La Biblia y la delincuencia

La Biblia y la delincuencia

Por más perfecta que sea una sociedad, lo que evita que los intereses e integridad de los ciudadanos sean afectados por individuos violentos, malvados e irrespetuosos del orden público, es la existencia de leyes claras y contundentes.

El futuro de un pueblo es oscuro cuando sus jueces y autoridades no imponen ni hacen cumplir sanciones fuertes.

Dios habló a Moisés y le trazó pautas duras contra los ladrones, maliciosos y violadores del derecho ajeno.

En el libro de Éxodo, en su capítulo 22, el Señor manifestó que cuando alguno hurtare buey u oveja, y lo degollare o vendiere, por aquel buey pagará cinco bueyes, y por aquella oveja cuatro ovejas.

En cuanto a los ladrones estableció que si el ladrón fuere hallado forzando una casa, y fuere herido y muriere, el que lo hirió no será culpado de su muerte.

“Pero si fuere de día, el autor de la muerte será reo de homicidio. El ladrón hará completa restitución; si no tuviere con qué, será vendido por su hurto.

“Si fuere hallado con el hurto en la mano, vivo, sea buey o asno u oveja, pagará el doble”.

En lo que tiene que ver con el asumir responsabilidades sobre bienes ajenos entregados en depósito se determinó que cuando alguno diere a su prójimo plata o alhajas, y fuere hurtado de la casa de aquel hombre, si el ladrón fuere hallado, pagará el doble.

Pero si el ladrón no fuere hallado, entonces el dueño de la casa será presentado a los jueces, para que se vea si ha metido su mano en los bienes de su prójimo.

El texto sagrado indica claramente que Dios ordena mano dura contra la delincuencia, pues no hay otro modo de combatirla y dominarla.