Giorgio y Antonia Sfara
Peregrinos de buena voluntad

Giorgio y Antonia Sfara<BR><STRONG>Peregrinos de buena voluntad</STRONG>

Por Luisa Blanco
Fotografías: Tony Pampillo

Hace tres años que llegó a la República Dominicana con la misión de estrechar los lazos de amistad y hermandad con Italia, objetivo que realmente cumplió durante su gestión y hoy, en víspera de su despedida, se confiesa como un gran amigo del pueblo dominicano, a tal punto que su deseo más fuerte es volver a ser embajador en este país.

Se inició en la carrera diplomática el 7 de abril de 1970, y desde entonces ha sido designado como embajador en varias partes del mundo.

Tiene bien claro cuáles son las responsabilidades de un diplomático. “Un embajador tiene que hablar respetuosamente, ser más que prudente y establecer una relación de amistad”, nos dice.

Giorgio Sfara nos recibe en su residencia, junto a su esposa, la señora Antonia Sfara y sus hijos, Massimiliano, Pierpaolo y Sveva, con quienes compartimos sus impresiones durante su estadía en esta isla, de la cual se llevan los mejores recuerdos.

Al señor Sfara lo podemos definir como un gran comunicador, pues con gran facilidad trata diferentes temas, desde la cultura e historia del Continente Europeo hasta los detalles a tomar en cuenta para hacer una buena fotografía o la evolución del cine criollo.

Con gran elocuencia nos habla de su experiencia en el mundo diplomático, sus pasiones y planes inmediatos.

Define a la República Dominicana como un país con un inmenso potencial de desarrollo. “Su colocación geográfica, la calidad de su gente, la belleza de su territorio y la riqueza de su historia, son factores que deberían darle un significado nuevo y más actual a la primera Ciudad de América”, expresa.

Está convencido de que a nuestras vidas se le puede dar un sentido de entusiasmo, de calor humano. “Eso se encuentra mucho en estos países caribeños, por lo que me parece bastante fácil integrar, la comunicación y la solidaridad que tienen aquí y que  no hay en muchas partes del mundo. Esa gentileza innata que se ha perdido un poco en Europa y en Norte América”.

Asegura que “las relaciones humanas son muy ricas en República Dominicana. Aquí hay una sonrisa, una reacción muy agradable, esa dulzura que tiene el dominicano es una enseñanza, porque casi siempre, no hay razón de ponerse nervioso”.

Apuesta por el cine criollo y el talento de los dominicanos. “Lo veo muy bien, pero tienen que darle seguimiento, no es tan sólo hacer un festival de una semana. La República Dominicana tiene todo un potencial para convertirse en un lugar de producción de cine para el mundo”.

Relata que la idea de una semana de cine italo-francés, está conectada con esta perspectiva. “Primero, tener el placer de hacer una exposición cultural latina importante, con personajes que se convierten en testimonio de la isla. Si aquí llegan actores del cine europeo, toma una repercusión en la prensa mundial y es un testimonio positivo para la isla, y además, crear una ventana que se abra para anclar en el país una industria cinematográfica en sentido más amplio y con una estructura de servicio”.

Giorgio Sfara es de los que piensan que el país tiene que modernizarse en el sentido del cumplimiento de la ley, porque es la manera más cómoda y segura para vivir. “Hay que respetar las leyes ya que estas protegen a todos los ciudadanos. Yo viví muchos años en Suiza y estar en ese país es la cosa más cómoda del mundo debido a que se respetan las leyes. Nunca me olvidaré que estaba en Berna, la ciudad más conservadora de esta nación europea, y  bajé la ventanilla del carro para tirar la colilla, prácticamente se paró la ciudad. Yo tuve la impresión de que se hacía el silencio y todo el mundo me miraba como si se dijeran: aquí hay un loco.

