La columna de Horacio

La columna de Horacio

E mail de un mocano
Atiende bien a lo que voy a explicarte Melania:

Voy a tener que quedarme unos días más en Santo Domingo. Nadie debe salir del cine cuando solo falta un rollo de la película aunque sea de horror, y no lo digo porque a algunos les atribuyeran la condición de viralatas.

Eso, al fin y al cabo, se cae por su propio peso, pues se trata de personas que jamás fueron vistas levantando una pierna para cambiar el agua de la aceituna en un poste de luz.  Pero después han salido  cosas muy graves. ¿Te acuerdas de lo que siempre me has dicho en el sentido de que cuando venga a la Capital no me junte con Pirulo? Te voy a ser sincero. El lunes temprano me encontré con él, por casualidad. Suerte que me le pude zafar rápido, pues se trató de un conversao corto, sin importancia y sin fotografías. No habría forma de relacionarme  con sus manejos. Ahora bien, aquí en política el despachurre está apelando a todo, y a veces no valen consejos ni malas experiencias. Con lo que está pasando con esto de las “apariencias que incriminan” aunque uno sea inocente, me acuerdo del primo Matías. De todos en la comarca, allá por los años setenta, el único que nunca creyó que él estaba haciendo cosas indebidas con la burra de Pachiro cuando los encontraron en el monte fui yo, porque siempre me ha constado su decencia, pero después de eso, Matías no ha podido librarse de ese feo sobrenombre que tú conoces…

Te escribiré otra vez más adelante, que estos ciber café de Santo Domingo cobran muy caro.

Te quiero.