Izquierdismo, populismo y cinismo
El izquierdismo

Izquierdismo, populismo y cinismo<br />El izquierdismo

EDUARDO KLINGER PEVIDA
En los años sesenta, ante el influjo de la Revolución Cubana – y en muchas ocasiones estimulados por ella- surgieron en América Latina movimientos revolucionarios de izquierda. Varios de ellos asumieron la lucha insurreccional armada con motivaciones de reivindicaciones sociales.

Había surgido la lucha de “izquierda” sustentada en las posiciones del izquierdismo internacional que representaba el campo comunista mundial cuyos exponentes más protagónicos -en esa década de los sesenta -eran la URSS, Cuba, la Alemania Oriental pero también Vietnam, ya combatiente en esos momentos, y la propia China comunista.

La plataforma ideológica era el marxismo-leninismo y el objetivo la construcción de una sociedad socialista basada en aquellos principios. A esa izquierda se le llamaba progresista, revolucinaria, socialista, etc. y sus detractores eran la “derecha”, los conservadores, los reaccionarios, etc.

Sin embargo, la realidad se impuso sobre los sueños. Ese escenario quedó atrás y la mayoría de los actores desaparecieron y otros prefirieron interpretar otros papeles.

Aunque algunos personajes persisten e incluso mantienen sus libretos originales -aunque en casi todos los casos con cambios de guión-. Lo cierto es que ahora hay veces que no se sabe quien es la “izquierda” o la “derecha” en el sentido de lo que cada uno de ellos representaba. A los que antes eran “progresistas” ahora le llaman “conservadores” y lo inverso.

En una ocasión leí que el origen de la definición de “izquierda” y “derecha” tenía su explicación en una reunión de los soviets en los que Lenin habría dicho que los que estuviesen de acuerdo con el que se concentrasen a la izquierda del salón y los que no a la derecha.

Lo cierto es que las desigualdades sociales que alimentaron la efervescencia revolucionaria no sólo se mantienen, sino que se han profundizado en este Continente, considerado el de mayores desigualdades en el mundo.

En América Latina y el Caribe se viene presenciando desde hace unos años la toma del poder por sectores -que ahora vuelven a denominar de “izquierda”- que levantando la bandera de la justicia social han canalizado sus pretensiones no mediante la lucha insurreccional sino -superando el trauma dejado por la experiencia chilena de los setenta en que un intento de transformaciones sociales revolucionarias en democracia fue frustrado por la confabulación de fuerzas internas y externas que pareció cerrar definitivamente el camino democrático para introducir elementos de justicia social.

Muchos de los adalides de la democracia -con visión sectaria- tienen puesto el grito en el cielo por el advenimiento al poder de “izquierdistas” y “socialistas” que están accesando al poder por la vía democrática. Hay quienes se manifiestan “preocupados” por esos resultados democráticos. Cuando se es verdaderamente demócrata se debe saber aceptar los resultados democráticos transparentes y, en todo caso, analizar cuales fueron las situaciones objetivas que llevaron a los mismos.

Algunos, más realistas, se han dado a definir el contenido político del concepto de “izquierda” o de “derecha” de nuestros días a partir de la posición de cada cual con relación a la pobreza. Así, quienes proponen que sea el mercado el que se encargue de distribuir la riqueza y por ende también el empleo y las posibilidades sociales, caerían en las posiciones de la “derecha” y quienes estiman que el Estado no puede eludir sus responsabilidades sociales con los marginados -los sectores mayoritarios de la población- y debe instrumentar políticas socialmente orientadas, serían los que integran la “nueva izquierda”.

El más recurrido de los argumentos -utilizado con gran demagogia en los procesos electorales -es el del peligro de “otra Cuba” y el epíteto de “comunistas” a los nuevos líderes con aceptación popular. En la realidad del mundo de hoy “otra Cuba” no es posible ni en la misma Cuba. La experiencia cubana, tal y como se manifestó, respondió a un escenario mundial que ya no existe así como a una coyuntura geopolítica que hoy no puede manifestarse de igual manera.

Es una verdadera agresión a nuestra inteligencia los alegatos que se presentan. El gran error que algunos cometen es precisamente el oponerse -por principio- a esas nuevas experiencias. Lo que pudiéramos aventurarnos a denominar como una “nueva izquierda latinoamericana” no se basa en el marxismo-leninismo, aunque seguramente conozca sus principios, ni es de por si, indefectiblemente, anti-norteamericana, pero sería ingenuo pretender ignorar una realidad histórica traumática en los vínculos con la gran potencia del norte. En verdad, la responsabilidad de no reactivar los resentimientos históricos antinorteamericanos recae fundamentalmente en las autoridades estadounidenses.

En el próximo trabajo hablaremos del populismo.