Hoy con Cristo

Hoy con Cristo

POR PASTOR OSCAR AROCHA
“Entrando la hija de Herodías, danzó, y agradó a Herodes y a los que estaban con él a la mesa; y el rey dijo a la muchacha: Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré.” (Mrc. 6:22).

Como dicen por ahí, tal cual hija, tal madre. Ella conquistaba haciendo negocio de su cuerpo, no sería extraño que la idea de éxito en la mente de su hija fuera así mismo. Danzar no es malo en sí mismo, si se hace de manera regular, con armoniosos movimientos del cuerpo. Es tan legítimo, como caminar. Pero he aquí que las circunstancias lo transforman en pecado. Es indecente que una virgen contorsione su cuerpo en presencia de hombres encendidos con alcohol. Como es en la naturaleza, también en los hombres. Un suelo sin cultivar produce abrojos. Un corazón sin las enseñanzas de la Gracia, produce mundanalidad.

Herodías y su hija tuvieron éxito: “Agradó a Herodes y a los que estaban con él”. Las cosas indecentes son de agrado al ojo indecente. Es posible que Herodes viese en la indecencia de Herodías insinuaciones carnales de su madre, y como otras veces le gustó. Herodías supo como ganar la codicia del rey, y compuso bien la escena. Ninguna mujer sería tan codiciable para Herodes como la hija de su amante.

 Comentando sobre esto el ministro Hall dice: No hay mejor espejo para discernir el rostro de nuestros corazones, que aquellas cosas que nos dan placer. Uno es como nuestros placeres, vanidad o santidad. Si tu mayor placer son las cosas del mundo, eres mundano. Si fuese el dinero, serías codicioso. Si tu mayor placer es Cristo, su reino, su casa de oración, entonces  eres cristiano.

 De los malos hombres el apóstol lo dice así: “Andan según sus propias concupiscencias” (2Pe.3:3).  Una de las facultades que el hombre o mujer cristiana guarda y protege con más cuidado es el impulso de sus deseos. Si son carnales los mortifica, si son espirituales los cultiva y promueve. Cuidemos, pues, la inclinación de los deseos que se levanten en nuestros pechos. Amén.