En el palacio

En el palacio

POR MANUEL JIMÉNEZ
Al asumir el nuevo gobierno en agosto del año 2004, una de las cosas que las autoridades entrantes tenían clara era que había que definir una política de comunicación a través de la cual la población estuviese plenamente al tanto de las iniciativas que se irían tomando en el sector público para mejorar su calidad de vida.

Recuerdo que se integró un gabinete de comunicación en el que no solamente estaban involucrados periodistas con posiciones públicas, sino asesores externos de bien reconocida trayectoria en los medios de comunicación.

Fue de esta manera que se concibió que en adición a un Director de Prensa de la Presidencia, existiese con despacho en el Palacio Nacional un Portavoz Gubernamental y se dejara vigente el Centro de Información Gubernamental. Otros periodistas y comentaristas de televisión se integraron a este equipo y hubo viajes al exterior, especialmente a Chile, para familiarizarse con el ejercicio que en este campo tenía en ese entonces el gobierno de Lagos.

Las experiencias fueron analizadas y se estudiaron las formas de implementar en el plano local lo que se conoció de estos viajes, pero también fórmulas recomendadas por expertos extranjeros.

En principio, este equipo fue dinámico, pues se pautaban reuniones semanales, se estudiaban los puntos que en términos de comunicación se entendían flojos y se discutían alternativas. Rafael Núñez, Director de Prensa y Roberto Rodríguez Marchena, para entonces Portavoz Gubernamental, mantuvieron siempre una activa presencia en los medios de comunicación, unas veces para dar respuesta a críticas de la oposición y otras para exponer y defender las políticas públicas, haciendo énfasis en los logros en materia económica y social. Pero de un tiempo a esta parte se percibe que toda esta responsabilidad compartida ha quedado sobre los hombros de Rafael Núñez, y en honor a la verdad hace mucho tiempo que no oigo hablar de Gabinete de Comunicación. A  Núñez no se le puede regatear que ha hecho una buena labor como Director de Prensa. Es un funcionario que está siempre accesible, las informaciones relativas a los actos y acciones del Poder Ejecutivo llegan a los medios y el personal bajo su dirección es laborioso, entregado y competente. Pero una política de comunicación no descansa tan soólo en estos aspectos. Se imponen más involucramientos y responsabilidades compartidas.

 Es obvio que el gobierno tiene problemas en esta etapa inicial de la contienda con miras a las elecciones del 16 de mayo del 2008, y gran parte de éstos están centrados en una percepción negativa que cada vez una mayor parte de la población tiene del ejercicio gubernamental. Existe una parte de la población que no esta convencida de que el país ha superado los fatales efectos de la crisis generada en el gobierno de Hipólito Mejía y el PRD. En cambio, ha asimilado el discurso de la oposición, mejor dicho del Partido Revolucionario Dominicano, de que estamos peor. Los ejemplos sobran y a veces se es testigo de los casos más sui-generi. En estos días, en el marco de un ambiente festivo, conversaba con un amigo profesional que labora como empleado en una empresa privada. Se quejaba de dos cosas: de los impuestos y del Metro. Para ilustrarme de qué tanto le había afectado la política impositiva del gobierno se tocaba varias veces con fuerza el bolsillo derecho. ¿Qué tu pagas de impuestos?, se me ocurrió preguntarle, pero en realidad no supo qué responder porque no es dueño de empresa, no realiza ninguna otra actividad adicional que obligue al uso del Comprobante Fiscal y de su sueldo como empleado privado, el descuento que se le hace por el lado de la Renta es muy mínimo, según reconoció.

El pudo bien responderme que se sentía afectado por los impuestos indirectos, el ITBIS, etc, pero esos detalles los olvidó o no los toma en cuenta, lo que evidencia que no hacía más que repetir el discurso de la oposición sin estar consciente de lo que se queja.

Como no pudo seguir con el tema de los impuestos, le echó manos al Metro y me dijo que nos llevaríamos la gloria de construir el sistema de tranvía “más caro del mundo”. Ese profesional ignora que el gobierno ha dicho que es todo lo contrario, que será el Metro más barato del mundo, que su costo estimado por kilómetro es de US$35 millones y que al final la inversión total será de US$650 millones, tres veces más bajo que el costo que tuvo el de Puerto Rico. Pero más aún, que esa inversión no está teniendo ningún efecto negativo sobre el desempeño macroeconómico. Entonces, hay un problema de efectividad en la comunicación que no es responsabilidad sólo de un área, sino del gobierno en su conjunto.