La gran deuda social

La gran deuda social

El Día Internacional del Trabajo coincide en esta ocasión con una de las etapas más difíciles de la economía del país y con el punto de mayor efervescencia de un proceso electoral en el cual, como ha sido hábito, las promesas de solución están a la orden del día.

Para el trabajador, los indicadores de la economía que más directamente influyen en su calidad de vida tienen un comportamiento altamente preocupante. Por ejemplo: ¿Qué otra cosa, que no sea desempleo, puede significar para el trabajador dominicano el hecho de que en el trimestre enero marzo del presente año haya decaído significativamente la producción, como revela una encuesta del Banco Central?. Y al margen de esa encuesta, la caída de la producción no es el único indicador preocupante para los trabajadores, pues los niveles de precios en el mismo trimestre han acusado tendencia a la alza, mientras persiste la depreciación de la moneda, con el agravante de que no ha habido una indexación del salario y mientras éste ha permanecido estático en términos absolutos y degradado en términos relativos, la inflación, que monta dos dígitos, no da indicios de que vaya a declinar a corto o mediano plazo.

También, en el mismo trimestre parece que se han agravado los problemas que han impedido la vigencia plena del sistema de seguridad social, que está llamado a cubrir los huecos de los servicios estatales de salud y el reconocimiento de prestaciones sociales muy importantes para los trabajadores.

[b]II[/b]

A quince días de las elecciones, para los trabajadores sigue siendo incierto su porvenir en materia de ciertas reivindicaciones, como el derecho a un techo propio, asistencia médica adecuada, educación para los hijos, diversión para la familia, programas de superación curricular y otros.

El sector oficial no ha diseñado para el trabajador una política de protección que le permita sobrevivir a los embates de la globalización de la economía y apertura de mercados, a pesar de que constituyen, en países como el nuestro, un peligro real para la existencia de pequeñas y medianas industrias cuya producción no pueden competir con sus similares importadas.

Es más, ni siquiera han hecho esfuerzo los gobiernos para hacer cumplir en todas sus partes los aspectos de la legislación laboral que favorecen al trabajador.

Este panorama resulta empeorado por el cada vez más pobre desempeño de los sindicatos, que se han ido fraccionando hasta degenerar en entes inoperantes, carentes de principios y cuyos líderes no tienen el menor poder de convocatoria, lo que los inhabilita para hacer una adecuada representación, una defensa atendible de los derechos de los trabajadores.

Los tiempos imponen que haya una verdadera ofensiva para la preparación de mano de obra con habilidades actualizadas, para responder a las demandas de la inevitable transferencia de tecnología que la apertura comercial inducirá en la medida en que corporaciones de grandes economías decidan establecerse en los mercados a los cuales destinan su producción, para aprovechar ventajas de costos. Sin embargo, está por verse qué ofrecen, en este y otros aspectos, aquellos que para tiempos como estos andan detrás del voto del trabajador.