Esperan las soluciones

Esperan las soluciones

POR ENRIQUE GONZÁLEZ
A la entrada del Batey 6 de Barahona, una casa de madera deshabitada con aspecto de estar a punto de derrumbarse exhibe un cartel electoral de un candidato del PLD a las elecciones de mayo. Enfrente, a tan sólo unos metros, un poste de electricidad sirve de panel para sujetar las imágenes de representantes del PRD y PRSC. La propaganda electoral llegó a esta población hace poco, pero la esperanza de que alguien acuda para ayudar a vivir mejor a sus habitantes se perdió hace años.

«Aquí siempre estamos esperando y esperando y no viene nada. Aquí nunca vienen a nada», repite Jorge Medina, un vecino del batey que está sentado a la entrada de una casa de madera llena de grietas. «Estamos cansados de elecciones. Siempre es lo mismo, no hay elecciones para nosotros», añade.

Las calles sin asfaltar del batey se llenan de gente por la tarde. Los niños, algunos de ellos desnudos y muchos mal nutridos, juegan ajenos a la miseria que les rodea. El paisaje desolador de la localidad presenta muchas casas inclinadas, llenas de suciedad y de insectos que se mezclan con el insoportable calor del día. Pocas tienen siquiera una bombilla para la luz o un grifo con agua.

«Aquí estamos muy mal, pasando hambre, pasando de todo. Cuando una persona está todo el día trabajando y no puede comer no se vive bien. Estamos pasando calamidad», explica en la puerta del barracón en el que vive, de poco más de diez metros cuadrados, Juan René.

Sentado a su lado está Ramón Díaz, otro anciano que ha vivido toda su vida en el Batey 6. Asegura que los políticos «vienen para llenar el macuto y no le dan nada a nadie». Su pesimismo es causa de muchos años en los que «nada ha cambiado».

Ambos tienen la «fortuna» de poder trabajar 15 horas al día en el campo por RD$140; pero en éste, igual que en el resto de los bateyes de la región, sólo hay un cinco por ciento de la población que tiene empleo todo el año, según los datos de Visión Mundial, una organización que realiza varios proyectos en las zonas más pobres del país. En las épocas de recolección de caña y otros alimentos la cifra se eleva, pero no llega al 30 por ciento.

Por eso, cuando no hay recolección, muchos salen a buscarse la vida a las ciudades para seguir sobreviviendo en malas condiciones por no tener nada con lo que sustentarse.

A la falta de salubridad y de higiene en sus destartaladas casas se suma la carencia de recursos procedentes del Estado. La mayoría de los hogares carecen de agua, por lo que la población la extrae de pozos o llaves comunitarias, que son una fuente de enfermedades. Y no es fácil recibir asistencia sanitaria en el batey cuando alguien tiene una complicación de salud. El centro hospitalario más cercano es el de Tamayo, a unos 15 minutos de la localidad. El problema es la falta de transportes para llegar, por lo que los autos que tienen unos pocos vecinos hacen de improvisada ambulancia por caminos de tierra plagados de agujeros cuando alguien enferma. Tampoco hay escuelas por lo que muchos menores terminan trabajando largas horas en los campos agrícolas o pasan el día entero en la calle. Por eso, la tasa de analfabetismo de la población alcanza en ocasiones un 35 por ciento.

Lo único que parece tener en común el Batey 6 con cualquier ciudad dominicana son los constantes cortes de electricidad.

Amenaza del VIH

Las condiciones de vida en el batey hacen extremadamente vulnerables a sus habitantes frente a cualquier enfermedad. La diarrea es una de las principales causas de mortalidad infantil y el Sida afecta a una parte muy importante de la población entre la que se incluye a los niños.

En estas localidades la cantidad de infectados por el VIH oscila entre el cinco y el diez por ciento de sus habitantes, según la Encuesta Nacional Demográfica y Salud de 2002. La prevalencia en las mujeres es además de un dos por ciento superior a los hombres. La promiscuidad, el consumo de drogas, la prostitución o la transmisión de madres embarazadas a sus hijos son las principales causas de los contagios.

«El solo hecho de vivir en un batey ya te tortura. A eso hay que sumar el problema del VIH /Sida y se logra ver cuál es la gravedad del problema», explica Marta Kenia Pérez, de Visión Mundial.

Esta organización lleva varios años trabajando en las regiones más pobres de la República Dominicana. En el Batey 6 desarrollan varios proyectos entre los que está el de prevención y asistencia a las personas seropositivas.

Las dificultades de estos enfermos en los bateyes no se limitan solamente a su enfermedad. Además, tienen que sufrir el rechazo de los vecinos, temerosos de ser infectados. «Las comunidades aíslan a esas personas y creen que no pueden seguir viviendo», asegura Juana Pastora Cabrera, técnico del equipo de salud de Visión Mundial.

El objetivo primordial para evitar el desdén del resto de la población de los bateyes es «tratar de que acepten que esa persona puede hacer las mismas cosas que una persona que está sana», explica la técnico. Además de la concienciación, Visión Mundial busca la integración de esas personas y les ofrece todo tipo de asistencia.

«El mismo hecho de que la gente se acerque, de que se quiera hacerse la prueba [de VIH] es un logro enorme», explica Glosiris Batista, ginecóloga de la organización.

Visión Mundial  trabaja para disminuir la incidencia del Sida en estas poblaciones. Son la única esperanza para los habitantes de localidades como Batey 6 que fueron olvidadas hace muchos años.

Si la entrada a Batey 6 es desoladora, más aún lo es la salida. En una enorme valla publicitaria prácticamente destrozada y desgastada por el tiempo se lee la irónica frase: «El progreso viene a paso firme».