Gigante con pies de barro

Gigante con pies de barro

FABIO R. HERRERA-MINIÑO
En estos días la prensa se ha hecho eco de las pretensiones de algunos de los hoteleros españoles establecidos en el país de hacerle llegar algunas preocupaciones y reclamos al gobierno dominicano con el fin de no solo asegurar más beneficios, sino advertir lo débil que es la infraestructura turística dominicana, que según ellos, se encuentra en desventaja con otros destinos del Caribe y de México.

Los inversionistas españoles, que siempre buscan ventajas cuando hacen toda clase de negocios con los países hispanos americanos, tienen razón cuando hablan de las condiciones de la infraestructura existente en la costa norte, Samaná y en Bávaro, que afecta una expansión más continua de la hotelería criolla para superar las 60,000 habitaciones existentes.

Y para los dominicanos, conocedores del turismo, saben de los problemas y de lo lento que han sido los gobiernos para enfrentar las deficiencias. No son solamente las pobres instalaciones para el abastecimiento de agua y del tratamiento de las aguas negras, sino las condiciones pésimas de las carreteras de acceso a los resorts, como ocurre ahora con los derrumbes en la de Puerto Plata o lo que es frecuente con la de Samaná a Las Terrenas y lo que ya ocurrió con el este cuando el río Chavón arrasó con los puentes al paso de la tormenta Jeannie. Afortunadamente la rapidez del gobierno actual para reconstruir los puentes, fue una muestra palpable que en ese momento había interés de evitar un derrumbe turístico.

Hay deficiencias con las vías de acceso a los resorts. Un ejemplo de algo que no funciona bien es con la continuación de la autovía del Este hasta La Romana. La misma fue otorgada en concesión a la empresa que administra el peaje de Las Américas y como es usual, después de construir un tramo demostración antes del río Soco prácticamente los trabajos se han paralizado, aguardando que el gobierno le suministre los fondos como si fuera un contrato grado a grado. Así se confirma que las concesiones viales han sido un fracaso ya que hasta la carretera a Samaná, el gobierno está obligado pagarle las cubicaciones al otro consorcio que la iba a hacer bajo la modalidad de concesión. Y todo el mundo sabe lo que pasó con la de San Cristóbal a Baní.

Al menos se encuentra en construcción el boulevard de Bávaro que unirá a todos los hoteles de esa zona por una buena vía y reforsaría el aislamiento del turista hacia Higüey, al menos que no se busque una solución adicional a lo que sería la autopista del Coral. Higüey se ha convertido en una ciudad en expansión y reclama más servicios que ahora no tiene. Ojalá que no se dilate mucho la construcción del nuevo acueducto prometido. Pero es necesario darle el frente a lo que es el problema común de toda la región, que es el deficiente sistema de tratamiento de aguas negras. Esa carencia es una de las características en casi todos los resorts con los malos olores que emanan por deficiente tratamiento debido a saturación de las tuberías o plantas muy pequeñas para la demanda de los cientos de turistas hospedados en cada uno de los hoteles.

En la costa norte, Puerto Plata, ha ido languideciendo por esos descuidos tradicionales, fruto de la indolencia de la burocracia oficial que se descuida de la limpieza de las calles. Ya el puerto no permite la llegada de buques cargados de turistas. Es necesario añadir las rebatiñas de los chóferes y guías; el aeropuerto muestra descuido en su mantenimiento. Cabarete confronta desde hace años una asombrosa expansión hotelera pero todavía el gobierno no se decide a construir una avenida de circunvalación que descarte el cruce por el centro de la población, saturada de extranjeros y nativos en una vigorosa competencia para ofrecer el mejor servicio a los turistas.

Todo el litoral del nordeste atraviesa deficiencias en el estado de las carreteras pese a las sumas que se invierten para los reasfaltados pero al final persisten las fallas ya que luego no se le da mantenimiento a las vías, no se amplían los acueductos y las plantas de tratamiento, si es que existen, no son atendidas. Muchas veces la descarga de aguas negras de estas plantas va a parar al mar, cerca de los resorts, lo cual podría ser un problema mayúsculo, que todavía no ha ocurrido, con una epidemia mortífera.

No hay dudas que los españoles, en su afán de tener más beneficios le hablan claro al gobierno, no sólo para que les reduzcan los niveles del ITBIS o les exonere de todo lo que traen para los hoteles, sino que con todo lo que cobra el gobierno de impuestos no se traduce en mejores condiciones de carreteras, energía, acueductos, etc. para atender las casi cuatro millones de turistas que visitan al país anualmente.