Faltan controles

Faltan controles

BONAPARTE GAUTREAUX PIÑEYRO
Cuando le dijimos que éramos dominicanos, el jefe del laboratorio de Aduanas de España nos mostró una botella y dijo que era uno de los mejores rones del mundo: Brugal.

La visita se produjo por mi interés de dotar el país de un laboratorio capaz de descomponer los alimentos, bebidas, medicamentos, determinar su composición y la cantidad de cada uno de los elementos incluidos en ellos.Ahora que la Divina Providencia ha permitido que se sepa que hay pastas dentales que contienen elementos nocivos, recuerdo el plan que teníamos: Un laboratorio para procesar y determinar los componentes de cada alimento, bebida y medicamento y luego autorizar si entraba al país y bajo qué condiciones.

Segundo: capacidad de almacenamiento para depositar las drogas que se emplean en medicamentos fabricados aquí sobre las cuales no hay ningún tipo de control.

El Plan Nacional Sobre Drogas, de España, prometió que estudiaría la posibilidad de donar el laboratorio a República Dominicana.

Aún en Aduanas no hay un laboratorio y, además, con el registro de manera aleatoria ¡imagínese usted!

Aquí trajeron arroz con «trogoderma» !Creo que era un parásito.

Aquí ingresaba por Aduanas, se vendía libremente e hizo mucho daño el químico «Paration» que se usaba en la agricultura y contiene un veneno nocivo para los humanos… Aquí nadie sabe si es cierto que medicamentos que se venden libremente tienen la cantidad de elementos nocivos (drogas por ejemplo) que dicen en sus etiquetas. Cuando un fabricante obtiene permiso para importar una sustancia controlada y producir medicamentos, ninguna autoridad vigila si ciertamente ese empresario no altera la fórmula y vende drogas libremente, con la complicidad inocente de un sistema no regulado.

Las sustancias controladas deben estar en manos del gobierno y despacharlas conforme a la velocidad de consumo y a la capacidad de producción del fabricante, todo ello supervisado y vigilado por las autoridades.

Aquí hay una oficina que se ocupa de los asuntos farmacéuticos en la Secretaría de Salud Pública, dependencia que ha sido una fuente de enriquecimiento para muchos de sus titulares pasados. Eso lo saben las autoridades de Salud, los laboratorios de producción de medicinas y mucha gente irresponsable.

En casa compraron una pasta de dientes Petita, de la que hace daño. Es que son cabezas duras aunque permanentemente denuncio que no se compre nada a vendedores ambulantes y a extranjeros de mercancías de puerta a puerta o en las calles.

Hay responsabilidades que ameritan sanciones drásticas: Aduanas, que no sabe qué se importa; Salud Pública, que carece de un laboratorio para determinar si son buenas o no las medicinas y alimentos que se venden en el mercado; y los comerciantes que importaron esas porquerías.

Felizmente la denuncia llegó a tiempo y en casa no usamos la pasta dental Petita.

¿Qué habrá pasado en otros hogares donde ingenuamente la gente compró la pasta de dientes hechizada, por ejemplo, por la oferta de que blanqueaba los dientes?

La gravedad de este caso se diluirá dentro de la maraña de acontecimientos tremebundos que afectan nuestra sociedad. Y parece como si todo estuviera bien.

Tengo para mí, que el remolino está, aunque no se vea. El día que estalle, no se sorprenda.