presentarse así «Nueva Economía» de la ICT = capital de riesgo + mercados de productos desregulados + mercados laborales flexibles + sistema de educación de calidad con estrechos vínculos entre investigación y empresas + una organización social favorable a la competencia empresarial.

La «Nueva Economía» en otros países

Sería demasiada audacia pretender que otros países desarrollados puedan prescindir de la Nueva Economía norteamericana pero no menos arriesgado parecería afirmar que todos los países siguen el mismo sendero de cambios institucionales. Bassanini separa dos ternas de países: la «anglosajona» de Australia, Canadà y Nueva Zelandia con la «nordica» de Dinamarca, Finlandia y Suecia como subtipos de «Nuevas Economìas» exitosas.

De ellas la constelación sajona sigue básicamente el modelo norteamericano de la Nueva Economía. La nórdica, en cambio, acepta cambios en dos instituciones: alto nivel de educación y aprendizaje durante toda la vida, y desregulación de los mercados de productos, pero prescinde de la desregulación del mercado laboral y considera que más que el mercado la coordinación social entre el sistema educativo estatal y el sector corporativo privado explica su éxito. En los países nórdicos una alta proporción del ingreso nacional se concentra en educación, software y otros medios de transmisión del conocimiento. El contraste en el campo de investigaciones con el modelo anglosajón es patente: en éste se busca que los investigadores puedan apropiarse privadamente, mediante patentes y protección a la propiedad intelectual, de los resultados de su investigación. En los países nórdicos y europeos esos resultados son más bienes públicos y los investigadores son estimulados por la inamovilidad de sus puestos y por el derecho a altas pensiones.

Tal vez pueda apuntarse una diferencia adicional en lo que se refiere a la capacidad de producir hardware. Aunque los tres países nórdicos muestran productos de ICT (Nokia, por ejemplo, en Finlandia; Erickson en Suecia) sobresalen sobre todo en el uso sofisticado de los productos. De hecho las correlaciones economètricas entre producción de ICT y crecimiento económico no son robustas; inclusive hay una correlación positiva entre desempleo y producción de ICT tal vez explicable schumpeterianamente por la destrucción de competencias laborales tradicionales ocasionada por la innovación tecnológica y la menor creación de empleo en el sector productor de ICT: la innovación destructora.

Las conclusiones más obvias de este análisis son dos: que la desregulación del mercado laboral no es prerrequisito esencial de la «Nueva Economía» y que ésta acepta modificaciones institucionales acordes con la historia nacional.

El patrón de nuevo consumo

Para un tratamiento más profundo de la profundidad de los impactos de la Nueva Economía nos conviene ver su orientación general sobre lo que podemos llamar el «estilo de vida», el patrón de nuevo consumo. La dinámica general de la transmisión de las innovaciones al estilo de vida de una sociedad es bien conocida: innovaciones que inicialmente eran disfrutadas por los innovadores por su limitada capacidad de producción y por las ventajas de rentas oligopolistas acaban por ser copiadas o superadas por una competencia que rompe las barreras tecnológicas o financieras de entrada aumentando la producción de los nuevos bienes lo que abarata su precio y estimula su demanda directa y la de bienes complementarios.

El típico ejemplo de innovación que revoluciona el estilo de vida de una sociedad fue el automóvil: a medida que màs producción abarataba su precio se estimulaba la demanda de carreteras, de hoteles, de viviendas en nuevos suburbios, de sitios de recreación y turismo. Su impacto, medido en el porciento del consumo familiar fue enorme.

Ciertamente la revolución causada por los medios ICT ha generalizado la demanda de hardware en las empresas todas, especialmente en el sector hospitalario, y el consumo de computadoras personales, de bienes «nómadas». Sin embargo parece que el porciento del gasto en estos renglones, inversión y consumo, no es tan alto como lo fue en el caso del automóvil.

Boyer cree constatar que la concentración del gasto de consumo en casi todos los países se ha centrado en el último decenio en bienes «demográficos» orientados al mantenimiento, prolongación, recreación y disfrute de la vida. Los gastos de salud, de educación, de cuidado de ancianos y niños, de deportes y turismo absorben de modo creciente el ingreso disponible de los países en desarrollo. De este nuevo estilo de vida nace un modelo de desarrollo que él llama «antropogenètico». El estilo de vida ha sido receptivo al ICT pero no ha sido radicalmente cambiado por él. «Hoy en día los medios del ICT son sobre todo un instrumento de administración, en menor grado vector de cambio en el estilo de vida. El incremento del gasto en educación, entretenimiento y salud ha tenido mayor fuerza que la demanda de bienes de información propiamente tales».