La Cumbre en aguas de borrajas

La Cumbre en aguas de borrajas

Indudablemente que la primera fase de la Cumbre de fuerzas vivas, que con tanto entusiasmo fue acogida por casi todos los sectores nacionales de mayor incidencia en la sociedad, culminó con un desaliento previsible.

Este se manifestó cuando los empresarios dieron a conocer un comunicado donde externaban los asuntos de su interés para ser aceptados e implementados por el gobierno.

En la Cumbre hubo de todo en cuanto a propuestas, mandatos, imposiciones y desencantos como los del empresariado. Pero el meollo de lo que se suponía en esa reunión multitudinaria de fuerzas vivas no fue analizado de lleno.

La idea básica de la Cumbre era identificar acciones y medidas para enfrentar la crisis económica mundial, léase recesión y depresión que afecta a los países desarrollados. Aquí parecería que vivimos en una burbuja y no nos damos cuenta cómo los embates de los problemas ya están erosionando la economía. Incluso nos estamos dando el lujo de asistir con entusiasmo a la promoción de ventas de viajes al espacio exterior a más de 200 mil dólares por pasajero; no se descartaría que algún intrépido millonario criollo compre uno de esos boletos que debía ser comercializados en países más gastadores por el hedonismo de sus sociedades, pero que ahora el dinero no es tan abundante.

En la Cumbre ha habido de todo, menos acciones y decisiones para ser aplicadas para estimular de inmediato la economía y evitar la recesión. Solo con planes masivos de construcciones de obras de infraestructura se evita una depresión, estimulando el consumo con la presencia de una población activa que estimula la producción industrial con mayor demanda de mercancías y alimentos.

Lo anterior es la clásica fórmula keynnesina que tan buenos resultados le dio a Roosevelt en la década del 30 del pasado siglo XX cuando sacó a Estados Unidos de la depresión y aquí lo aplicó Balaguer en la década del 60 y siguiente, catapultando a sus países hacia períodos continuos de desarrollo sostenido. Tal fórmula es la que planea aplicar Obama a la alicaída economía norteamericana ahora que el Congreso ya le aprobó su voluminoso paquete de los casi 800 mil millones de dólares.

La fórmula Obama, siguiendo la tesis del gran economista de los años 30 John M. Keynes, de estimular la demanda mediante masivos planes de construcciones de obras de infraestructura, va en sentido contrario a lo que los republicanos de George W. Bush aplicaron en los primeros ocho años del siglo XXI con ruinosos resultados para el mundo, al sumergirlo en el desempleo y quiebras bancarias y empresariales de gran connotación.

La Cumbre acumuló cientos de sugerencias y demandas. Casi todas podrían definirse como programas y acciones distintas a la emergencia de la hora. Casi nadie se enfocó en el objetivo primario de estimular la economía con una mayor demanda. Tan solo ese objetivo lo está realizando el Banco Central con los estímulos recientes de bajar intereses y disponer de 10,500 millones de pesos para inversiones, préstamos y otras actividades empresariales, lo cual podría calificarse como un punto luminoso de lo que procuraba el presidente Fernández con esa Cumbre, por lo que no todo fue agua de borrajas.