Equipaje

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MARIEN ARISTY CAPITÁN
m.capitan@hoy.com.do
La niña del metro
Cuando la tengo en mis brazos no puedo evitar sentir la tentación de abrazarla con fuerza. Me contengo. Es frágil, pequeña. Pero me mira. Sus ojos, brillantes, se fijan en los míos y, mientras me sonríe, la tibieza de su cuerpo calienta toda mi alma.

Nuestro baile es perfecto. Ella habla, en su idioma, y me cuenta algunas cosas que algún día entenderé. Por el momento, sin embargo, debo conformarme con aprender a descifrar cada llanto, cada sonrisa, cada gesto con el que busca comunicarse con nosotros.

Ella apenas tiene tres meses de edad. Los cumplió el domingo. Pese a ello, y la tierna inocencia que le acompaña, mi sobrinita ya tiene en sus hombros el peso de una deuda. Cuando la miro, y pienso en ello, me preguntó cómo hemos llegado a ser tan injustos.

Yo quisiera explicarle mil cosas. Pero no puedo. Sé que, aunque pudiera hablar, no me entendería. ¿Cómo explicarle a Pilar Marie que, aunque apenas comienza a vivir, tendrá que pagar por el metro, el Plan Renove, el PEME, los invernaderos, la quiebra de los bancos nacionales, los bonos soberanos, los certificados del Banco Central, el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, los financiamientos con el Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo (BID)…?

Son muchos los desaciertos por los que tendremos que pagar. Ella todavía no lo sabe pero, a pesar de que estudie lo que estudie o haga lo que haga, en su futuro hay una marca: como cada pequeño dominicano, tendrá que soportar unos impuestos que serán altos, altísimos, para poder cubrir todas las deudas que tenemos y seguimos acumulando.

Cuando la beba me pregunte al respecto, no me quedará más remedio que explicar que la ceguera del poder es igual que el amor: nunca muere, sólo cambia de casa. Siempre presente, no importa quién gobierne, los políticos de nuestro país se dejan seducir por el aura magnánima de una silla que a veces les queda demasiado grande.

Y mientras eso sucede, la Patria se queja porque nadie recuerda que es febrero y que hay una independencia, una nacionalidad y un país a los que tenemos que honrar. La gente piensa, o quiere pensar, que con colocar banderas sobre un asta es suficiente.

Pero no. Más que las palabras, las ceremonias o los discursos, la República Dominicana lo que requiere es de hombres y mujeres que trabajen por levantarla. También que velen por su seguridad y la de los suyos.

Tomando un ejemplo al azar, podemos mencionar al famoso metro de la ciudad. Hasta el momento nadie ha hablado de algún experto o institución que tenga que ver con el área de las excavaciones o los ferrocarriles que esté supervisando las obras.

Eso es bastante peligroso. Si tomamos en cuenta que en países tan civilizados como España ha habido caso de derrumbes, es de temer lo que puede suceder aquí. Basándonos en hechos concretos, vamos a hablar de algo que sucedió hace poco más de un año: el colapso de un túnel del metro de Barcelona el 27 de enero del 2005.

Tras este suceso, el director de la obra de la prolongación de la Línea 5 del Metro de Barcelona, Javier Gete-Alonso, decía algo interesante: que se hicieron las pruebas geológicas necesarias para la realización de la obra y, por tanto, se determinó que ni existía ninguna falla. Por tanto, esa no era la causa del hundimiento del túnel.

Insistiendo en torno al tema, Gete-Alonso aseguró también que se estudiaron a fondo las características del terreno, que no se detectaron materiales o calidades diferentes a los previstos y que todo estaba «bajo la aprobación y el consentimiento de GISA (empresa pública que adjudicó las obras del metro)».

Sin embargo, para la Consellería de Política Territorial y Obras Públicas y la empresa GISA, sí existe una falla geológica que fue la responsable del hundimiento, los derrumbes y el desprendimiento de edificios de la zona.

¿Por qué decir esto? Porque si las obras de aquí no cuentan con los estudios y supervisión necesarias, será mucho lo que podríamos perder. Amén de edificios tan emblemáticos como el Teatro Nacional o la Secretaría de Educación, habrá quienes pierdan sus casas o negocios.

Hay que exigir que este asunto se haga con claridad. Si allá, donde todo suele salir bien hubo problemas, ¿qué no puede pasar aquí? La historia de las pruebas y estudio del terreno suena similar. Por tanto, busquemos al menos la asesoría de expertos que sepan cómo se construye un metro. Recordemos que aquí nunca lo hemos hecho.