Festival de cine en La Habana Encuentros, celebraciones y desesperaciones

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POR CARLOS FRANCISCO ELÍAS 
1/Encuentros /:

En los festivales de cine la gente se encuentra, es como una secuencia de vida, como si el tiempo no hubiera pasado, como si de alguna manera, toda la gente que debe volverse a ver (con alegría por el encuentro, para la celebración de estar vivo en el ejercicio del oficio amado, con ilusiones de hacer cosas brillantes y bellas), la gente que se reencuentra revive otros momentos de viajes y circunstancias, recuerdan momentos y gustos por películas, gusto por actrices, por directores fetiches, se arman discusiones eternas, que entre viaje y viaje, lugar y lugares, nunca terminan.

Los festivales de cine son para eso, para hacer que la gente se encuentre, por eso cada festival elige un radio de acción para que la gente se encuentre de modo permanente, porque en el encuentro están los acuerdos y desacuerdos, los pactos y las realizaciones, las promesas y los cariños, las comunicaciones fallidas y sus arreglos, allí está todo.

El Festival de cine de La Habana normalmente ha tenido su centro de acción en el nunca mejor amado Hotel Nacional, con su visor frente al mar, con sus palmeras encantadas, sus mesas al aire libre con olores a mojitos asesinos de emoción, pero lamentablemente con una pésima gerencia que no acepta críticas al servicio que uno pagó por adelantado, hecho este que me ocasionó uno que otro problema: porque no soy esquizofrénico, soy el mismo en todas partes, siempre, pero siempre y no es cierto que La Habana me cambia, no señor…

Sigo, de todos modos aquel hotel es el centro de operaciones de todos los que vamos a ese festival, existe allí también un grupo de excelentes empleados

(Elianet, Oscar, Liliana, Zunilda, Urbano, entre otros tantos) que conocen desde hace años a todos los que asistimos al Festival con ganas de contribuir a que se mantenga: porque desde Viñas Del Mar (1967) el compromiso libre del nuevo Cine latinoamericano, se quedó en La Habana y desde entonces los que creemos que esos planteamientos sobre el cine son válidos, seguimos apoyando al Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, no solo por lo que ha significado, sino por todo lo que todavía pueda celebrándose en Cuba o en otro lugar, no importa.

En mi caso particular, si bien es cierto que defiendo esa visión, todos los que me conocen saben bien que lo hago con una visión crítica, como debe ser, con entusiasmo desbordante, como debe ser, porque siento que no no se siembra buen cine si hay un conformismo terrible al aceptar todo lo que se haga como bueno y válido, no es mi ruta ni mi aire, que conste.

Por eso en los gratos encuentros que tuve en esta edición del Festival, hablaba de planes futuros, de retrospectiva por hacer. Allí estaba Norma Rivera, de la Cinemateca Pontificia del Perú, encantadora, trabajadora con la que se pueden hacer todos los planes posibles sobre el cine peruano y habló con entusiasmo sobre la Muestra de Cine Dominicana en el festival.

Dejando notas para un encuentro posible, Daniel Ostevich, se moría por hacer una retrospectiva de cine venezolano en Santo Domingo, me dejó notas y notas, al final nos vimos finalmente y todo fue concretado con precisión y excelentes augurios, excúsenme, todo no puedo narrárselo por aquí, la mediocridad vigila y conspira, debo callarme algunas cosas y cruzar los dedos, para que se hagan, pero no quiero olvidar a la simpática Alejandra Cillero, chilena, que me espetó que me iba, en broma, porque ella llegaba, nada más incierto, trabajar con ella es una delicia, dirige los envíos del cine chileno desde el Minsiterio de Relaciones Exteriores de Chile, con eficacia y vigor sin faltarle sentido del humor, hicimos planes a largo plazo con el cine de su país.

Pero los encuentros en los festivales de cine son como ritornellos, se repiten en el calor humano, en la bondad del hacer y la ayuda solidaria, la gente ama su trabajo, promete, discute, señala y vive, sobre todo esto: vive.

Porque este trabajo no se puede hacer sin que tu propia vida tenga cierto parecido con muchas películas y personajes, para asumir esto se necesita cierta auténticidad y no tener el más mínimo miedo de que te llamen loco ( jajajaj, jajajajajaj), de lo que se trata es de hacer cultura en dimensión ciudadana, que la gente sepa que todos estos proyectos que uno sale a buscar fuera, lo hace por cariño primero y luego por deber, que la diversidad de nacionalidades que el cine puede ofrecer sitúa la esperanza y el avance de la misma hacia rutas ponderadas y deseadas, por eso los encuentros en los festivales de cine son estupendos, te hacen humano y mejor, según la vieja canción de Pablo Milanés.

