Fairtrade nació en los años ‘80  en   el norte de Europa

Fairtrade nació en los años ‘80  en   el norte de Europa

EFE-REPORTAJES. Las grandes industrias están orientadas a obtener el máximo provecho con la menor inversión posible. Esta política de producción ocasiona que los trabajadores, los verdaderos artífices de que sea posible el comercio, estén en ocasiones  mal pagados, en otras trabajen en condiciones pésimas y, además, en muchas ocasiones no se tengan en cuenta las medidas necesarias para preservar el medio ambiente.    «Comercio Justo» es una fórmula alternativa que comenzó con pequeñas iniciativas locales y ha terminado por crear un organismo internacional, Fairtrade Labelling Organizations Internacional (FLO), en el que se incluyen otras organizaciones y varias ONGs.

Fairtrade, Garantía.  Pablo Cabrera, director de Fairtrade España, explica el origen de este sello: “Fairtrade nació en los años ochenta, en los países del norte de Europa. Conforme aumentaba la demanda, aumentó el requerimiento de que estos productos fueran más accesibles, más fáciles de comprar, por lo que en ese momento se hizo necesaria una garantía. Las tiendas de «Comercio Justo» ya de por sí son garantía de los artículos que venden, pero en los supermercados hacía falta una certificación que lanzara el mensaje de que, al margen de dónde se compre ese producto, pertenece al Comercio Justo”.

«Comercio Justo» certificados existen prácticamente en toda  la gama de alimentación: café, cacao, azúcar, fruta fresca, frutos secos, legumbres, aceite… y, aparte, productos elaborados con algodón, flores, plantas, oro o balones.

Entre los atractivos que reúnen estos artículos, además de asegurarnos la procedencia de los mismos y su composición, se encuentran los que atañen a sus productores. Fairtrade se diferencia de las cadenas de producción convencional por los requisitos que se exigen en origen.

Un comercio en extensión.  “En primer lugar, los trabajadores realizan su labor en condiciones dignas y no se permite la explotación infantil. Los productores reciben un precio mínimo de acuerdo al nivel de vida del país y en su trabajo se ha de respetar el medio ambiente. Después, el proceso es exactamente igual, porque los productos hay que exportarlos, envasarlos, procesarlos, publicitarlos y ponerlos en una tienda”, explica el director de la organización.

Lo que había comenzado en el norte de Europa, se fue extendiendo al resto del continente, gracias a esta confianza que ofrecía Fairtrade a los consumidores. Son cincuenta los países de América Central y del Sur, Asia y África involucrados en la producción. Y los productos certificados ya se venden en comercios de todos los países europeos, en Canadá, EEUU, Japón, Australia, Nueva Zelanda, así como México y Sudáfrica.

El objetivo de Fairtrade “es el empoderamiento de los productores, es decir, que tomen las riendas de su futuro, gracias a que pueden comercializar el fruto de su trabajo en unas condiciones dignas y recibir unos precios adecuados que les permita desarrollar su actividad comercial sin verse obligados a emigrar a otros lugares”.

El director de la organización en España explica que “el precio mínimo que se fija por cada producto permite una buena relación productor-consumidor. La prima de «Comercio Justo» que llevan todos estos artículos es una cantidad de dinero añadida que el productor lo ha de dirigir a inversión social, a temas educativos, sanitarios, de mejora de las comunicaciones, etc. El grupo productor es el que decide dónde invertir esta cantidad extra de dinero que acompaña al precio”. FLO tiene una red de inspectores, controladores sobre el terreno, que  supervisan que la producción y la comercialización se corresponde con los criterios de «Comercio Justo».

Detrás de un producto.  Intermon Oxfam es uno de los miembros fundadores de FLO en España. Oxfam Internacional, a la que pertenece, es una confederación con 54 años de trayectoria; compuesta de 14 organizaciones que trabajan en conjunto; con 3.000 organizaciones locales en más de 100 países, y entre sus actividades dirigidas al desarrollo de acción humanitaria se encuentra la de promover el «Comercio Justo».  Rafael Sanchís, director de Intermón Oxfam España, resume las pautas que se establecen en esta cadena de producción: “Las condiciones de ‘Comercio Justo’ son, que pagamos un precio equitativo a los productores con el que cubren los costes de producción, además de un excedente para reinvertir en la propia actividad. Y, adicionalmente, abonamos lo que llamamos la prima social”.

 “Los pequeños productores no tienen acceso al crédito bancario y necesitan de nuestros anticipos para poder financiar la producción o el tiempo entre cosechas. De otro modo, un campesino tiene que malvenderlas, normalmente antes de recolectarlas, al mejor postor a precios muy bajos porque necesita el dinero”.

El dinero que necesitamos se consigue finalmente a través del propio consumidor que es el que, explica Sanchís, “paga un pequeño diferencial de precio que cubre estas necesidades, por ejemplo, un paquete de café de Intermón Oxfam puede costar 15 céntimos más que un paquete del mismo tamaño y calidad. Con ese sobreprecio, los consumidores apoyan el comercio justo que posibilita que los campesinos cobren por anticipado, que tengan un salario digno y que nosotros trabajemos con continuidad, año tras año, con los grupos a los que queremos apoyar”.

En un mundo globalizado donde los países desarrollados han perdido el contacto con los sistemas tradicionales de producción y han quedado olvidadas las condiciones de vida que hasta no hace mucho tiempo tenían nuestros predecesores, «Comercio Justo» nos ofrece la posibilidad de acercarnos a la realidad que todavía permanece en muchas zonas del planeta. 

Para Sanchís “la globalización aleja muchísimo al consumidor de la realidad porque casi nunca es consciente de que detrás de un acto de consumo puede haber algún tipo de injusticia o desequilibrio. Lo que queremos es acercar lo más posible a consumidor y productor, de manera que el consumidor sea consciente de que elegir comercio justo es poder cambiar un poco este mundo y favorecer que todas las personas que, en países en desarrollo, hacen posible los productos que nosotros consumimos accedan a una vida más digna”.

Equitativo y sostenible

 Rafael Sanchís concluye explicando que “un producto de «Comercio Justo» tiene que ser equitativo.  Además, que los productos sean medioambientalmente sostenibles, porque tenemos que dejar un mundo que puedan habitar nuestros hijos, nuestros nietos…”.