La autopsia de Benazir Bhutto

La autopsia de Benazir Bhutto

WILFREDO MORA
Este artículo se escribió sólo, porque, buscando la crónica de los incidentes del atentado, tras congregar en mi mesa de trabajo casi toda la información sin que ésta nos guiara a la autopsia que no se le se practicó a la primera ex primer ministro de Pakistán, de quienes todo lamentamos su innecesaria muerte.

En la práctica, un sistema forense, en una situación como ésta tiene que estar preparado. Porque él sabe que la autopsia ha de llevarse a cabo de dos maneras: está toda la evidencia y solo falta el cuerpo o, por el contrario, está el cadáver y sólo falta completar toda la evidencia. Nadie puede desaprovechar la metodología que permite explicar cualquier hecho violento que principia por hacer una autopsia, que consiste en el examen del cadáver en el lugar del hecho, y que permite reconstruir el antes, el presente y futuro del suceso. Consideramos como de error innegable que no haya autopsia en este caso que da pie a este escrito.

Si el cadáver es la evidencia principal, es claro que una autopsia legal sirva para orientar al sistema, a través de perito, en la formulación de la mayor cantidad de hipótesis delictivas posibles.

Al asegurar el perímetro de la escena del crimen, es notorio que hay que revisar técnicamente para buscar, descubrir, revelar y recoger las huellas, señales o rastros; es importante establecer que pueden haber diferentes tipos de escenas de crimen: en lugar abierto (como en este caso), o cerrado, escena fija y móvil, que al analizarla nos ayuda a preservar los elementos materiales del crimen (con la presencia de curiosos, de personal no especializados en la identificación, de embalages de las evidencias, de agentes atmosféricos) porque al hacerlo la tarea que hay que desplegar está orientada para aislar, proteger y conservar, para determinar cuales de los elementos pueden ser servir como evidencias. Ignoramos si todo esto que planteamos se llevó a cabo.

Hay que abrir un camino de acceso a la escena del crimen y un sendero de desplazamiento; es lo que se denomina «fijar las evidencias», enumerándolas, y, como dijimos ya, formular hipótesis delictivas de trabajo.

En este caso, interesa saber: ¿El hecho criminal fue premeditado, o no? ¿cuál fue el supuesto razonado sobre la forma en que se cometió el hecho? ¿el indicar el camino, la estrategia que va a seguir la investigación criminal?

No debe acogerse la primera teoría, nadie puede saberlo. En la práctica, un investigador forense sabe que siempre hay que manejar dos o más hipótesis. Esta confirmación, o el desecho de la hipótesis es, de acuerdo al avance de la investigación, lo que será el fundamento de la estrategia que va a usar el fiscal en el juicio. Porque en un caso como éste, tiene que haber un juicio, o de lo contrario existe una justicia penal timada por la corrupción.

La muerte del Benazir Bhutto es una investigación compleja, pues dejó más de 132 de sus seguidores muertos, y más de 500 heridos; su asesinato, cuya culpa será de Al Qaeda, o del gobierno de Pervez Musharraf, es parte de la colaboración que puede proporcionar el forense en esta controversia. El asesinato de una figura como Benazir Bhutto es un reto para el sistema forense, para el Poder Judicial de un país. Nosotros mismos debemos preguntarnos si estamos preparados; ya que una vez tuvimos un Presidente muerto sin autopsia. Las ciencias criminales se vinculan a la identificación de las pruebas y de los posibles autores. Gracias a ella, es decir, a la investigación criminal, es que puede hablarse de un verdadero proceso penal en caso de magnicidio.