¡Entren tó!

¡Entren tó!

COSETTE ALVAREZ
Si mucho me sacudió la noticia, más sacudida he quedado al constatar que nadie ha dicho nada sobre ella. ¿Cómo fue que el gobierno firmó un «convenio» mediante el cual los ciudadanos de veinticinco países pueden entrar aquí, ya no sólo sin ese documento consular que es la visa, sino también sin el documento fiscal que es la tarjeta de turismo? La verdad, no me imaginaba que la macroeconomía, la globalización, el neoliberalismo y demás nos habían puesto tan, pero tan bien, que no necesitamos todos esos dólares que dejaremos de recaudar. Eso, en términos de dinero.

Que, si nos vamos al plano de las relaciones bilaterales, éstas deben regirse por los términos de la reciprocidad, como lo estipula el Tratado de Viena al igual que otros acuerdos internacionales, las leyes de migración y todos los miles de páginas escritas y firmadas al respecto, siempre al final de actividades costosísimas. No sé si la noticia salió incompleta o si el convenio quedó apegado a la reciprocidad, es decir, si nosotros, los ciudadanos dominicanos también podemos entrar a esos países sin visa ni tarjeta de turismo. Pero, lo dudo, como dice la canción.

Entonces, estamos a nivel de que «entren tó», y que no salga nadie, si no es en yola. La verdad es que tenemos la suerte parida para que se nos humille, se nos veje.

Honestamente, habíamos creído que a estas alturas las recaudaciones consulares serían depositadas en su totalidad en el erario. Recordemos que fue el primer gobierno del PLD que estableció pagar sueldos a los cónsules y encargados consulares para que éstos, en vez de vivir y ahorrar de las recaudaciones, se mantuvieran y ahorraran de sus sueldos y remitieran al Tesoro Público el producto de su trabajo, de los servicios ofrecidos, honorarios incluidos. Pasaron esos cuatro años y nuestros cónsules y encargados consulares quedaron recibiendo sus dotaciones y embolsillándose, legalmente, los honorarios.

Es decir, lo que tienen que mandar es un por ciento al Tesoro, creo que el treinta y siete y medio, el costo de los sellos, libretas, tarjetas de turismo, formularios y demás documentos, que son centavos, y lo que se dice una limosna a la Secretaría de Estado de Relaciones Exteriores. Es cierto que tienen sus gastos de operación, pero ni así se justifica, pueden creérmelo.

Como he preguntado tantas veces, ¿se imaginan ustedes que el cónsul de los Estados Unidos pudiera disponer de la recaudación, siquiera de un día, de ese consulado? Si eso fuera una práctica lícita, entonces el director de Aduanas debería tener derecho al dinero que allí se recolecta, y el de Impuestos Internos también. El administrador de la Lotería podría adjudicarse el premio cada domingo, ¿verdad?

Estamos desacreditados en todas partes por la forma en que los cónsules y encargados consulares dominicanos disponen de las recaudaciones, y eso, que muchos no tienen idea de lo inconformes que son, al extremo de que algunos cobran por los servicios gratuitos por ley, aumentan las tarifas, y hasta se inventan pagos por servicios fuera de toda lógica, como aquella vez que un cónsul dominicano en Nueva York se tomó atribuciones de la migración estatal o federal, de la aeronáutica civil, así como de la Policía de ese Estado, al exigir que los hijos de dominicanos, menores de edad, que viajaran a nuestro país sin sus padres requerían de una carta que costaba cien dólares por cada menor. ¿Recuerdan eso?

Los hay insaciables. Tanto, que ni la chilata que el Estado les exige quieren mandar. Hubo una que estafó el Tesoro con medio millón de dólares en tarjetas de turismo. La cancelaron y no ha cejado en su intento de que la repongan, si no es que ya lo consiguió. No son pocos los que gastan en joyas de miles de dólares o euros, pieles auténticas, ropas de modistos, inversiones inmobiliarias, viajes a todo dar, lo que sea, menos mandar el pequeño por ciento que les pide un gobierno que debería tomarse la molestia de arquear esas cajas de vez en cuando y obligar a los cónsules y encargados consulares a entregar al erario el total de la recaudación, ya que reciben sus dotaciones que incluyen sueldo, gastos de representación por el mismo monto del sueldo, más un renglón para el alquiler de la vivienda.

Pensamos que esta vez, que el PLD llegó al poder con casi el sesenta por ciento de los votos válidos, cumpliría siquiera con una parte de sus promesas electorales, y cuando escuchamos el tema de la recaudación consular en el discurso de toma de posesión, fuimos tan ingenuos que llegamos a creer que no todo estaría perdido.

En cambio, al cabo de casi un año de gestión, lo que se nos ofrece es el desprendimiento de la porción de esos dólares que veníamos recibiendo desde nuestros consulados o desde nuestros aeropuertos que, muchos o poquitos, pensé que no nos sobraban, sino que por el contrario, no eran suficientes. Si a eso le sumamos que nuestras dificultades, por no llamarlas de otra manera, para conseguir visas a cualquiera de esos países no mejoran en nada, quisiera saber por qué usan la palabra convenio, cuando el tal documento no ha redundado en conveniencia alguna para nosotros.

Tampoco podemos ignorar el dejo de discriminación en ese convenio que no se sabe a quién terminó conviniendo. Por supuesto, Haití y Cuba quedaron fuera del mismo. Los ciudadanos de esos dos países, no solamente requieren de visa para visitarnos, sino que esas visas deben ser consultadas, vía telecopiadora (fax), con la Cancillería. A pesar de que está todo tan claro, no entiendo nada.

Me cuesta mucho asimilar que un gobierno dizque tan pendiente de los asuntos internacionales, esté manejando esas relaciones de una forma tan fulminante para nuestra identidad nacional, permitiendo a tanta gente entrar aquí sin la menor depuración y dejándonos prácticamente descalificados para «corresponder las visitas que nos dispensan». O sea, de acuerdo al mejor criterio de nuestro propio gobierno, somos hospitalarios aquí e indeseables en el resto del mundo. Si así es como «vamos p’alante», no quiero.