La máximo Gómez 25

La máximo Gómez 25

RAFAEL TOMAS HERNANDEZ R.
El pasado día primero de septiembre conmemoramos un nuevo aniversario del natalicio del doctor Joaquín Balaguer, y por ese motivo fui invitado a conversar sobre algunos pasajes de su vida que me seleccionaron resultaran muy conocidos, por haber tenido participación directa o indirecta en los hechos que comento, al traer esos recuerdos, vinieron otros relativos a la construcción de su casa en la avenida Máximo Gómez 25, su casa en Santo Domingo.

En el año 1957, el profesor Don Humberto Ruiz Castillo, que la sazón ocupaba el cargo del Ingeniero Asesor del Poder Ejecutivo, me recomendó para trabajar en su oficina del Palacio Nacional, como ayudante, junto al ingeniero Leonidas Rodríguez Tejeda y al ingeniero Atilio León Sturla, esa oportunidad me llenó de gratitud, porque don Humberto era un profesional distinguido respetado y querido, con mucha experiencia y tanto Babito, como Leito, ya habían realizado obras importantes y tenían prestigio reconocido.

Un día, don Humberto me dijo: El vicepresidente, (que era el doctor Balaguer), me ha pedido que le prepare un plano para su casa, ha comprado un solar al lado de la Nunciatura con unos treinta metros de frente y unos cincuenta de fondo; así que vamos a trabajar en eso.

Don Humberto lucía contento, pero intrigado. Cuando le pregunté por el programa de necesidades me dijo: Una casa corriente, sólo ha especificado fue si tiene dos plantas quiere por lo menos una habitación con baño en la primera planta, recalcando eso, «porque a las personas mayores se le dificulta subir escaleras», y además necesitaría buen espacio para sus libros, lo demás, lo dejaba al criterio del arquitecto.

El solar ubicado al lado de la Nunciatura, lo compró al doctor Francisco González Cruz, que tenía su residencia inmediatamente después.

Recuerdo que aprobó el primer anteproyecto, sin objeciones. Solo le preguntó a don Humberto: Qué debemos hacer para empezar?….Bueno, primero, debemos terminar los planos y tramitarlos, luego necesitaremos un avance para iniciar los trabajos.

Así se hizo. El estimado de la casa original que tendría unos 450 metros cuadrados, (*) ascendía a unos treinta mil pesos. Me resulta inolvidable el día que don Humberto regresó del despacho vicepresidencial con un avance para las obras de RD$6,000.00, en una funda de papel de estraza, en billetes de bajo denominación. Mire…. que clase de hombres éste!!!!!…..comentaría pensativo el profesor.

La casa se construyó, la dirigió don Humberto personalmente, con su hijo Hugo, que era su colaborador cercano, en los asuntos constructivos, sin que el propietario hiciera presiones, ni comentarios (por lo menos que yo conociera), salvo algo que me ha contado Rafael (Bello Andino), tiempo después; con algo jocosidad, un día, visitando la construcción el doctor le comentó: A veces pienso, cuidado si Humberto me está haciendo aquí una iglesia..

En esa época el doctor Habitaba una pequeña casa en la calle César Nicolás Penson al Este de la calle Rosa Duarte, donde el presidente Trujillo había ido a verle varias veces. Hay varias versiones pero coinciden en que Trujillo encontraba la casa demasiado humilde, para albergar su vicepresidente y le dijo ó le hizo saber que debía mudarse a otra casa.

El doctor Balaguer vivió la casa nueva por algún tiempo; pero finalmente se hizo construir un anexo en el fondo del solar. Allí se alojó con sus libros y algunos recuerdos, cuadros, bustos, etc.

Antes de morir donó la casa a Instituto de Oncología y reservó para la sede de la Fundación Joaquín Balaguer el anexo donde vivió y trabajó por cerca de treinta años. Recorrer esas habitaciones nos permiten descubrir que dentro de la privacidad y hermetismo de la personalidad de Joaquín Balaguer, indescifrable para muchos, hay la clara sencillez de un hombre que sometió su vida a una disciplina ruda y austera, atado a sus deberes, sin sentir en el rigor de esa forma de vivir, una carga pesarosa, sino por el contrario, con sentimientos de triunfador. Exaltar esas virtudes y permitir conocer cercanamente los variados surcos, en los cuales el doctor Joaquín Balaguer dejó huellas, y sembró semillas nos acercan a un dominicano excepcional y a un político que si actuó con algún rigor, era por carecer de otras opciones.

En cierta oportunidad le reclamé que debía de tomarse tiempo para atenderse, me lo agradeció cordialmente, pero conservo una carta en la que me reitera su gratitud por ocuparme de su salud, pero aclarándome que nada para él estaba por encima del compromiso que había contraído con el pueblo dominicano.

Ahora que estamos imbuidos por el consumismo, las apariencias, y los negocios fáciles Joaquín Balaguer represente un ejemplo de disciplina, trabajo y esfuerzo, necesarios para que vayamos a tiempos mejores…

(*) En 1957 el metro cuadrado se estimaba en RD$60.00 y en Naco y Piantini se vendía un metro cuadrado de terrenos entre $4,00 y $7.00.