En estado de negación

En estado de negación

Cuando un conductor de camiones pesados encuentra pavimentos resbaladizos debe tener mucho cuidado de no dejarse llevar por el temor a sufrir un accidente. Lo más recomendable es tratar de controlar el vehículo con ligeros movimientos del timón hasta salir de la zona peligrosa.

Por el contrario, lo peor que un chofer pudiera hacer en esos momentos difíciles en que el camión patina sin control, es tascar el freno. Con solo tocar ese pedal, el vehículo empezaría a girar sobre si mismo hasta que el desastre total lo detenga.

El ejemplo viene a colación ahora que el gobierno del doctor Leonel Fernández sufre a diario los embates de reclamos sociales por todo el territorio nacional. Nadie puede poner en duda que los movimientos de protesta se han multiplicado en los últimos tiempos fruto de la negligencia de los administradores del Estado. Todo ocurre porque mientras la población apenas pide obras pequeñas de bajo presupuesto, el mesianismo responde despilfarrando miles de millones de pesos en una administración publica que no podría ser más ineficiente. Peor aun, siguen endeudando al país como si quisieran dejar para las generaciones futuras el pago de todos sus desmanes corruptos. Siguiendo el ejemplo del camionero experimentado, Interior y Policía y la Presidencia de la República debieron haber empezado a escuchar a la gente y tener respuestas a mano para que no tuvieran que pisar el pedal del freno, como están haciendo ahora, acelerando el desastre.

Pero estos gobiernistas no son gente de escuchar razones. Se han enclaustrado en un estado de negación enfermizo culpando por la inestabilidad social a todo el mundo menos a ellos mismos, los verdaderos responsables del deterioro social. Si se les ocurriera visitar al psiquiatra, de seguro que les diagnosticarían algún tipo de fobia aguda o síndrome paranoico. Ese delirio de persecución que los embarga, junto con la arrogancia de nuevos ricos en que se han convertido, los hace difícilmente digeribles.

La inseguridad que siente la ciudadanía debía ser una señal de alarma indicadora. El malestar popular ha venido aumentando rápidamente hasta el punto de que en este ano 2009 ha tenido lugar más de una protesta por día. Mas ciudadanos dominicanos mueren o están siendo lastimados por terceros que soldados en cualquier guerra que se este desarrollando ahora en alguna parte del mundo. De ahí que el clima de inseguridad se haya deteriorado hasta límites insoportables. Pero el gobierno insiste en manipular las informaciones y pregonar en los medios de comunicación que los barrios dominicanos están seguros.

Las respuestas que han provenido desde el Poder Ejecutivo a las movilizaciones en diversos pueblos del país han sido brutales. Un coronel policial tuvo la osadía de asociar los reclamos populares con una “guerrilla urbana”. Tan ridículo sonó que recordó los tiempos de J. Edgar Hoover quien se jactaba al asegurar que Martin Luther King nunca podría realizar una manifestación pacifica mientras el fuera Director del FBI. Porque el FBI se encargaría de aportar la violencia para desacreditar los reclamos de integración social en Estados Unidos. Hoover apelaba entonces a inocular el miedo en la ciudadanía, un instrumento complejo utilizado a menudo por los que detentan el poder para frenar los movimientos sociales.

Vivimos en una sociedad que se deteriora a saltos. Donde los políticos se enriquecen a costa del erario y exhiben sin rubor su delito de malversación. Tienen la impunidad garantizada. La pobreza ciudadana aumenta mientras los funcionarios son cada días más ricos. La delincuencia aumenta a todos los niveles, desde la del ratero que arrebata teléfonos celulares en la vía pública, hasta la del ministro que alega olvidar centenares de millones de pesos en la declaración de su patrimonio personal o la del oficial superior de la Marina que contrabandea mercancías a discreción o sirve como sicario al narcotráfico.

No podemos cansarnos de exigir al gobierno que sea mínimamente eficiente para defender los espacios de libertad ciudadana sin que se ignoren los derechos individuales. Pero mientras sigan tascando el freno sobre un pavimento resbaloso en vez de timonear con cuidado, la situación va a empeorar y podrían ocurrir, a corto plazo,  hechos que nadie quisiera que tuvieran lugar en este país.