Encuentran muertos  una mujer y su hijo

Encuentran muertos  una mujer y su hijo

POR FERNANDO QUIROZ
Una mujer y su hijo adolescente fueron hallados muertos ayer en sendas camas, en cuartos separados, en una casa que cuidaban en el sector San Gerónimo de esta capital, donde los bomberos acudieron por un llamado de fuego, aunque los cuerpos ni sus ropas presentaban quemaduras.

Dulce María Sena, de 47 años, y Luis Emilio, de 14, tenían su casa en el sector Pantoja, en Santo Domingo Oeste, pero desde hacía unos cinco años la señora laboraba en esa residencia.

La vivienda del hecho es propiedad, se dijo,  de una pareja de ancianos que vive en los Estados Unidos.

Alrededor de las 2:00 de la tarde, desde el segundo piso de una residencia cercana donde celebraban una boda, observaron que salía humo de la casa número 29, ubicada en la esquina que forman las calles Rafael Ramos y Miguel Duvergé, y decidieron llamar a los bomberos.

De inmediato, la casa, ampliamente protegida con verjas de hierro, fue rodeada por vecinos que se presentaron a percatarse de lo sucedido, y algunos de ellos pudieron entrar con los bomberos que rompieron la puerta para penetrar.

Sólo fue encontrada parcialmente quemada la cama donde estaba el adolescente, al igual que unos tenis debajo. El menor presentaba una ligera contusión en la frente y no tenía camisa.

La mujer llevaba faldas jeans y su blusa estaba por encima de los sujetadores. Se dijo que la mujer presentaba moratones en el cuello. En sus labios se observó sangre.

Muchos de los vecinos, incluido el periodista Marino Zapete, coincidieron en que en esa casa no se produjo fuego suficiente para provocar la muerte de las dos personas.

Otros llegaron a decir que momentos antes se había oído una discusión en el interior de la casa, y que no descartaban que se tratara de un crimen y simularan el incendio.

El teniente Sinencio Aquino, del Departamento Técnico de los Bomberos del Distrito Nacional, dijo que hasta ayer tarde no tenían indicios de las causas del incendio que afectó una de las camas de la casa. Una señora que no quiso identificarse expresó que la estufa estuvo encendida.

Al lugar se presentaron investigadores contra homicidios de la Policía, y el médico legista Rosario Gómez, quien dispuso que los cuerpos fueran llevados al Instituto de Patología Forense, tras declarar que no encontró rastros de sangre y que por el momento parecía asfixia por inhalación.

Aproximadamente una hora antes de lo sucedido, el adolescente fue visto tumbando mangos en una casa cercana. También había conversado por teléfono con su prima María Mancebo, quien llamó para enterarse cómo estaban pues no habían hablado desde la noche anterior cuando compartieron en un cumpleaños en Los Mina.

Se dijo que esa casa no era visitada con frecuencia. Aunque entre comentarios hechos en grupos de personas que se apartaban se escuchaba que debía ser investigado un supuesto compañero sentimental de la mujer. La señora, manifestaron algunas vecinas, rara vez salía. A veces iba al colmado e intercambiaba saludos.

EL LLANTO 

Desde el interior de la casa se escuchaba el llanto de la joven Yervi Sena, hija y hermana de las personas muertas, mientras levantaban los cadáveres. Ella es el único miembro directo de la familia, pues otro hijo de la señora Sena fue muerto por un «guachimán».

Próximo a las 6:00 de la tarde, los cadáveres fueron trasladados en ataúdes a Patología Forense, en una ambulancia con la inscripción Funeraria San Juan, a la que quería aferrarse llorando la joven Yervi Sena.

Los familiares se preparaban para el velatorio en la calle Esfuerzo, de Pantoja.

«Eso no fue incendio, esos fueron estrangulados», dijo indignado José Manuel Reyes, un cuñado.  En la parte frontal de la casa fue sacada la cama parcialmente quemada. Su madera y alambres aún despedían el vapor de chamuscado.