Hoy con Cristo
Amor: cumplimiento de la Ley

<STRONG>Hoy con Cristo<BR></STRONG>Amor: cumplimiento de la Ley

Cuando se hace la voluntad de Dios con ligereza será hecha forzadamente y de último, pero hacerla bien requiere que sea libre y de primero.

Si una ciudad ha sido sitiada y tras muchos ataques es capturada, la ciudad no se rindió, sino fue vencida. Tampoco puede decirse que nos hemos encomendado a la voluntad de Dios, si para ganarla Dios tiene que darnos martillazos hasta quebrar la voluntad.

De manera que una cosa es que nos quiebren la voluntad y otra es que la hayamos cedido libremente a Dios.

Cuando al Faraón se le agotaron los recursos para impedir la salida de los israelitas, entonces renunció a su voluntad y los dejó salir: “E hizo llamar a Moisés y Aarón de noche, y les dijo: Salid de en medio de mi pueblo vosotros y los hijos de Israel, e id, servid a Jehová, como habéis dicho” (Ex.12:31).

Resignó su voluntad a la de Dios ya que no podía hacer otra cosa. Jesús no dijo: Mi Padre me ha mandado a beberla, sino: “¿No la he de beber?” (Jn.18:11); se denota una firme resolución. No de último, sino libre y de primero. No mencionó la necesidad de honrar las Escrituras, sino la voluntad del Padre.

El tuvo en consideración las Escrituras y eso es obvio por sus palabras, pero la esencia es que cumplió la voluntad del Padre por un principio de amor.

En las palabras de Cristo hay algo más que simple obediencia.

Es como si dijera: “Es mi Padre, Él me ha mandado a beber esta copa, ¿cómo no la beberé?” Esto es lo que ha de mover la obediencia de cualquier cristiano, el amor.

El amor es el cumplimiento de la Ley; así fue en Cristo, en los apóstoles y en todo verdadero creyente. Pregunta: ¿Cuándo hacer esta encomienda de nuestras almas a Dios? y ¿Haciendo qué cosas nos resignamos a la voluntad del Padre?  La respuesta en sentido general es esta: “Cada día muero” (1Co.15:3). Amén.