Inconsecuencia

Inconsecuencia

La población estudiantil de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), que ronda actualmente los 160,000, es mayor que la suma de las matrículas de todas las academias privadas de estudios superiores que hay en el país.

Lu matrícula y el crecimiento proyectado de esta universidad obedece a que sus costos por carreras son los más bajos del país, lo cual permite que jóvenes de escasos ingresos tengan acceso a la enseñanza superior y a hacerse de una carrera profesional bajo un régimen de excelencia académica a toda prueba.

Paralelamente y hasta demostración en contrario, es la academia superior con las mejores prestaciones económicas y sociales para sus profesores y empleados.

Esa, con todas las características señaladas, es la universidad que tienen paralizada los profesores para demandar un incremento salarial de un 30% que podría ser litigado con métodos que no afecten la docencia.

La huelga por tiempo indefinido en la UASD es una inconsecuencia que viola el derecho a la formación profesional de al menos 160,000 estudiantes que por razones económicas no tienen acceso a las academias privadas en las cuales, por cierto, imparten docencia  por pagas mucho más bajas la mayor parte de los profesores en huelga, sin llegar a reclamar jamás aumento a través de medidas de fuerza como el paro laboral.

-II-

Nadie discute si los profesores de la universidad estatal, en la actual coyuntura,  merecen o no que les sean mejoradas sus prestaciones económicas. Tampoco estamos considerando si las autoridades universitarias tienen o no tienen argumentos valederos para abstenerse de acceder a este reclamo.

Pero nos atrevemos a definir como una inconsecuencia mayúscula el hecho de que el profesorado haya decidido canalizar este reclamo apartándose del diálogo para incurrir en la barbaridad de perjudicar los programas de capacitación.

Para garantizar los derechos de los estudiantes, el Estado ha hecho en la UASD en los últimos tiempos importantes inversiones en la construcción de una biblioteca que está entre las más modernas del área y otras instalaciones que permitirán mejorar la calidad de la enseñanza.

La UASD, con todo y su fuero, su autonomía, por tener un carácter público de un peso social incalculable debería estar preservada contra acciones de fuerza que perturben los programas docentes y que perjudiquen a los estudiantes.

No conocemos ningún caso de que esos mismos profesores que ahora paralizan por tiempo indefinido la universidad del Estado, hayan reclamado alguna vez, con los mismos métodos de fuerza y arrogancia, mejoras económicas en el ámbito privado donde ejercen con menos remuneración.

Se impone una vuelta a las virtudes siempre edificantes del diálogo y que termine la inconsecuencia que representa esta huelga.