La disyuntiva del programa de alimentación escolar: ¿cerrarlo o arreglarlo?

La disyuntiva del programa de alimentación escolar: ¿cerrarlo o arreglarlo?

Parte 1
El anuncio del Ministro de Educación del cierre definitivo del programa del desayuno escolar  provocó una lluvia de pronunciamientos fundamentados en la causa del cierre: “una cadena de complicidades e inobservancias en la línea del suministro”. (Educación suspende el suministro del desayuno. Listín Diario, febrero 4).   Implícitamente, el mismo se declara  incapaz de corregir la corrupción y lograr que un programa escolar funcione correctamente, echando leña al fuego que clama por su destitución. 

Yo soy de las que cree que en las condiciones en que se mantiene el sistema de enseñanza pública actual no vale la pena re-iniciar el programa, pero por razones muy diferentes a las externadas por el ministro de Educación.  La crisis ofrece la oportunidad de buscar soluciones que beneficien al estudiantado y no  a  los muchos intereses que se mueven alrededor de la merienda escolar dentro y fuera del Ministerio de Educación.

 Lo que no podemos hacer es politizarla. 

Mi propósito es presentar evidencias de porqué el programa de alimentación escolar debe de ser finalizado  hasta que se logre alargar el período de enseñanza  que en la actualidad no llega a las 4 horas en el 95% de las escuelas, y que basado en observaciones y declaraciones de administraciones anteriores, solo alcanzan las dos horas de docencia efectiva.  Si distribuimos horas perdidas entre días feriados, huelgas de docentes,  reuniones de la ADP,  trabajo de niños en zonas cafetaleras, tiempo para merendar o recrearse, tiempo para filas y cantar el himno  etc., nuestro estimado de horas de clase puede ser aún  menor.

Propongo el cierre del programa de alimentación escolar (PAE) en las condiciones en que se imparte la docencia actual,  debido a que su funcionamiento se sustenta en supuestos falsos que han creado mitos sobre su impacto social y educativo en la población beneficiada. 

Los mitos del PAE.  1. Los padres de niños que asisten a escuelas públicas no tienen recursos para alimentar a sus hijos y éstos dependen del alimento escolar para su desarrollo físico y mental.

2. El programa alimentación escolar (PAE) satisface las necesidades de nutrientes de los estudiantes.

3. El PAE  constituye un incentivo para que los padres envíen a sus hijos a la escuela, aumentando así la asistencia escolar y la proporción de estudiantes que son promovidos al próximo año.

4. La implementación  del  PAE es sencilla.

5. El PAE tiene un costo bajo. 

Las premisas falsas.  Primero, no es cierto que los padres de estudiantes que asisten a escuelas públicas no tengan recursos para preparar  el desayuno de sus hijos.  La evidencia es contraria a este supuesto:

• En el país han surgido miles de escuelas privadas que no tienen calidad, pero surgen por la dificultad del sistema público para ampliar la cobertura escolar y enrolar a toda la población en edad escolar sin que los estudiantes necesiten transporte vehicular. 

Evidencia: los padres pagan cuotas  para que sus hijos asistan a escuelas privadas que no tienen programas de alimentación escolar.

• Las poblaciones pobres dominicanas valorizan en extremo la educación de sus hijos. 

Evidencia: Cientos de comunidades rurales han logrado el nombramiento de una docente, después que la comunidad ha construido su propia escuela, y/o bachilleres de la comunidad han enseñado gratuitamente por meses y hasta años hasta ser nombradas, como he presenciado en muchas comunidades rurales cibaeñas.  Además, una de las causas del éxodo rural ha sido la frustración campesina de residir en áreas donde las escuelas solamente alcanzan los primeros grados. 

• Las familias  en pobreza extrema están recibiendo ayuda directa de los contribuyentes para que mantengan a sus hijos en las escuelas. 

Evidencia: El Estado dominicano  está destinando recursos a la focalización de la pobreza extrema y moderada a través de programas como “Bono luz”, “Bono gas”, bono para estudiantes universitarios pobres, bono para envejecientes y otros más, con el fin de que el “Beneficiario Tarjeta Habiente” mantenga a sus hijos dependientes en la escuela y en buenas condiciones de salud.

La autora es PhD en investigación sociológica cuantitativa y sociología del conflicto con experiencia en evaluación de estudios de impacto en República Dominicana, Centroamérica y los Estados  Unidos.

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