LA COLUMNA DE HORACIO
Los distintivos ausentes  de la política criolla

<STRONG>LA COLUMNA DE HORACIO<BR></STRONG>Los distintivos ausentes  de la política criolla

Le tengo un reproche a la colectividad política dominicana. Si bien es cierto que existe un partido que reivindica el color  de la naturaleza y sus recursos, su presencia no se siente  numéricamente. El verde como enseña con aval de multitudes hace falta; y en un plano más amplio, el espectro partidario nacional debería ser eso: una diversidad de pigmentaciones que respete las esenciales y perfiles de los conglomerados.

¿Cómo es que si aquí una organización se redujo radicalmente en afiliados bajo el embate del transfuguismo, no ha adoptado todavía algo más tornasolado que colorado. Deberían buscar algo que connotara con la inconsistencia.

La forma en que agrupaciones  se han despachado con el presupuesto, aumentándose sueldos y obligando al fisco a pagar en paquetes onerosos que incluyen viáticos, gastos de representación, combustibles, exoneraciones y barrilitos para comprar conciencia, es algo que no puede expresarse con ninguno de los matices ordinarios.

Hay en esas conductas una poderosa adhesión a los privilegios  y ventajismos, y sobre todo al dinero, y como las papeletas locales son diversas en su coloración, los más señeros emblemas de la política local deberían lucir  como infames batiburrillos de siniestra tonalidad.

Aquí ninguna “fuerza” de las que surgen siempre con la mira puesta en el erario  ha recurrido al gris para promoverse, a pesar de que es el tono que mejor referencia haría a la pobreza de discurso, al vacío de ideas  y básicamente a la falta de buenas intenciones. Según el PNUD,  aquí la política ha sido clave en causar miseria. Por tanto, cada partido debería tener siquiera una franja del color del desastre.