Hay que cambiar el rumbo

Hay que cambiar el rumbo

Hay diferencias muy claras que deben ser aireadas, señaladas, para que nadie se llame a engaño, para que nadie se confunda.

Hoy quiero compartir estas reflexiones:

“Asistimos impotentes al dolor de tantas familias que ven a sus hijos acabar miserablemente como víctimas o mandantes de las organizaciones (de delincuentes).

“(La delincuencia) es una forma de terrorismo que infunde temor, impone sus leyes y trata de convertirse en un componente endémico de la sociedad.

“(Los delincuentes) imponen, mediante la violencia, las armas y los puños, reglas inaceptables, extorsiones que han hecho que nuestras tierras se conviertan en áreas de subvenciones y ayudas, sin ninguna capacidad autónoma de desarrollo.

“Comisiones del 20 por ciento y más sobre los trabajos de construcción, que desalentarían al más temerario de los empresarios. “Tráficos ilícitos para la adquisición y venta de sustancias estupefacientes cuyo uso deja montones de jóvenes marginados y peonadas a disposición de las organizaciones criminales.

“Enfrentamientos entre distintas facciones que se abaten como devastadores azotes sobre las familias de nuestras tierras; ejemplos negativos para toda la franja adolescente de la población, auténticos laboratorios de violencia y del crimen organizado.

“La desconfianza y el recelo del hombre frente a las instituciones, debida a la secular insuficiencia de una política apropiada para resolver los profundos problemas que (nos) afligen, especialmente los relativos al trabajo, a la vivienda, a la sanidad y a la enseñanza.

“La sospecha, no siempre infundada de complicidad (con la delincuencia) por parte de unos políticos que, a cambio del apoyo electoral, o incluso debido a objetivos comunes, les aseguran cobertura y favores.

“El sentimiento generalizado de inseguridad personal o de riesgo permanente, derivados de la insuficiente tutela jurídica de las personas y de los bienes, de la lentitud de la maquinaria judicial, de las ambigüedades de los instrumentos legislativos, lo que determina a menudo, el recurso a la defensa organizada por clanes  o a la aceptación de la protección (de delincuentes)

“La falta de claridad en el mercado laboral, por lo que encontrar una ocupación es más una operación de tipo (mafioso) “clientelar” que la consecución de un derecho basado en la ley de empleo

“La carencia o la insuficiencia, incluso en la acción pastoral de una verdadera educación social, casi como si se pudiera formar a un cristiano maduro sin formar al hombre y al ciudadano maduro”.

Este descarnado retrato social no describe la República Dominicana de los últimos años. Fueron palabras de don Peppino Diana, un cura cuyo verbo de admonición y de combate, como dijo  Vargas Vila, le costó la vida, asesinado por la mafia napolitana: la camorra.

El texto se lee en la obra “Gomorra” de Roberto Saviano, quien vive oculto desde la publicación de su libro, perseguido por los delincuentes.

¿Le parece que estamos a tiempo de cambiar el rumbo?

Creo que sí. Cuando se conoce la enfermedad se pueden buscar remedios.