El transporte y los Amet

El transporte y los Amet

Conducir en Santo Domingo se ha convertido en una verdadera odisea, a pesar de la modernización del transporte de que orgullosamente hablan las autoridades gubernamentales. Nunca antes se había gastado tanto dinero para un desorden tan grande en el tránsito.

En todos los países del mundo el tráfico es operado a través del sistema de semáforos, pero aquí se ha llegado a lo indecible de sustituir hasta los semáforos inteligentes por agentes de la policía de Amet. De ahí los prolongados entaponamientos en calles y avenidas y su consecuente costa en consumo de combustibles y molestias.

Los agentes de Amet podrían ofrecer un eficiente servicio en los corredores y en las paradas pero entonces su trabajo no sería tan visible y se les coloca en las intersecciones para dar la impresión de que están trabajando, aunque su trabajo entorpezca el tránsito.

Por el otro lado, con la gran cantidad de dinero que ha gastado esta administración es para que el tráfico sea más fluido por calles y avenidas, pero todos saben que en la capital no se puede conducir, no solo por las voladoras que transitan como dueñas y señoras de las calles, sino porque no hay orden. Los vehículos públicos como en sus mejores tiempos, se detienen donde les venga en ganas a coger y dejar pasajeros, sin que nadie intervenga. Resulta que los agentes están más concentrados en las intersecciones, porque así la gente pueden verlos que es a fin de cuentas lo que interesa.

Lo que se da con el transporte responde a la mentalidad irracional de este gobierno, gastan en semáforos para no usarlos y entonces se vale de unos agentes que solo tienen buenas intenciones. Tan poco se puede pasar por alto las compras grado a grado que se ha hecho de las guaguas adquiridas por el gobierno para servir el transporte de pasajeros. No hay la suficiente transparencia en la inversión que se ha hecho en la adquisición de los vehículos con Brasil.

La vida política dominicana está exigiendo una fuerte dosis de honestidad, una barrida a los corruptos de toda la sociedad, sean del sector privado o de la administración pública.