Entre todos

Entre todos

Falta por estudiar en qué oscuro recodo de la evolución se cambió la canción de protesta por el “dem bow” y la “música” de calle, precedida por aquellos frutos del estro del distinguido poeta conocido como: “El Cuco”.

Mi generación tenía el vigor y la disposición de terminar con la prisión política, renacer la democracia, acorralar el crimen de Estado, desaparecer la corrupción y el robo tanto en el sector privado como en el público.

Es difícil saber cuándo cambió el mundo, aquel donde había confraternidad, solidaridad, respeto. Ese mundo donde la delincuencia estaba acorralada y se podía caminar por las calles a cualquier hora sin temor a un asalto, un atraco, un secuestro.

Hoy vivimos la situación denunciada en la canción del grupo venezolano “Los Guaraguaos”: estamos prisioneros, carcelero, yo de estos torpes barrotes, tu del miedo.

Somos los ciudadanos del común a quienes nos mantienen tras los torpes barrotes de rejas, puertas automáticas, guardianes armados, mientras los delincuentes campean por su irrespeto y hacen todo lo que les viene en ganas sin que la sociedad: pueblo, gobierno y autoridades armadas, haya sido capaz de contener y minimizar los delincuentes.

Es bueno recordar que durante la Guerra de Abril de 1965 muchos soldados norteamericanos introdujeron, enseñaron y dejaron el vicio de fumar drogas que fue imitado por un creciente número de jóvenes dominicanos con los resultados que todos conocemos: robos, muertes, crímenes de todo tipo.

A una parte de la sociedad dominicana le mellaron la solidaridad, el respeto por los derechos de los demás; de ahí que miramos hacia el otro lado cuando los delincuentes actúan frente a nuestros ojos.

La lucha contra la delincuencia, el crimen y la corrupción es una responsabilidad colectiva que tenemos la obligación de ejercer, “aunque le pese al demonio y a toda su compañía”, como decía mi madre, Nieves Piñeyro de Gautreaux.

La falta de reacción justa, decente, legal, inteligente, ante crímenes horripilantes como los que ocurren ahora, uno, otro día y también al otro día, ensoberbece a los maleantes que hacen, deshacen, ponen y disponen a su antojo, a su libre albedrío. Nuestra respuesta es más rejas, más dispositivos electrónicos, dejarles la calle a los tígueres.

No hay lugar libre de delincuentes, no hay un lugar seguro. Averígüelo, en todas las familias hay por lo menos una víctima de por lo menos un atraco, un asalto ¿Y vamos a permitir que eso siga así, sin sanción, sin respuesta?

Lo último, lo más escandaloso ocurrió este martes: una niña fue asesinada por dos tipos, quienes le dispararon por la espalda, para robarle una computadora.

El comentario que vale no es: ¡ya nos jodimos¡ La recomendación justa es ¿cómo nos unimos para combatir el crimen?