Financial TimesInvestigación reforma el debate sobre la política comercial global

Financial TimesInvestigación reforma el debate sobre la política comercial global

Londres. La data de valor agregado impulsa el caso para la eliminación de aranceles y otros impuestos. El mensaje de las principales autoridades del mundo sobre comercio fue claro: la data oficial ya no refleja las realidades de la economía global.

La Organización de Comercio Mundial (OMC)  y la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OECD, por sus siglas en inglés) fueron igualmente explícitas en señalar que sus cifras más precisas de “valor agregado” cambiaron el debate sobre política comercial.

El enfoque de “valor agregado” usado por la OMC y la OECD en su proyecto de investigación de un año subrayan la fragmentada naturaleza global de los procesos de manufactura. La investigación agrega peso a los argumentos en favor de más apertura sobre el comercio.

Debido a que la cadena de suministro para los productos es ahora frecuentemente global, el éxito de los exportadores en los mercados internacionales depende no sólo de su capacidad de fabricar el producto terminado sino de su habilidad de importar los materiales usados en su manufactura.

Para los productos producidos mundialmente, los altos aranceles y otros gravámenes sobre las importaciones actúan como un impuesto sobre las exportaciones, poniendo en peligro las economías, y los empleos, antes que protegerlos.

 “Las medidas de protección contra las importaciones de productos intermedios incrementa los costes de producción y reduce la habilidad del país de competir en los mercados de exportación”, dijeron la OECD y la OMC.

“Las políticas que restringen el acceso a productos y servicios intermedios extranjeros también tienen un impacto negativo sobre la posición de un país en las cadenas de suministro globales y regionales.

Los euroescépticos en Gran Bretaña pueden señalar que las cifras comerciales de “valor agregado” muestran que los exportadores de Reino Unido son más dependientes del consumidor de EEUU, y menos de la Unión Europea, de lo que se pensaba anteriormente.

Pero los vínculos más flexibles con Europa pueden dañar el comercio de R.U. con EEUU. Si los estadounidenses están comprando productos fabricados de partes de otros países europeos, entonces ningún miembro de la U.E. aumentaría el coste del producto final.

Los cambios en la naturaleza del comercio global son particularmente importantes para las compañías más pequeñas, que son lo suficientemente ágiles para obtener beneficios de las cadenas de suministro ya que se vuelven más globales tan pronto como sus países de origen tienen una política de comercio abierta.

“Para competir globalmente, las firmas necesitan mantener inventarios menores y responder rápidamente a la demanda, lo cual no es posible cuando sus insumos intermedios sufren retrasos impredecibles en la frontera”, dice el reporte.

Las medidas existentes de balances comerciales han cambiado poco desde la era de David Ricardo, el economista británico famoso por su argumento de que tanto el exportador como el importador pueden beneficiarse del comercio por el hecho de que los países tienen una ventaja comparativa en la producción de diferentes bienes y servicios.

Pero cuando Ricardo escribió su tratado sobre la ventaja comparativa hace casi 200 años, los productos tendían a ser compuestos por partes provenientes de un único país. Mientras su teoría todavía se mantiene, la realidad del proceso de producción ha cambiado marcadamente.

Observando cómo se fabrica el iPhone muestra el porqué la medida usada más comúnmente de los balances comerciales basados únicamente en el flujo bruto de bienes y servicios, falla en reflejar el efecto económico del comercio.

De acuerdo a la investigación realizada por el economista Yuqing Xing, el producto de Apple es fabricado por nueve empresas con sede en cinco países, incluyendo EEUU. Todos los componentes son entregados a Foxconn, una compañía taiwanesa radicada en China, que ensambla el iPhone y lo transporta hacia EEUU.  En el 2009, la factura de los componentes para las empresas, ninguna de las cuales tenía bases en China, fue de $172.46.

El costo de manufactura gravado por Foxconn fue de $6.50. Pero en las cifras de comercio bilateral, esto fue representado como un crédito a China de $178.96 por cada teléfono.

La participación de Foxconn en la producción del iPhone se presentó como un crédito de $2 millardos sobre el balance comercial de la segunda mayor economía del mundo, aunque la mayoría de estos $2 millardos fueran transferidos a compañías en el extranjero, incluyendo a EEUU, donde los manufactureros recibieron $10.75 por el suministro de piezas para cada iPhone.

Bajo el marco del método de “valor agregado”, al balance comercial de China le serían acreditados sólo $73 millones, reduciendo el superávit comercial con Estados Unidos.

 

Los reguladores deben quitarse los guantes de seda

Las órdenes emitidas el lunes por la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) y la Oficina del Contralor de la Moneda (OCC, por sus siglas en inglés) en contra de JPMorgan Chase pueden bien decepcionar al público.

Comparado con la postura de las autoridades de EEUU contra los bancos no originarios de EEUU, el “enfoque de guantes de seda” de la Fed y la OCC huele a proteccionismo.

En comparación con el balance general de la mala administración bancaria a lo largo de la crisis, esto se queda corto.

Las órdenes de la Fed y la OCC alegan que la deficiencia de administración resultó en el fracaso de JPMorgan en controlar el riesgo en su oficina principal de inversión, donde un comerciante ahora conocido como “London Whale” fue capaz de acumular una posición de derivados que le costó al banco $6 millardos para liberarse.

Otra serie de órdenes por separado alega que se hizo muy poco para detener el flujo de fondos vinculados a Cuba, Sudán e Irán, que está sujeto a sanciones de EEUU. A pesar de la gravedad de las acusaciones, los reguladores simplemente ordenaron que el banco tomara medidas para prevenir la recurrencia. Ellos no demandaron ni un centavo en multas, ni tampoco la admisión de culpabilidad.

Los reguladores tienen el deber de adoptar un fuerte enfoque. Los bancos generalmente son renuentes a admitir la culpabilidad, ya que esto podría abrir el paso a demandas civiles. Pero los reguladores no deberían preocuparse en proteger un banco de los litigantes si creen que se ha cometido un error.

La Oficina de Control de Activos Extranjeros de la Tesorería de EEUU hizo exactamente $88 millones de JPMorgan durante el 2011 por los alegatos de violar las sanciones. Eso es insignificante para JPMorgan, y uno que también pagó “sin ningún hallazgo de culpabilidad”. Lo que es más, es una fracción de los $327 millones de Standard Chartered y los pagos de $1.9 millardos a las agencias de EEUU para resolver los cargos de lavado de dinero el mes pasado, aunque sus errores alegados eran considerablemente mayores.

Si esta es la última palabra de los reguladores de EEUU sobre las dudosas actividades de JPMorgan, el banco de Wall Street saldrá mucho más ligero que sus competidores radicados en Reino Unido. EEUU no se merece las sospechas de estándares dobles.

Los reguladores pueden dudar que las sanciones puedan cambiar la conducta, ya que a última instancia ellas salen de los fondos de los accionistas. A ellos les pueden faltar los recursos para llevar un banco a la corte. O pueden temer el efecto de un veredicto de culpabilidad sobre el sistema bancario en general.