Esto es lo que deseo que este país llegue a tener. Que se respeten las normas, por simples que sean, y el otro aspecto es que se cree conciencia de que el oficio público no es una ocasión para enriquecerse, eso me parece una de las tareas más importantes a realizar. Los grandes líderes políticos de la República Dominicana tienen que realizar una estructura institucional para el desarrollo del país”.

¿Hábleme de su experiencia en el mundo de la diplomacia?

Es muy interesante, porque en la vida del diplomático hay ese sentido de caridad y de amistad, que pasa muy rápido, pero regresar y visitar a los amigos que dejaron es una cosa que nos da sentido de permanencia. Una de las actividades que más me ha llenado fue la que realizamos con unos amigos franceses que llegaron aquí y con dominicanos hicimos una noche de la canción latina. Eso es algo que en Europa se hará con más frecuencia, es una cosa muy nueva porque son países con una historia individual, muy antigua.

Francia, España, Italia e Inglaterra, tienen una historia de países independientes de miles de años. Integrar esto en una Unión Europea, que no se hace por la fuerza o por la imposición de uno sobre otro, sino por el acercamiento progresivo de todos.

 Europa es un conjunto multifacético de países, donde hay millones de estudiantes que participan en un programa especial que consiste en iniciar la universidad en un país y terminarla en otro. Es un itinerario universitario multinacional; un fenómeno cada vez más importante, porque tienen la costumbre de desplazarse a cualquier parte; una regionalización de Europa y esta generación se siente como en su casa, en cualquier lugar del continente, aunque sean muy diferentes.

¿Cuál es la función principal de un diplomático?

Las relaciones son los pueblos mismos, los empresarios, los jóvenes, los hombres de cultura y los artistas, que le dan contenido al cuadro que nosotros intentamos crear, y aquí hay mucho que hacer, facilitado por la presencia histórica de italianos. Aquí tenemos familias importantes que están radicados en el país como son los Bonetti, Vicini, Cambiaso, Pellerano y Porchela, entre otros, quienes forman parte de la élite económica italiana del país, es decir, podemos desarrollar las relaciones entre ambos países.

¿Cuál ha sido su experiencia como Embajador en el país?

Es muy positiva porque este país acoge muy bien a los extranjeros. Los italianos y dominicanos tenemos muchas cosas en común como es la historia neolatina, la lengua y la religión, esto nos une y nos hace fortalecer nuestra amistad. Yo soy del sur de Italia, donde la herencia hispánica es muy marcada y encuentro que la manera de hablar y de pensar es muy parecida. Tenemos una presencia muy importante en el país y eso mismo pasa con los dominicanos en esta nación europea.

¿Qué opina de la comunidad dominicana que vive en Italia?

En Italia hay tres mujeres dominicanas que han sido regidoras de diferentes ciudades, esto significa que se han instalado bien, al punto de que son elegidas a esos cargos, ese es un ejemplo de cómo ambos países se comunican fácilmente.

En las ciudades donde hay más presencia de dominicanos es en Toscana, Arezo y Nápoles, donde las relaciones económicas son muy intensas en el sentido de que aquí llegan alrededor de 150 mil turistas al año.

¿Cómo percibe la relación entre República Dominicana e Italia?

Son muy buenas. Tenemos en forma de cooperación, convertir en algo económico la producción orgánica de café y cacao, para vender productos de alta calidad en todo el mundo, que se va a conectar con el Tratado de Libre Comercio y también en Europa. Tenemos una cooperación italiana para la producción de arroz en forma colectiva que fortalece los productos y realiza una industria con productos para niños.

¿Qué me puede decir de su familia?

Tenemos tres hijos. Sveva, que es abogada en Londres y quizás la que más se parece a mí, por lo tanto, se me hace muy difícil describirla sin pecar del excesivo cariño paterno. Ella ha sido siempre brillante en sus estudios y continúa siéndolo en el trabajo. Es muy determinada y frágil al mismo tiempo.

