Frutos del heroísmo

Frutos del heroísmo

DARÍO MELÉNDEZ
La democracia no es factible donde el proselitismo se ejerce tan sólo para procurar empleos en el gobierno; cuando el empleo oficial es el objetivo, la política se convierte en lupanar, los dirigentes se constituyen en mercaderes de prebendas y canonjias, que desnaturalizan la existencia de una nación estable.

Un gobierno que emplea personas por compromisos políticos es vasallo de sus auspiciadores, no pueden aplicar las leyes ni respetar la justicia, lo que ocasiona que la ciudadanía, al endosar al gobierno deberes propios de cada individuo, caiga en la anarquía y el desorden que nos caracteriza, para entonces pretender que una dictadura imponga las reglas que no hemos sido capaces de establecer y respetar nosotros mismos; es como si un padre de familia irresponsable, al no haber orientado correctamente sus hijos, tenga que recurrir a la policía para que ponga orden en el hogar.

Cuando un pueblo, apoyado por una opinión pública politizada, se aferra irresponsablemente a la idea que los recursos y las riquezas deben estar en manos del gobierno, para que mercaderes de la política se hagan dueños y señores de la Nación y de su destino, exonerando la ciudadanía de sus responsabilidades, los valores y recursos nacionales se anquilosan, la indolente población no sale de la pobreza y el progreso se convierte en meta inalcanzable.

Desde que Creso, el legendario Rey Midas, acuñó las primeras monedas, todos los regímenes que han tenido y tienen moneda propia se han apoderado de los bienes de cada individuo, los sustraen mediante devaluaciones monetarias y los dilapidan en orgías oficiales, sin que la ciudadanía se inmute y comprenda que con los recursos que endosa al gobierno, mediante su apatía  hacia el progreso y su anuencia a las cargas, expropiaciones y privilegios que el sistema impone, está apoyando un ambiente espurio, para luego reclamar que encarcelen funcionarios y sancionen a quienes han sido tácitamente autorizados, por la población, a establecer un régimen inicuo y dilapidar los recursos que se  entregan al gobierno para que los administre. La gente se acostumbra a la irresponsabilidad económica, la prevaricación ejemplarizada por el sistema, la utiliza la población como subterfugio en los negocios y transacciones del diario vivir, ciudadanos laboriosos y serios se transforman en pícaros y fulleros, para poder subsistir en un medio corrompido por las oficializadas costumbres, se persigue el empleo público porque la actividad privada no permite medrar. Proliferan los delincuentes por la descomposición moral prevaleciente, la falta de oportunidades para progresar induce al crimen organizado; la lenidad con que se desenvuelve el orden público y la justicia, cuando los jueces no disponen de la acción pública responsable para imponer el orden y el policía no depende directamente del juez sino de un órgano militar corrupto, dependiente de otro poder del Estado, al cual la justicia no puede reclamar cumplimiento de deberes, convierte las leyes en letra muerta.

Las naciones que se independizan por medio de las armas, no llegan a liberarse del despotismo militar; siempre se mantienen sometidas al endiosamiento de héroes y al control castrense -Haití es un ejemplo- sus gobiernos permanecen sujetos al clan de generales y caudillos que se suceden sin interrupción ni tregua, los gobernantes son títeres de adalides y paladines de gestas épicas; a diferencia de países cuya independencia ha sido negociada y mantenida por medios pacíficos, como Singapur, Jamaica, Noruega, Hong Kong, Sur Africa, Liechtenstein, Andorra, Jordania, Luxemburgo, Trinidad Tobago, Mónaco, y otros, cuya estabilidad y progreso no son afectados por diatribas partidarias ni golpes de estado; característica sui generis de las naciones fruto de hazañas heroicas, países que no logran estabilizarse ni vivir en paz; las divergencias surgen continuamente; a intervalos, disponen cambiar todo para empezar de nuevo.

Normalmente, las armas se tienen para la defensa personal -no se portan- quienes portan armas temen ser agredidos o están predispuestos a agredir, las armas sólo se portan par usarlas y quien las lleva, sin un fin determinado, constituye un peligro público. Anda con guardaespaldas aquel que teme ser agredido por sus adversarios y reconoce que ha hecho daño.

Un gobernante que endeuda su país , es mal administrador de los fondos públicos que se le encomiendan, debe responder con sus bienes por las pérdidas que ocasione durante su mandato.

La civilización no se aprende en la escuela, se adquiere en un hogar estable, con progenitores idóneos, fruto de una nación sustentada en la moral ciudadana.

Los gobiernos son para mantener unida la sociedad, no para administrar bienes comercializables.