La Colectiva de Arte Contemporáneo sigue abierta en el MAM
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La Colectiva de Arte Contemporáneo sigue abierta en el MAM<BR>( 2 de 2)

MARIANNE DE TOLENTINO
E l arte contemporáneo tiene mala fama entre el gran público, no solamente en Santo Domingo, sino en numerosos países del mundo. Generalmente perturba, asusta, finalmente aleja al espectador. Sin embargo, y por suerte, tiene a sus defensores apasionados, que le permiten vencer prejuicios y temores, concediéndole derecho de asilo en museos y salas especializadas en los movimientos actuales, aparte de una acogida privilegiada en los grandes eventos internacionales.

A pesar de las dificultades que confrontan esos creadores imprudentes, impudentes y no pudientes, podríamos asegurar que, en nuestro país, no chocan con opiniones adversas violentas. La crítica, salvo muy raras excepciones, si no se deja siempre conquistar en profundidad, los elogia. Siendo una razón, aparte de la validez de la obra, el hecho de que los marginados del éxito comercial, poseen una personalidad fuerte y una suerte de liderazgo… Paradójicamente, se buscará el aprecio de esos artistas como un testimonio de capacidad e idoneidad.

Ahora bien, como lo hemos señalado anteriormente, en la República Dominicana, el arte contemporáneo conserva la tradición nacional… Podría aparentar una afirmación contradictoria, ya que en principio propone un lenguaje de ruptura con lo expresado anteriormente. Es que, a diferencia de lo que se hace en muchos lugares –cultivando la fealdad y la provocación–, nuestros artistas contemporáneos dentro de sus materiales y formas, mantienen una armonía, una poesía, un equilibrio de las proporciones y los colores. En tal aspecto, esa estética preservada, continuadora de los rasgos del arte dominicano tradicional, hace que la nueva imagen sea accesible y atractiva.

 Como ejemplo presente de nuestra afirmación está “Cuerpo (im)propio”. Las obras representativas que se exponen en el Museo de Arte Moderno a la vez intrigan e invitan a que las disfruten… Hoy, cuando hay una muestra totalmente distinta en magnitud, medios y aspiraciones, como las pinturas de Vangelis –ocupando la segunda planta del museo–, no son pocos los que, visitando esa exposición pictórica, se han acercado a las instalaciones de los contemporáneos nuestros y han descubierto un caudal de seducción, sinceridad y belleza.

MÁS ACIERTOS

Las instalaciones de Tony Capellán, Belkis Ramírez y Jorge Pineda imponen presentaciones originales e investigaciones que dialogan con las inquietudes de cualquier público, inteligente y sensible. Luego, los artistas de la generación siguiente también manejan soportes propios, demostrando que el arte contemporáneo perdura en sus aciertos. Hay una independencia en la exploración de los materiales y los hallazgos respectivos, que aumenta el interés y confirma una creatividad continua.

Nos alegra que Marcos Lora Read, de vuelta de París, haya podido participar en la muestra. Él es un ejemplo de la personalidad contemporánea dominicana y sus agrados. La pequeña pieza que exhibe pertenece a la serie de las mutilaciones, servicios e historia de la esclavitud, extendiendo el mensaje a las secuelas que ha dejado ese período sombrío. Hay en la obra “insidiosa” de Marcos una sutileza y un acabado poco comunes.

En cuanto a Raquel Paiewonsky, dueña de una fantasía y una polivalencia extraordinarias, tiene más eficacia en su puesta en evidencia del papel de la mujer genitora y doméstica, cuando se suscribe, como es el caso aquí, a los lineamientos estéticos que mencionamos. La monstruosidad de una condición no necesita monstruos para expresarse… Tanto la fotografía, hermosa y perturbadora, como la instalación colgante son obras estupendas, de lectura abierta.

El video está muy bien representado por Pascal Meccariello y Elía Alba. Pascal conjuga los talentos de constructor, instalador, fotógrafo, grafista, videoartista, y nos pareció volver a encontrar aquí su obra de la Bienal pasada. Indudablemente, la introspección le propicia signos inagotables en soluciones plásticas y combinaciones formales, exaltando a la vez metamorfosis y simetría. Respecto a Elía Alba, que somete los rostros a deformaciones reversibles y múltiples, su personaje, de movimientos lancinantes, da a la máscara un poder hipnótico. Esperamos tener, en Santo Domingo, la oportunidad de una exposición individual de esta artista de la diáspora.

Ya expresamos que la fotografía era aquí el punto débil de la curaduría y la museografía: algo como un pequeño anexo, a incluir por obligación. La fotografía con otra dimensión genérica –así la de Raquel– está muy bien, pero la fotografía como categoría y código autónomo figura como pariente pobre. Su importancia en el arte dominicano merecía más o se eliminaba reservándola para una muestra específica. Fausto Ortiz debe enseñarnos sus tomas estremecedoras del asilo y la ancianidad.

Las pinturas de José García Cordero –en blanco y negro– y Raúl Recio –de paleta y piscina tropical– se comprometen con la imagen cultural de una sociedad que ha perdido moral, vergüenza e integridad. Anteceden el signo y el mensaje a una investigación intrínsecamente pictórica, someten convenciones y cánones de la factura a su antojo: ¡son contemporáneas! Ya expuestas –parte del patrimonio de Lyle O’Reitzel– descartan el efecto de sorpresa y la revelación. Ahora bien, no cabe duda de que ambos artistas son máximos exponentes de la actual “figuración libre” y de lo que consideramos el post-expresionismo dominicano.

David Pérez, el benjamín de la colectiva, se confirma como nuestro más destacado de los profesionales del performance (por cierto, el masculino es incorrecto, aunque lo usamos aquí). A toda su obra cabe el título de “Cuerpo (im)propio”. En el linaje de los “happening”  y “body-art” internacional, él lleva el experimento hasta el dolor y la huella física, pero sin excesos masoquistas. Su hostial u hostiario sigue apegado a la valoración del arte como ritual, apelando a la comunión psicológica de un espectador participante. En una pared, quedan –¿efímeramente?– los testimonios “secretos”, una práctica acorde con el arte conceptual definido como tal.

Disfrutamos muchísimo esta primera edición de “Cuerpo(im)propio”. Decimos primera, porque puede –”debe” no cabe en asuntos de curaduría– presentarse una segunda edición, que integraría en una perspectiva más global de la contemporaneidad, a artistas dominicanos que faltan aquí.

… Al salir de esta exposición –que merece itinerar fuera de Santo Domingo– recordamos lo que afirmó Umberto Eco en su “Historia de la Belleza”: “El arte contemporáneo ha descubierto el valor y la fecundidad de la materia.”