Massimiliano, que es un joven que llegó a la República Dominicana para quedarse unos meses y se ha quedado aquí por tres años, cómplice del encanto de las dominicanas, o mejor dicho, de una muchacha dominicana. Es un joven serio y confiable, que transmite seguridad. Y por ultimo, Pierpaolo, quien vive en Berlín y hace poco terminó sus estudios. El tiene espíritu creativo de músico y escritor, es muy simpático y comunicativo. Para él, que es el más pequeño, todos tenemos una debilidad particular. Mi familia es en realidad la parte más importante de mi vida.

¿Y de su esposa qué me puede decir?

Antonia es una mujer fuerte, dotada de mucho sentido del humor; tiene un mérito excepcional, no solamente de haberme soportado, lo cual puede ser a veces complicado, además de haber sabido mantener unida a la familia en sus peregrinaciones por los cuatro continentes, ayudándome en mi trabajo y dando una excelente educación a mis hijos.

¿Cómo ha podido llevar un balance entre su familia y su carrera diplomática?

Es difícil decirlo al final de una carrera, porque uno se acostumbra y parece normal. Esta casa de República Dominicana es la número 16 que habitamos. Uno se acostumbra y parece normal desde que estamos casados. Recuerdo que mis hijos, cuando eran niños, se dormían en cualquier lugar, aunque tuviéramos de visita en casa de unos amigos, se dormían con una facilidad sin tener dificultad de adaptarse. He viajado mucho, es una vida que enriquece, porque se tiene un abanico de conocimientos, de personas, de estilos de vida y se aprende a ser humilde, porque la vida es muy valiosa en todas partes, desde la gente sencilla a la más influyente.

 Siempre se aprende mucho, nosotros estuvimos en Rusia al final del comunismo, viendo el enorme potencial de ese pueblo, que tiene una historia extraordinaria y estaba enclavado por un régimen político. Esa es la gran oportunidad del mundo diplomático, al final podemos repetir la frase de Neruda “Confieso que he vivido”.

¿Cómo es Giorgio? 

Hay una situación que siempre tengo en el alma de cómo conducirme en la vida en general. Es como dice Antonio Machado, el gran poeta, “la moneda que está en la mano quizá se deba guardar; la monedita del alma se pierde si no se da”. Yo creo que la manera más valiosa y satisfactoria de vivir, es dar siempre lo mejor de sí mismo y esto se debe aplicar en la vida privada y profesional. A veces uno se equivoca, las buenas intenciones se van por otro lado, pero por lo menos, debemos tener el sentido de haber dado lo mejor de sí y hacer las cosas con entusiasmo, así sea una gran negociación de un tratado, que puede ser muy importante u organizar una pequeña cosa en nuestra oficina.

Cuando termine su gestión ¿cómo quiere ser recordado por los dominicanos?

Como un amigo que intentó ofrecer las oportunidades más interesantes para que se desarrollen las relaciones entre ambos países.

El mejor recuerdo que se lleva de los dominicanos es que cuando hablan con otra persona tienen un contacto a través de la mirada. “Esta fue la lección más importante que aprendí de ustedes y lo que más me enamoró. En todos los países del mundo, un diplomático mantiene intensas relaciones con la elite local, pero son pocas las naciones donde dichas relaciones se transforman, como me pasó a mí en República Dominicana. Las amistades durarán más tiempo que mi cargo de Embajador”.

Con gran añoranza nos comenta que “la Roma de los años 60 era una gran ciudad, donde se vivía con dulzura y calidez. Roma ya tenía tres millones de habitantes, su historia y su belleza, la gente era sencilla y cálida, que lamentablemente se convirtió en algo místico para nuestra generación”.

La gestión del señor Sfara en el país concluirá a finales de abril y tiene previsto volver a Roma, donde asumirá algún cargo.

“En el ministerio de Relaciones Exteriores, el servicio diplomático italiano se compone por funciones de carrera. Por esto la alternativa entre el personal en servicio en el exterior y en Italia está regulada por la ley. No es algo fácil ni usual, pero mi deseo más fuerte sería de volver a ser embajador en este país”.