Inmigrantes pueden desbloquear el aumento de la productividad

Inmigrantes pueden desbloquear el aumento de la productividad

La inmigración ha hecho de manera demostrable que las economías sean más productivas desde que hay estadísticas de producción precisas. Sin embargo, no se trata de un efecto automático: los inmigrantes deben adecuarse a las necesidades del mercado laboral del país receptor.
En 1685, Luis XIV promulgó un edicto que prohibía el protestantismo en Francia. Los “herejes” –los hugonotes- siguieron su camino; fueron bien recibidos por los gobernantes de la entonces atrasada Prusia, muy castigada por la guerra de los Treinta Años y brotes de pestes. Los gobernantes prusianos nunca lamentaron la llegada de hasta 20.000 hugonotes, alrededor del 1,3 por ciento de la población del país: el ingreso de esas personas dio como resultado un aumento perdurable de la productividad.
En concreto se traducía en un incremento de 1,4 por ciento de la productividad de la industria textil.
La llegada a los Estados Unidos de emigrados alemanes judíos procedentes de la Alemania nazi provocó un enorme salto en la innovación estadounidense, contribuyendo al crecimiento de la productividad más veloz de la historia del país en las décadas de 1930 y 1940. Al igual que los hugonotes en Prusia, esa ola de inmigración generó una significativa transferencia de conocimientos. Pero la inmigración de trabajadores manuales también podría tener un efecto benéfico. En los años 60, cuando las economías industriales de Alemania, Bélgica y los Países Bajos se recuperaban de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, la llegada de “trabajadores invitados” contribuyó a bajar los costos al moderar las demandas de los sindicatos; trabajadores turcos sumamente motivados ayudaron a la Alemania de los años 60 a dar el mayor salto de cualquier década de posguerra para ponerse a la altura de los Estados Unidos en productividad.
En una época más reciente, se ha visto que, en los 20 años que van de 1990 a 2010, el ingreso de trabajadores tecnológicos con visas H1B aumentó la productividad en las ciudades adonde llegaron.
Uno de los autores del trabajo sobre las visas H1B, Giovanni Peri, un académico de la Universidad de California, Davis, oriundo de Italia, ha llevado a cabo muchas investigaciones sobre el efecto económico de la inmigración, como sus implicancias en la productividad. Trabajando con conjuntos de datos de distintos países y tipos de firmas, demostró que sumar inmigrantes a la fuerza laboral impulsa a los habitantes locales a empleos más orientados a la comunicación, lo que aceita los procesos empresariales y contribuye a aumentar la productividad. También ayuda a las compañías a expandirse geográficamente, al aprovechar el conocimiento de los inmigrantes sobre sus países de origen; el aumento de las exportaciones también se traduce en una mayor productividad.
Incluso la inmigración de baja calificación puede hacer que la economía del país receptor sea más productiva de maneras inesperadas. Rachel Anne Harris, de la Universidad de Toronto, demostró en un trabajo reciente que el Mariel Boatlift o Éxodo del Mariel –la llegada inesperada a Florida de 125.000 cubanos expulsados por el régimen comunista de ese país- redundó en un aumento de las patentes en Florida. No fueron las personas que habían llegado en los botes las que innovaron; en su mayoría eran trabajadores manuales. Pero, según escribió Harris, “los inventores tuvieron acceso a una amplia oferta de trabajadores de baja calificación y pudieron contratarlos para ocuparse de las tareas domésticas, del cuidado de los niños, etc. Eso permitió a los inventores desentenderse de las tareas domésticas y dedicar más tiempo a la invención, lo que llevó a un aumento del registro de patentes”.
Hay una condición clave para que los inmigrantes incrementen la productividad de ese modo: el grupo de inmigrantes debe adecuarse a las necesidades del país receptor.