La gestión cultural de los municipios

La gestión cultural de los municipios

ST. PETERSBURG, Florida.- Hay aquí un museo con la mejor colección de Dalí fuera de España y queda justo al frente a donde he estado asistiendo a una conferencia del Poynter Institute acerca de por qué el periodismo importa, el nuevo entorno en que operan los medios y cómo puede afectarse la democracia por el efecto de la crisis económica en la salud financiera de las empresas mediáticas o periodísticas.

A pocos kilómetros, está el modesto “Fine Arts Museum” de esta ciudad floridiana. Tienen un Murillo, varios Monet e importantes obras pictóricas que representan distintas épocas de la pintura. Necesitan sin embargo adquirir al menos una u ojalá más obras de pintores americanos como Mary Cassat o Winslow Homer para mejorar su fondo.

 Deben además producir un catálogo de su propio museo, del cual carecen. Pero es comoquiera, quizás, uno de los mejores museos chiquitos de todos los Estados Unidos.

Mientras atiendo las ilustradas exposiciones de varios de los más importantes periodistas de este país y también las necedades de otros que también están aquí, me martillea una idea: ¿por qué, pese a las excelencias de la gestión cultural del ministro José Rafael Lantigua, aún carecemos en Santo Domingo de algún museo municipal con calidad mundial del cual podamos sentirnos orgullosos?

Poner a disposición del gran público muestras del arte que ha merecido la admiración de muchas generaciones seguramente será siempre importante. Pero en nuestro país esa función la realizan con mayores rasgos de excelencia dos entidades privadas: el Centro León de Santiago y el Museo Bellapart en Santo Domingo.

Saint Petersburg, una ciudad de menos de 250,000 habitantes, ha tenido la buena fortuna de patrocinadores privados que apoyan sus museos.

El asunto es que los gobiernos municipales deben atender los asuntos culturales. Escuché azorado a un entrevistado en mi programa La Silla Roja decir que el Ayuntamiento del Distrito Nacional había prácticamente eliminado su departamento de cuestiones culturales. No sé si Alfredo Pacheco tendrá razón, pero sí es verdad que el síndico Roberto Salcedo prefiere las “canquiñas” a cualquier mayor esfuerzo cultural.

Volver, y este viernes estaré de vuelta, me deja con dudas inmensas. ¿Cómo es que un gobierno municipal tan inmensamente rico, dirigido por un hombre dizque “cultural”, tenga tan pobres resultados en los asuntos que trascienden al ‘fuiquiti, fuiquiti”? Este es otro misterio político…