LA COLUMNA DE HORACIO 

LA COLUMNA DE HORACIO 

En vista de lo poco o nada que en esta República se separan las funciones públicas de las funciones de los partidos, buena parte del “esfuerzo” oficial para la recuperación de la economía en el año declarado al efecto podría llegar  a los pueblos con una tonada de fondo que haría pensar  que las obras y los repartos provienen de unos fondos  “particulares” y con especificidad de símbolo. ¡Oh irritante distorsión! Aquellos que deciden la forma de gastar lo público van a reclamar más méritos que la nación misma que trabaja y tributa como burro de carga  sin  la exclusividad de bandería. En una democracia de verdad los contribuyentes deberían tener derecho a decidir sus “aportes” vía impuestos a los aspirantes o a no darle un chele a ninguno. Yo en particular no aceptaría que ninguna porción de mis tributos pase siquiera cerca de un Félix Bautista aun cuando fuera para construir más cosas en San Juan de la Maguana y seguir pareciendo un bienhechor sin parangón. Tampoco lo que  me obligarían a darle a través de la infame ley que otorga pezones de la vaca nacional a los partidos.

Ni un céntimo de mis pagos al Fisco  para cubrir el  peso enorme de las facturas de teléfono debería ser administrado por José Rafael Vargas a pesar de que creo en su honestidad. Me parecería injusto e innecesario que mis cuartos puedan seguir ayudando a darle esa imagen de todopoderoso que convierte en soluciones sociales mucho de lo que toca  dentro y fuera de Moca. Un aura que jamás lograría el competidor suyo que carezca de un supercargo  y de la gruesa potestad presupuestal que le asiste. Telefónicamente hablando, tenía más sentido invertir en Martha Heredia.