Justicia a cuentagotas

Justicia a cuentagotas

La lentitud en la marcha de la justicia escandaliza y preocupa.

En algunos casos, las quejas tienen que ver con el torpe desenvolvimiento de casos de gran resonancia, como son los expedientes por corrupción que se debaten en medio de una lucha que parece más política que jurídica.

En cambio, es imperceptible la resonancia de las quejas cuando se trata de casos en que la lentitud de los procesos se identifica plenamente con una lamentable denegación de justicia.

El presidente de la Suprema Corte de Justicia, Jorge Subero Isa, ha criticado a los jueces por su lentitud en la conducción de casos de corrupción de que están apoderados, y a tono con la crítica ha anunciado la formación de nuevos tribunales para contribuir a acelerar los procesos.

Estas quejas y los propósitos de aumentar el número de tribunales son concordantes con las presiones a que está sometido el país, a través del Fondo Monetario Internacional y otras vías, para que sean debidamente resueltos y fallados los expedientes por casos de corrupción.

-II-

Pero estas manifestaciones de preocupación dejan mucho que desear y por menos que uno quisiera, termina deduciendo que nuestra justicia no es todo lo ciega que debiera ser.

En otros ámbitos, por supuesto que libres de la influencia política, la justicia se manifiesta quizás más torpe y lenta que en los casos de corrupción, pero nadie alza la voz para increpar a los jueces y anunciar la instalación de nuevas instancias que agilicen estos procesos.

Y es así como pasa desapercibido que un hombre favorecido con la libertad condicional tras haber cumplido la mitad de una condena de 20 años por el robo de una moto, no ha podido salir de prisión por falta de documentos de identificación. Así, indocumentado como estaba, fue sometido y condenado por tribunales que no se sabe cómo se las arreglaron para establecer que «él» era realmente quien decía ser.

Otro caso por el que nadie arma alharaca es el de otro hombre que lleva más de ocho meses preso en la celda del Palacio de Justicia de Santo Domingo porque no ha habido medios para trasladarlo a la cárcel del 15 de Azua, donde debe cumplir condena de dos años de prisión por agresión.

-III-

Es necesario sacar a relucir estas cosas que aparentan no tener importancia en un mundo que se moviliza y expresa con más vigor cuando lo aparente es lo que está en boga.

Salvo demostración en contrario, el mejoramiento de la justicia no ha desterrado estos puntos negros que convierten en tema de novela casos tan simples como la obtención de un documento de identificación o el traslado de un recluso a la jurisdicción de aplicación de la pena.

Pretender negar que hayamos avanzado en materia judicial sería una actitud reñida con la verdad. Desde luego, lo que hemos avanzado no es lo que debiera ser y es mucho menos de lo que se proclama de voz en cuello cada vez que se habla de logros en este ámbito.

No se puede hablar de avances mientras se modernicen los instrumentos y las pautas jurídicas pero continúen siendo arcaicas las mentalidades que los manejan.