Escándalo nocturno

Escándalo nocturno

Señor director:

Soy un hombre de paz y mi deseo es respetar a los demás. Quizás por mi buena conducta ciudadana he recibido 61 reconocimientos entre placas y diplomas de mis colegas médicos tanto del hospital José María Cabral así como de mis estudiantes de UTESA, por el mismo motivo he sido designado maestro de la medicina dominicana, incluido en el libro «Who’s Who in the World» desde Chicago, aceptado como miembro de la Academia de Ciencias de la República Dominicana y reconocido como «hijo distinguido de Santiago» por el Ayuntamiento.

Sin embargo, por más pacífico y educado que podríamos ser, detrás de mí hay un hombre. Que requiere respeto.

Al vivir en un sistema democrático, creo tener el derecho como ciudadano correcto de notificar no solo a las autoridades de Santiago sino del país cualquier irregularidad que no solo me afecta a mí sino a mis vecinos en el área donde vivimos: calle Máximo Gómez esquina Benito Monción. La paz y la tranquilidad ciudadana constituye un derecho consagrado en la Constitución de la República Dominicana.

Por lo pronto, en la página 19 del viernes 19 de diciembre del 2003 del prestigioso diario HOY salió un artículo de la pluma de Pedro Germosén titulado «proyecto castigaría por ruidos». Señala el articulista» que el Senado de la R.D. fue apoderado de un proyecto de ley contra la contaminación sonora endureciendo penas y sanciones contra aquellos que promueven a la emisión de ruidos nocivos y molestos». Fin de la cita.

En otro orden de ideas y entrando de lleno en el tema que nos atañe, hace dos años se mudó a este vecindario una familia en la casa #37 de la calle Benito Monción. Esa familia ha adquirido ese viejo caserón cuyo patio está al descubierto. Esta familia ha tenido el valor de instalar cada lunes por la noche, desde las 9 PM hasta la medianoche, una verdadera discoteca al aire libre a pesar de la queja del vecindario.

Con la finalidad de no alargar este artículo, esta familia fue citada por mí a la Fiscalía de Santiago debía ser respetado y que los ruidos debían controlarse. El señor Fiscal es testigo de eso.

Se firmó un documento al respecto, pero como la juventud de hoy no respeta a los mayores, esa noche, 18 de noviembre del 2002, fue que el escándalo llegó a su máximo.

Aconsejado por muchos, resolví aceptar la falta de respeto al igual que el vecindario: un trasnoche cada lunes. Pero como señalé al principio, la paciencia tiene un límite. A mi entender, aquellos que otorgaron el derecho a ese escándalo (léase el Ayuntamiento de Santiago) fueron sorprendidos en su buena fe ya que no fueron notificados que era una discoteca al aire libre lo que se iba a establecer aquí.

En otro orden, algunos me han sugerido: «forme un grupo de vecinos y vaya a las autoridades! Tristemente, por mi vecindario no hay intelectuales y de haberlos, están asustados por el vandalismo que hay en este país. Por su edad, ellos prefieren permanecer en sus hogares a partir de las cinco de la tarde.

Sin embargo, la familia no se tolera más: se van a un barrio periférico o tendremos que combatir hasta el final. Así que terminan usted y los suyos con esta situación o lucharemos hasta el final.

Atentamente,

José de Js. Jiménez O.