Haitianos de Gonaives reciben ayuda exterior

Haitianos de Gonaives reciben ayuda exterior

GONAIVES, Haití (AFP).- Forzados a chapotear en el barro y agobiados por el hambre, los habitantes de Gonaives luchaban este domingo por recuperar su vida en esta ciudad del noroeste de Haití, devastada hace una semana por la furia de la tormenta tropical Jeanne.

   La electricidad sigue cortada y la mayoría de sus 250.000 habitantes se alimentan gracias a la ayuda de la comunidad internacional, mientras que las redes de agua potable y de evacuación de aguas servidas, de por sí poco eficaces, están fuera de servicio a causa de las brutales inundaciones.

   Este domingo, un convoy de ayuda humanitaria fue atacado en pleno centro de la ciudad por decenas de jóvenes armados con barras de hierro, que tuvieron que ser dispersados por soldados de la Minustah con gases lacrimógenos.

   Soldados de la Misión de Estabilización de Naciones Unidas en Haití (Minustah) han sido movilizados para custodiar la distribución de alimentos y evitar brotes de violencia.

    En la entrada de la ciudad, al frente de la comisaría destruida durante un motín contra el ex presidente Jean Bertrand Aristide a principios de año, los habitantes esperaban la llegada de los camiones con ayuda humanitaria.

   La tarde del domingo, la AFP constató que unos cincuenta soldados uruguayos de la Minustah escoltaron en el centro de la ciudad a dos camiones de víveres y ropa donadas por la Universidad adventista de Haití a los damnificados. Algunos de los soldados iban a pie, llevando fusiles con aire comprimido.

   El pastor Joseph Lormeus, que dirigía este envío humanitario, explicó a la AFP que los dos camiones fueron puestos bajo responsabilidad de los cascos azules «por temor a los saqueos» una decena de kilómetros antes de la entrada a la ciudad.

   Al término de una reunión del comité local de coordinación de servicios de socorro en Gonaives, la ministra de Salud de Haití, Josette Bijoux, dijo el sábado a la AFP que «hace falta mucho tiempo para establecer un balance definitivo» de esta catástrofe.

   El balance oficial divulgado el sábado por la oficina de Protección Civil elevó las estimaciones a por lo menos 1.316 muertos en todo el país, mientras que 1.097 personas permanecen desaparecidas y 3.000 fueron reportadas lesionadas. En todos los casos, las cifras refieren en más del 90% a habitantes de Gonaives.   El «Comité de Gestión de Cadáveres», que forma parte del comité de coordinación, señaló que necesitará «unas 2.000 bolsas plásticas» para cadáveres.

   El retiro de las aguas trae cada día nuevas víctimas a la superficie. El sábado, un cadáver envuelto en una lona blanca había sido depositado al borde de la avenida des Dattes, la gran arteria que atraviesa la ciudad, para que fuera recogido por las autoridades.

   A pocos metros de ahí, los niños jugaban en las aguas barrosas estancadas, las mismas en las que las mujeres se higienizan o lavan la ropa. Según la ministra Bijoux, los «riesgos sanitarios», como «diarrea, tifus o tétanos», son una amenaza real.

   Bijoux manifestó a la AFP que pedirá a 200 médicos y enfermeros de Puerto Príncipe que viajen a Gonaives para asesorar a sus habitantes sobre los peligros epidemiológicos y ayudar a sus pares que trabajan en la ciudad.

   El único punto positivo, sostuvo, es que «el agua de los pozos artesanales es clara y podrá ser, una vez desinfectada, distribuida en camiones cisterna».

   Por su lado, las organizaciones humanitarias como la Cruz Roja comenzaron el sábado a instalar tanques portátiles, que permiten distribuir agua potable en los barrios.

   En el centro de coordinación de la ONU, instalado en la universidad, los cascos azules brasileños derivan a los enfermos o heridos a un médico militar que ausculta a las mujeres embarazadas y da grandes dosis de antibióticos a los que llegan con cortes o infecciones cutáneas.