Fueron encuentros delirantes, pródigos en planes y compromisos de trabajo…

2 / Celebraciones /:
En los festivales celebramos el cine, celebramos la vida del cine que florece con sacrificios, la vida de un cine del continente, el nuestro, amado vilipendiado, jodido, triste, alegre, pero nuestro, celebramos sus personajes, sus historias, celebramos todas las razones de existir del Cine Latinoamericano que sigue dando excelentes sorpresas, cada vez más firmes.

Cuando uno llega allí va a celebrar, hay una esencia de celebración, porque se viaja desde muy lejos y desde muy cerca, para sencillamente celebrar, siempre celebrar.

¿Cómo uno celebra en un festival de Cine?…
Simplemente, cuando se produce el encuentro, como antes dije más arriba, entonces uno se ríe y celebra ver amigos y amigas, todos en el oficio de las pupilas exquisitas, siempre. Alegría es una palabra pobre para describir cómo la gente descubre la otra, más joven, más vieja, menos joven, con cabellos diferentes, sin cabellos, otros con cabellos teñidos, unos con cabellos trenzados ( obsérvese que no dije moño, Violeta, jajajaja) pero todas y todos, amigos al fin, sonreidos por volverse a ver, celebrando la vida con vocación de que nunca se vaya, nunca…

En los festivales uno celebra también que las películas que uno entiende válidas sean aceptadas por el gran público habanero, que es excelente como pocos públicos he visto… Celebraciones y celebraciones, porque en los festivales las películas llegan a ser personas, uno habla de ellas como si un día irán a tu habitación a dormir contigo, a mirar mar desde la habitacion alta y misteriosa, cubierta de recuerdos que uno ve cruzar por la ventana que da al mar, las películas e aparecen en sueños, los personajes gritan sus miserias y sus gozos, cuando se habla en primera persona de las películas, es porque se está allí para acariciarlas, mirarlas, conversar con ellas y quienes las hicieron, porque las películas siempre tienen algo que decir.

En fin, en los festivales hay una suma interesante de celebraciones, se concelebra y se celebra, digo que casi es una gran misa de dvd, celuloide 35.mm, 16 mm, y video, todo mezclado como una gran ensalada de rostros calles, gentes, gritos músicas, edificios, ríos, mares, besos, camas, cuerpos desnudos, muertos, vivos, niños, ancianos, jóvenes, damas, carros, avenidas, es una gran misa de cine, no hay padres bizcos ni dominus, imágenes revueltas que piden ser domadas, todo eso se celebra en los festivales de cine, en este caso en el de La Habana.

Cuando la gente celebra vive, trasciende, opina, se ilusiona con lo que, discute, imagina, se pelea, se ama, se retira, se acerca, se calla, llora, se ríe, se levanta y camina rápido, en un festival de cine, todo se celebra, hasta la celebración misma celebra…

3 / Desesperaciones / :
Finalmente, uno también se desespera, pero es más importante lo que uno hace que la desesperación.

Cuando uno se desespera en un Festival de Cine., es cuando ve cosas insólitas, como las que vivi en la edición 28 del Festival de La Habana, porque a decir verdad, nunca había visto eso en todo el tiempo que tengo asistiendo al Festival.

Se trata de que los organizadores, si tienen que cambiar el Festival de hotel, que lo cambien, simplemente.

Cuando una persona paga dinero abundante, por solo 5 ó 7 dias de festival, en un paquete negociado por internet, los compromisos contraídos se deben cumplir ( recogida en el aeropuerto, por ejemplo, retorno al mismo al abandonar el hotel etc.)

Cuando uno paga como cliente, tiene que reclamar como tal, no como revolucinario, creo que en materia de mercado no sería difícil entender eso.

Si todo es tan caro, entonces el nivel del servicio debiese ser proporcional a lo que se paga y cuidado, para que la gente vuelva.

En mi caso, eso es lo que entiendo, no es mi opinión solamente, muchos estaban al grito, especialmente si se sabe que la comunidad de profesionales del cine en América Latina, ni somos ladrones ni somos millonarios de lavado, tal como rezaba el correo que envié a mi interlocutora por internet para hacer la reservacion señora Amezquita…

Nada de esto me hace pensar diferente al festival de Cine de la Habana, al que tanta veces he apoyado y donde he cultivado excelentes amigos desde haces mas de 30 años, pero solo se mejoran las cosas si se escriben y se publican, no creo en censura de ningún tipo.

( Los Hoteles donde la gente paga su dinero, no son escuelitas, son negocios, y deben dar mejor servicio )…

No quiero terminar este artículo sin dar las gracias al señor Iván Giraud, director del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, quien con gentileza y distinción se mostró sensible a mis comentarios y entendió que se hacían para lo mejor…

Esas deseperaciones, al final, terminan con mojito escocés junto al mirador del mar enbravecido que al hacer lloviznas de nácar, me ilusiona para un pronto retorno, pero con la lengua suelta, claro…