Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal

Aún recuerdo la primera y única vez que lo vi por la calle el Conde, Ernesto Cardenal, que no parecía ni ministro sandinista, ni ministro de cultura, ni poeta, ni sacerdote católico, más bien parecía un profeta revolucionario, un iluminado, un sabio sin tiempo, un Rasputín magnético, aunque quizá sin las historias sexuales del ruso, aunque quien sabe, porque era nicaragüense. Todo eso recuerdo haber pensado la única vez que lo vi.
Murió el domingo, en un instante eterno, como suelen hacerlo los mitos, inesperadamente, pero no sorpresivamente porque se sabe que ni las leyendas duran para siempre, y él ya tenía sus 90 y tantos, aunque mantenía fresca su militancia en contra de los tiranos, paradójicamente ya no contra Somoza, si no contra su compa de antaño, el propio Daniel Ortega.
En el año 1965 se hace sacerdote, en una Nicaragua dominada por la dictadura de Luis Eduardo Somoza, hermano del Tacho, segundo de la dinastía Somoza, que luego sería sucedido por su sobrino, que junto con Trujillo y los Duvalier, pasaron a la historia como parte del club de los más sanguinarios dictadores de América Latina. Nicaragua, ese país que se hizo epicentro de la atención mundial en los 80´s por repetir la dificilísima hazaña de derrocar por las armas a una dictadura apoyada por los norteamericanos.
Su vida transcurre en tres vocaciones, la de sacerdote, la de poeta: el admirador, claro, del nicaragüense Rubén Darío, y la de revolucionario, esta última vocación probablemente impulsada por el encuentro que en 1971 tuvo con el presidente Salvador Allende. “Según cuenta Cardenal, su visita al país sudamericano se dio el mismo día en que llegó la noticia del Premio Nobel de Literatura a Pablo Neruda, poeta chileno de quien el nicaragüense reconoce una gran influencia en su obra y de la cual le costó “librarse».”
Apoyó temprano al Frente Sandinista por la Liberación Nacional de inspiración marxista, y fue uno de las voces de la corriente católica llamada Teología de la Liberación. En ese punto Juan Pablo II, durante su visita oficial a Nicaragua en 1983, increpó severamente a Cardenal ante las cámaras de televisión que transmitían a todo el mundo, mientras el poeta permanecía arrodillado ante él en la misma pista del aeropuerto. El papa recriminó a Cardenal que propagara doctrinas apóstatas y formara parte del gobierno sandinista. Esa imagen inolvidable, suspendió una de sus vocaciones, la sacerdotal, pues el Papa, al no lograr con la reprimenda cambió alguno en Cardenal, le suspendió A Divinis, del ejercicio del sacerdocio. Recientemente, el Papa Francisco, en una carta el año pasado, restituyó A Divinis, a Ernesto Cardenal como sacerdote.
En los años 80’s fuera por admiración o por mera popularidad del que no recitó, al menos escuchó algunos de sus poemas, destacándose Oración por Marilyn: Señor recibe a esta muchacha conocida en toda la tierra con el nombre de Marilyn Monroe…
Poema a esa muchacha, que había sido un icono de su época. De alguna manera Ernesto Cardenal también lo fue. Así que vale pedir lo mismo: Señor, recibe a este joven rebelde conocido en la tierra como Ernesto Cardenal aunque ese no era su verdadero nombre, ya tú le tendrás uno nuevo y luminoso, si existes, estará contigo, ambos abrazados en la eternidad de las letras.

Más leídas