Intoxicación alimentaria

Intoxicación alimentaria

Distintos medios de comunicación destacaron la noticia surgida desde la escuela básica Ángel Rosario, de Bonao, en donde 40 niños de una manera simultánea presentaron un cuadro clínico de náuseas y diarreas, luego de ingerir leche del programa de desayuno escolar.

Los estudiantes afectados fueron conducidos a un subcentro de salud cercano.   La información no precisa detalladamente la forma en que se atendió a los pacientes.  Desconocemos si  el departamento de emergencia de dicho establecimiento sanitario cuenta con las normas de tratamiento que este tipo de  casos amerita.

Aparte de manejar el cuadro sintomático de las personas es de rigor tratar de confirmar la sospecha diagnóstica de intoxicación. Para ello se toman muestras de sangre, contenido del vomito, heces fecales, y lo más relevante lo constituye el análisis toxicológico y bacteriológico de restos del o los alimentos consumidos por el grupo.  En el caso específico que nos concierne, debieron tomarse muestras del lote de la  leche suministrada a los alumnos. Las autoridades sanitarias levantarían un acta médica en donde se establece la  granja o sitio de origen de la leche, la cantidad del producto envasada en el lote, así como los lugares a donde fue despachada.

La experiencia acumulada nos indica que no son tantísimos los agentes microbianos responsables de las intoxicaciones a través de la leche.  Es de vital importancia seguir  la cadena  de manejo de la leche, empezando con la certificación veterinaria del estado de salud del ganado lechero.  Las violación a las reglas de  higiene durante el almacenamiento y transporte del líquido no industrializado, el procesamiento, envase, distribución y consumo pueden ser el motivo de la contaminación.   El celo en la vigilancia y un estricto cumplimiento de las normas sanitarias reducen el porcentaje de probabilidades de contraer una enfermedad a través de los alimentos.

Un voto de confianza merecen en este caso las autoridades de educación que no malgastaron sus energías negando lo que era evidente, cosa que había sido la práctica frecuente en el pasado. La verdad salva dice el refrán y es muy flaco el servicio que se le presta a la comunidad tratando de opacar la transparencia con que debe abordarse este tipo de situación de salud.  Dicen que  después del palo dado ni Dios lo quita, pero no es menos cierto también  que los tropezones nos enseñan a levantar los pies. Oportuna es la ocasión para revisar y reforzar las garantías de calidad y seguridad que ofrece la leche que consume la población dominicana.

Hoy como ayer los escolares son el blanco de las intoxicaciones, una señal de debilidad en la cadena de prevención. Aún cuando el percance no ha generado trágicas consecuencias,  el mismo debe convertirse en una sirena de alarma que oriente nuestra mirada, oído, pensamiento y acción para enmendar algo que anda mal en el sistema de vigilancia. Todavía estamos a tiempo para agarrar el toro por los cuernos antes de que el  animal nos dé una mortal cornada.