La intención de Lutero

La intención de Lutero

La mayoría de los historiadores están de acuerdo en el planteamiento de que Martín Lutero nunca quiso abandonar la Iglesia católica.

Él amaba con gran arraigo la institución donde profesaba su fe y ejercía su ministerio de maestro con mucha entrega y devoción.

Sin embargo, el monje agustino, nacido en Alemania en el 1483, entendió con gran preocupación que su iglesia había perdido la esencia del verdadero evangelio de Jesús.

Desde entonces, su objetivo fue lograr que se produjeran cambios sustanciales.

Había que reunir muchas cualidades y condiciones para hacer que esto fuera posible.

Pero la potencia fuerte que lo guió y llevó hasta las últimas consecuencias en su afán fue la plena convicción de que estaba en lo correcto, que no se trataba de un capricho suyo ni de un deseo ambicioso muy particular.

Él hubiera seguido haciendo lo de siempre en su iglesia si tan sólo se le hubiese prestado atención y se hubiesen los líderes abocados a cambiar todos los elementos perniciosos que él con tanta precisión y autoridad señaló.

Su lucha estaba fundamentada sólo en el deseo de ver una institución fundamentada en los verdaderos valores del reino de Dios.

Pero la cúpula grande de la iglesia, ebria en su riqueza y en su ambición de poder, se limitó sólo a tratar al simple monje con desdén, amenazas, insultos y un desprecio despiadado.

La propuesta de los líderes católicos era ciega, irracional y muy cerrada.

La única alternativa para Lutero fue abandonar su santa Madre Iglesia, sobrevivir a duras penas y huir para salvar su propia vida, tanto física como espiritual.

Contrario a la opinión de los historiadores, digo que él no reformó la iglesia, pues reformar es producir cambios dentro de algo.

Él empezó algo nuevo.