La naturaleza castiga a los humanos

La naturaleza castiga a los humanos

FABIO R. HERRERA-MINIÑO
El siglo XXI se está convirtiendo en un interesante escenario ya que la naturaleza ha comenzado un proceso de reclamo a la raza humana, castigándola por los descuidos de siglos y los daños causados al medio ambiente, de forma que las sequías, los huracanes tropicales, tifones, deslizamientos de terrenos, incendios forestales, terremotos, etc., son parte de la cotidianidad de la vida actual, que nuestro país no se ha escapado de ese llamado en la forma de desastres naturales, peligrosos y mortales para la población.

Los huracanes son parte del panorama anual de cada verano y otoño; al menos se conoce de sus llegadas. Pero ahora, desde que ocurriera la mortal avalancha del río Blanco en Jimaní hasta lo que ocurre en Sánchez y zonas de Santiago, nos hemos dado cuenta que estamos indefensos, y peor preparados, para enfrentar los castigos de la naturaleza a una población que no tomó en cuenta los procedimientos de defensa del planeta.

La gran población dominicana, que se ha ubicado en terrenos aledaños a los ríos, que una vez fueron parte de esos cursos de agua, han ocupado ilegalmente esos terrenos y a ser bendecidos por los políticos, han comenzado a sufrir los severos efectos en daños materiales que suceden en la actualidad, como aquellos daños de mayo del 2004 en Jimaní.

Se dice que nuestros ríos se están secando por el proceso de desertificación que han impuesto los humanos en la necesidad de desmontar extensas áreas boscosas, o en buscar un sitio para hacer una casita. La enorme migración rural hacia los centros urbanos los ha llevado a ubicarse, con la bendición de todos los políticos, en las márgenes de ríos y cañadas secas, que aparentemente ya no volvería a circular agua por sus lechos. Los resultados de esos desatinos humanos ya se comienzan a sufrir, pero todavía falta mucho para estremecer al país como aquella creciente de la Mesopotamia en San Juan cuando las aguas del río San Juan reclamaron lo que se le había quitado y convertido en un centro poblacional edificado en el mismo lecho del río.

Los deslizamientos de tierra de Santiago, que ha llevado a eliminar calles enteras en barrios importantes como El Embrujo y las crecientes del río Licey en Tamboril, representan un alerta a la comunidad nacional, que por la politiquería dominante en el país desde hace 44 años ha borrado todos los frenos legales que impedían construir cerca de los ríos, cañadas y lechos de arroyos que por décadas no recibían grandes caudales de agua, pero que ahora la están recibiendo fruto de crecientes, demostrando un poder destructor de consideración.

Todavía la naturaleza no le ha reclamado a los banilejos los terrenos que han ido ocupando a lo largo del lecho del río Baní y sus afluentes en la cuenca baja. En Bonao, el río Yuna continúa enseñando su poderío debido a que el lecho del río se ha elevado por los arrastres de piedras, pone al desnudo grandes extensiones de un valle rico y próspero y sujeto en cualquier momento a que el río se pasee por las calles de la población. En San Cristóbal ocurre otro tanto con el río Nigua y el Yubazo, los cuales han experimentado modificaciones de sus cauces y amenazas a los que ocuparon toda la margen oriental del río Nigua en la zona de Madre Vieja.

Los grandes deslizamientos de tierra en Sánchez hay que ubicarlos en el contexto de lo que fue la península de Samaná, que una vez fue una isla, y durante millares de años, las crecidas del río Yuna iban transportando millones de toneladas de sedimentos, que tropezaban con la fuerza de las embestidas del oleaje y las corrientes del mar en la Bahía Escocesa, y los arrastres del río se iban depositando en el estrecho de separación, dando lugar al istmo que sirve de puente para unir a Samaná y Sánchez.

Por otra parte, en la península de Samaná existen formaciones geológicas muy interesantes, que el agua, en un momento dado, podría poner al descubierto, manifestando ese con el lignito de Sánchez. Así mismo es necesario agregar las importantes canteras de mármol de Los Cacaos y de otros minerales no cuantificados, que habla a las claras de una riqueza de gran potencial, que junto al enorme atractivo turístico de la península, habla a las claras de un futuro promisorio que le espera a los habitantes de la zona, siempre y cuando logren superar las angustias que atraviesan los moradores de Sánchez, que obliga a reubicar a esos barrios, en vías de desaparecer por los deslizamientos, hacia la zona oriental de Sánchez, en las cercanías a Las Garitas.