La mujer de hoy: ¿preparada para detenerse?

La mujer de hoy: ¿preparada para detenerse?

MARLENE LLUBERES
Y dieron voces de miedo. Pero enseguida Jesús les habló, diciendo: «¡Tened ánimo!; Yo soy, no temáis». Mateo 14:26-27. En este tiempo que vive la humanidad, donde la competencia y la lucha de intereses se desarrollan sin detenerse, la mujer se ha visto obligada a representar un rol protagónico, desde tempranas horas del día, con desvelo cuida sus hijos, se esfuerza en cumplir sus obligaciones de esposa y trata de ser diligente en el ámbito profesional.

Sin embargo, en esta pretensión de cubrir cada área de su vida, una parte importante es dejada a un lado: la salud, el preocuparse por la condición del organismo y ser solícitas en realizar periódicas visitas al doctor.

Como consecuencia de ello, es notoria la forma en que se han incrementado las enfermedades y especialmente el cáncer de mama, el cual muchas veces, si no es detectado a tiempo, puede traer consecuencias fatales.

Es en este instante, cuando irremediablemente la enfermedad llega, que surgen las siguientes interrogantes: ¿Cómo enfrentarla? ¿Qué hacer ante algo tan difícil de aceptar? Como factor común entre quienes han vivido estas adversidades, en una primera etapa, invade el pensamiento de la muerte: ¿Hasta cuándo viviré? ¿Cuán larga será esta enfermedad? ¿Cómo resistiré un lecho tan doloroso?

Momentos de gran turbación y confusión invaden a la mujer: temores, dudas, tristeza, hasta que, de alguna forma, se forja una visión más clara de los pasos que en lo adelante habrán de seguirse, aunque a pesar de ello, la esperanza en un futuro continua desvaneciéndose y siente que el mundo se desmorona. Se angustia por el sufrimiento de sus hijos y familiares cercanos, por el hecho de darse cuenta de que toda su cotidianidad se afectará y que sin remedio será necesario dejar a un lado todo lo que era el centro de su vida, encarando una transformación no buscada, sin fecha establecida o final determinado.

Al encontrarnos en medio de estas circunstancias adversas, únicamente Dios tiene el poder, para llenarnos de su paz, consuelo y fortaleza. Sólo El estará brindándonos protección y aunque pasemos por las aguas, El estará con nosotros, si por los ríos no nos anegarán y el fuego no nos quemará, ni la llama arderá en nosotros. Si hacemos vida su Palabra, teniendo la convicción de que no sólo de pan vive el hombre sino que en este tiempo, donde no entendemos, somos fuertes cuando hacemos realidad la palabra que sale de la boca de Dios.

Es encomendar a Dios nuestro camino, confiando en El, teniendo la certeza de que El hará, con la convicción de que los pensamientos que tiene acerca de nosotros son de bien y no de mal para que obtengamos el futuro que esperamos.

Si colocamos nuestra confianza en el Creador, nos llevará a lugares de paz, porque El se acuerda de quienes en El confían y nos pide que le entreguemos todas nuestras cargas porque tiene cuidado de nosotros, nos ama con amor eterno, y su voluntad es buena, agradable y perfecta.

Cuando nos acercamos a Dios recibimos la consolación que nos trae esperanza y nos hace disfrutar de la quietud y el descanso para atravesar el tiempo contrario.

Que sea Dios nuestro refugio, escudo y pronto auxilio en medio de la tribulación. Aunque nos rodeen ligaduras de muerte y la tierra sea removida y se traspasen los montes al corazón del mar, apelemos a El seguros de que nuestro clamor llegará delante de su santo templo y nos sacará de las muchas aguas y nos llevará a lugar espacioso. M_lluberes@hotmail.com