En el torbellino de
heroicidades e impuestos

En el torbellino de <BR>heroicidades e impuestos

Los meses de abril, mayo y junio de la segunda mitad del siglo XX son de trascendental significación para los dominicanos, por los significativos hechos que se registran en ese específico calendario, que le han dado forma a lo que es el discurrir de la vida criolla de los pasados 50 años.

Ya en la segunda década del siglo XXI, las celebraciones que concurren en los meses citados, las actuales autoridades han aprovechado para reconocer a los héroes, pero al mismo tiempo denigrar la trayectoria de un político que recibió al país inmerso en las discordias de una contienda bélica. Luego ese político, en 1996 tomó la decisión de ignorar a políticos de su partido para traspasarle el poder a un líder emergente, que en la fiebre de las celebraciones de este año rinde su beneplácito a una acción de militantes historiadores, hambrientos de protagonismo, que en un proyecto de manipulación histórica en evolución, querrán obligar a las generaciones actuales y futuras a que muchas cosas, que leíamos o vivimos, eran mentiras y falsas percepciones de nuestros sentidos.

Los acontecimientos de las últimas semanas, con el 50 aniversario de la muerte del tirano, el 52 aniversario de las gestas de Constanza, Estero Hondo y Maimón así como la de Luperón, nos han abrumado con una serie de reportajes, entrevistas, homenajes, exhibiciones y la inauguración de un Museo de la Resistencia. Se pretende hacemos olvidar las angustias de una delicada situación económica, a lo que se le ha agregado el embate de la naturaleza, que al igual que en Colombia, Brasil y otros países, con el notable volumen de agua derramada, han llevado la zozobra a diversas zonas del país.

Abril de 1965, mayo de 1961, junio del 1947 y del 1959 encierran el sacrificio de centenares de jóvenes, que envueltos en grandes ideales, ofrendaron sus vidas con la convicción que era para la mejoría de sus compatriotas e iniciar un proceso democrático por el cual soñaron, pero lo vieron interrumpidos en un rincón de una montaña, o playa de Dominicana o en las cámaras de torturas de las cárceles de la dictadura.

Estamos convertidos en protagonistas de una sutil y hábil manipulación de los hechos, con demasiada gente metiendo sus intereses, unos para limpiarse de sus arrastres de la dictadura, otros para ubicarse en sitios y reconocimientos que no les corresponde; luego escritores y apologistas hacen valer sus convicciones compradas, de que sus benefactores deben ubicarse como próceres de la Patria, o recibir una condecoración o una placa gigante de manos de las autoridades de turno.

Pero al tiempo que el país está envuelto en la euforia patriótica de los acontecimientos de hace 50 años, el gobierno, desesperado, ante su desordenado manejo de la administración presupuestaria, por el exceso de la nómina y un drenaje de dinero que se convierte en la aparición de restaurantes de lujo en la capital o en los resorts, anuncia una tanda de impuestos para equilibrar el presupuesto, que por su excesivo déficit, y para firmar un nuevo acuerdo, el FMI, al igual que en Grecia, nos lleva al borde de una desesperación popular para que el ¡Indignados! forme parte, al igual que en Europa, del sentir nacional en contra de los políticos y sus desaciertos como gobernantes y su exagerado peculado.