La furia de la juventud dominicana en el siglo XXI

La furia de la juventud dominicana en el siglo XXI

En este primer quinto del siglo XXI, la colectividad dominicana, había estado acostumbrada a contemplar a nuestros hijos y nietos dedicarse más a atender sus intereses personales en lugar de prestarle atención a los problemas nacionales y a la situación del país.
Después del inexplicable fracaso de las elecciones municipales del pasado día 16 se encendió una chispa de la responsabilidad cívica. Miles de jóvenes de clase media y alta quisieron demostrar sus valores dormidos por la insistencia de atender los placeres de la buena vida y buscándose los medios de asegurar sus ingresos, vivir bien y forjar sus familias. De repente, por un negligente manejo del voto automatizado el día de las malogradas elecciones municipales, afloró el tremendo disgusto que existía en ciernes en contra del gobierno y del partido gobernante. Se le dio rienda suelta a la rabia almacenada durante este siglo XXI en contra de los políticos que han usufructuado el poder. Ahí se destaca su descarada y rampante corrupción en donde sus riquezas mal habidas se la ondean a los dominicanos en la cara a sabiendas que no tendrán que sufrir las consecuencias. La juventud hizo explotar esa caldera de presión acumulada de años. Y en una demostración madura de sensatez, se reunía en la Plaza de la Bandera, frente a la sede de la Junta Central Electoral objeto de sus protestas, para dar a conocer al mundo que la juventud dominicana era responsable y conocía de sus deberes. Desde hacía años estaba adormecida por el bienestar que ofrece la vida moderna.
Los jóvenes señalaron el nuevo rumbo de la política. Esta con los cambios para que los políticos, todavía los hay en cantidad alarmante aferrándose a sus beneficios derivados del disfrute del poder. No se dan cuenta del signo de los tiempos y de los cambios que deben moldear el nuevo rumbo de la política. Posiblemente ocurrirá si existe buena fe en esa juventud irredenta en la política que desplazará a la actual camada de los mismos. Los objetivos de estos siempre eran disfrutar del poder a como diera lugar. Han tenido diversas oportunidades de arrimarse al abrevadero del poder y disfrutar del mismo. Esto es gracias a las dádivas dispuestas por los gobernantes para pagar y no tener que pegar.
Hay necesidad de un cambio y que diera señales de que está en gestación. Y el despertar juvenil dio señales positivas gracias a la rebeldía de esa generación no contaminada para que se inicie un sendero del cambio en la forma de hacer la política. Se está sacudiendo a los políticos de su esfera de confort. Ellos creían que tenían controlados, sumisamente, a un pueblo para que viera sus depredaciones en contra del tesoro público como algo normal en la vida.
En el pasado siglo XX ocurrió otra acción brillante de la juventud cuando en 1960 después de la invasión de junio de 1959 de los expedicionarios dominicanos y sus amigos latinos, comenzaron a darle forma a una oposición organizada en contra del régimen trujillista. De esa manera se inició el principio del fin de la larga dictadura de Trujillo. Ciento de jóvenes de clase media, de la poca que existía en esos años, se rebeló en contra de sus padres, unos muy connotados trujillistas para integrar grupos sediciosos para sacudir al régimen.
En enero de 1960 las cárceles de represión trujillista se vieron repletas de cientos de jóvenes que habían decidido marcar la diferencia para ir en contra de sus padres. Estaban anunciando al mundo que un cambio se avecinaba en el país. Las cárceles inundadas de jóvenes que estaban dedicados a distribuir panfletos, pintura de letreros en las paredes y colocar bombas molotov. Otros estudiaban el alcantarillado pluvial de la avenida Máximo Gómez que desaguaba en el mar Caribe frente a Güibia donde Trujillo cada noche departía con sus amigos para un posible atentado.
b Decenas de jóvenes perdieron la vida torturados y masacrados en las ergástulas trujillistas por las torturas de connotados esbirros que hacían de la crueldad su deleite malévolo. Pero la juventud no se arredró a sabiendas de cual podría ser el destino final.
Es loable lo llevado a cabo por las actuales generaciones de jóvenes de clase media que saliendo de su guarida del bienestar mostraron sus valores para con la Patria. Y azuzados por la tremenda corrupción que impera en el sector oficial han querido mostrar su repudio a un proceder imposible de aceptar ya como parte de la tradición criolla. Por lo tanto se debe cambiar y que algo nuevo se concretice para hacerse cargo del poder y demostrar si en verdad valió la pena el ejercicio juvenil de la Plaza de la Bandera.

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